Y en eso llegó Fidel

Conocer a Fidel, su altura y talla histórica en una crónica tan íntima como colectiva. El valor de una Revolución en una persona.

llegó Fidel

Cuando una brasileña de veinte años compromete su militancia en el movimiento de solidaridad con Cuba, pronto comprende que la solidaridad, de verdad, es la del pueblo cubano con una. Lo primero que los cubanos te regalan es el valor del internacionalismo.

Conocer Cuba, despertar para la Revolución y saberse Latinoamericana, lleva la vida propia a una causa mayor. Ya no se camina solo por un continente, en la oscuridad la isla es faro. Una Revolución socialista de liberación nacional, como aprendí el proceso cubano con mi amigo Fernando Heredia, es un proceso de cambios en la sociedad y en las personas.

Y en eso llegó Fidel

Fue más o menos así…

El año era 2005. Estaba previsto celebrar el Encuentro Contra el Terrorismo por la Verdad y la Justicia en La Habana.

Eran tiempos de tensión. Cuba sentía la presión tras los fusilamientos de 2003, lo que hizo que, por ejemplo, el escritor Jose Saramago se manifestase públicamente: »he llegado hasta aquí. A partir de ahora, Cuba seguirá su propio camino, y yo me quedaré donde estoy»(2003). Y en Cuba nadie dejó de leer a Saramago. Para mi, en donde estaba, el camino se despejó para caminar con Cuba.

Era mi tercera visita a isla, esta vez como parte de la delegación brasileña convocada para la reunión que se había ampliado debido a las amenazas que Cuba sufría.

Mientras el mundo arrojaba sospechas sobre la justicia en Cuba, la Revolución cubana movilizaba sus escasos recursos para ofrecer una reunión dedicada a reunir las piezas y quitar vendas sobre la Operación Cóndor en los setenta. Propiciando verdad y justicia fundamentales para los latinoamericanos que luchan.

El Palacio de la Convención de La Habana recibió a los testigos y herederos de esta historia. Cuando el Comandante entra en el salón de plenos, todos los participantes ocupan sus puestos y comienzan las secciones.

Escuché con atención, tomé notas, leí mucho. Los comandantes que conocía por los libros se hicieron presentes, como Schafik Handal, que falleció luego en 2006. Recibí como propias esas historias de un tiempo que no viví. Fue mi oportunidad de escuchar las intervenciones de Fidel como si fuera un viejo conocido. Admiraba su agilidad con los cálculos y trataba de retener en la retina la ternura y la firmeza en su forma de comunicarse.

Han pasado más de quince años y hasta hoy me reto a entender todo lo que aprendí en aquellos días. Hasta ahí sería una gran experiencia para un joven militante, pero sucede que en Cuba, se comprende que la verdad y la justicia son para quien merece amor.

El último día habría un concierto de Beth Carvalho y Silvio Rodríguez, entre otros artistas, en el teatro Karl Marx en honor a Víctor Jara.

En uno de los intervalos estuve cerca de la tribuna para recoger las invitaciones de la delegación brasileña. Fue entonces cuando sentí un movimiento diferente y lo siguiente que percibí fue que algo verde oliva se acercaba, grande, imponente, tan vivo y tan mágico. Sí, lo conocí con el uniforme verde oliva!

Lo primero que me llamó la atención fueron sus grandes manos que después encontré eternas en el cuadro de Guayasamín. Al posar mis ojos en esas manos mi mirada vio fusil, habanos, libros, bates de béisbol, justicia, trabajo y libertad. Era él, el Comandante estaba frente a mí.

Me temblaban las piernas, sólo podía mirarle y sonreír. Pronto se formó un círculo de compañeros y guardias de seguridad a nuestro alrededor. Se dirigió a todos preguntando si habíamos tomado café, jugo de naranja. Cosas que preguntan las personas que se preocupan por los demás.

En algún momento nuestras miradas se cruzaron y se me escapó todo lo que me pasé la vida ensayando frente al espejo para decirle. Entonces me dijo: «que sonrisa más linda tenés«; Y yo: «Comandante, tenés mi amor incondicional«. Este diálogo mío de tres segundos con Fidel me hizo sentir más especial que las cien horas con Ramonet.

Entre suspiros del entorno quise mostrarme como una militante disciplinada y como muestra de tarea cumplida le entregué el material del 13o Convención Nacional de Solidaridad con Cuba y Encuentro por una América Libre que junto con la Asociación Nuestra América y el recién creado Movimiento Paulista de Solidaridad con Cuba habíamos realizado con tanta dedicación en São Paulo, Brasil en las semanas anteriores.

Podría haber dicho tantas cosas, pero sólo salió lo esencial: ¡que mi amor por ti es incondicional! Creo que nunca le dije eso a nadie!

Todos volvieron a sus asientos, era el momento de empezar la última sesión en la que estaba previsto que hablara Fidel.

Y como ya no sabía cómo iba a seguir mi vida después de ese encuentro, decidí decirle que le había traído un regalo de Brasil que quería darle.

Para mi sorpresa, la reacción del comandante fue explicarme que en ese momento debíamos volver al trabajo, y que me encontraría con él al final al lado de la tribuna.

Y así fue como me acerqué a él con la caja amarilla de bombones Garoto. En algún momento supe que era su chocolate favorito.

El chocolate Garoto es un símbolo de Brasil. Un amigo me dijo que había escuchado de Frei Betto que Fidel recibía chocolates de todo el mundo, pero su favorito era el chocolate Garoto, esos de frutas que siempre quedan en el fondo de la caja. Hay que decir que Garoto ha sido comprado por una multinacional y ha reducido la calidad de su chocolate para romper la competencia.

Me preguntó: «¿Cómo lo has sabido?» Le contesté: «Comandante, lo sé todo sobre ti«. Los guardias de seguridad se llevaron la caja y pude darle un abrazo.

¿A quién he conocido? Encontré un hombre vivo en un pueblo y una Revolución viva en un hombre.

Un tiempo después Fidel tropezó en un evento en el memorial del Che en Santa Clara, se lastimó la rodilla y desde entonces su salud nunca fue la misma. Decían que nunca se recuperó de una historia de amor no correspondido.

Con más o menos fantasía… ¿Quién no tiene una historia de amor con Fidel?

Soy militante de Consulta Popular, organización brasileña que reivindica su filiación teórica e ideológica en el lecho histórico latinoamericano inaugurado en la Revolución cubana. Trabajo en el Instituto Tricontinental de Investigación Social con eje en la liberación nacional. Mi tema de investigación tuvo la presencia de Fidel, mis mejores energías están en la organización popular y en la formación política junto a los movimientos populares. Y la verdad esta es mi declaración diaria de amor al Comandante y al pueblo cubano.

Desde la primera vez que fui a Cuba, en 2001, celebramos el 13 de agosto en casa con torta y feliz cumple. Este 13 de agosto me gustaría escribirle una carta diciendo lo complicado que es el mundo sin él.

En los últimos años hasta 2016 estuvo muy activo y lúcido. Escribió una serie de textos sobre el medio ambiente como para prepararnos para esta faceta de la crisis capitalista. Nuestra querida Cuba estuvo preparada para reaccionar ante la pandemia y dio una vez más un ejemplo de internacionalismo y solidaridad.

Sigo tratando de ser disciplinada en la lucha y apasionada siempre. Encontrando a Fidel en los ojos de los compañeros y compañeras de toda América Latina. Si usted se ha detenido a leer un fragmento de una compa desconocida que conoció al Comandante, seguro que usted también conoce a Fidel.

Viva el pueblo cubano! Gracias, Comandante!
Venceremos!


 

+ posts