El escenario electoral y la propuesta de Lula
En la recta final para las elecciones presidenciales en Brasil, el Partido de los Trabajadores (PT) ha desplegado su aparato político en las calles de diversas ciudades para impulsar la candidatura de Luiz Inácio Lula da Silva, en medio de una visible movilización popular. En este proceso, Lula busca alcanzar su cuarto mandato presidencial en un contexto regional complejo, atravesado por antecedentes de injerencia promovidos por el gobierno de Estados Unidos como hemos podido ver en la antesala de comicios en países como Colombia, Honduras y en las elecciones legislativas de Argentina en el 2024.
En diálogo sobre la coyuntura política continental, Valter Pomar remarcó a ARG medios que las tensiones de la contienda y el papel que juega la extrema derecha en el proceso electoral brasileño. Al analizar las perspectivas de la votación, Pomar advirtió que la estrategia de la derecha apunta a viabilizar una contienda en dos turnos, en la cual, de imponerse Lula en el balotaje, el margen de victoria resultaría sumamente estrecho.
En este sentido, explicó que de las doce candidaturas presidenciales en disputa, cuatro son de izquierda y ocho de derecha, cuatro opciones del campo progresista tienen un carácter testimonial que quiebra el esquema de unidad necesario para respaldar la candidatura de Lula, en ese sentido expresó: “¿Qué significa? en el segundo turno existe una masa de electores que va a transferir los votos para Bolsonaro, hay una preocupación muy grande porque Lula va a buscar los votos necesarios para vencer ¿De dónde vienen esos votos? Lo que nosotros sabemos es que vienen de los trabajadores pobres, aquellos que perciben solo dos salarios mínimos, de la población negra, de mujeres y principalmente del nordeste brasilero.”
Frente a este escenario, hay un 25% de votantes que optaron por el voto en blanco o nulo. Esto podría ser un punto de quiebre para el balotaje puesto que esos votos se sumarían al que saque más puntos, por eso esta última semana de campaña es fundamental el “puerta a puerta para discutir ideas” expresó el dirigente del Movimiento sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stédile en la plenaria de movilización que se llevó a cabo el martes pasado en el centro Cultural Elza Soares, ubicado en San Pablo, donde participaron Fernando Haddad, candidato a gobernador y Geraldo José Rodrigues de Alckmin vicepresidente de Brasil.
Las elecciones de Brasil se dan en un contexto de fuerte polarización política y fragmentación social. El proyecto de Lula busca ampliar los derechos a la población, reconstruir desde la clase trabajadora. Por otra parte, Flavio Bolsonaro Pomar manifestó una profunda preocupación por el escenario posterior a los comicios, alertando sobre la continuidad de la injerencia estadounidense y la negativa de la extrema derecha a reconocer los resultados. Frente a eventuales embates desestabilizadores, enfatizó que no existe margen para acuerdos de pacificación con sectores golpistas, sino que resultará indispensable “doblar la apuesta” y fortalecer la movilización. De igual modo, remarcó que el desenlace brasileño compromete la estrategia general de la izquierda latinoamericana en países como Venezuela, Cuba, Ecuador y Uruguay, bajo la premisa de que la construcción de la unidad es mucho más favorable en un escenario de victoria que de derrota
Las tres apuestas estratégicas del bolsonarismo
Por su parte, el historiador y analista Valerio Arcary caracterizó al bolsonarismo como una corriente que abraza un proyecto político con tres apuestas estratégicas. En primer lugar el alineamiento internacional con la ultraderecha, Flavio Bolsonaro expresó en varias oportunidades un acoplamiento incondicional con sectores de la extrema derecha mundial, particularmente con Donald Trump y Estados Unidos, promoviendo un modelo de capitalismo periférico donde el Estado deja de actuar como un agente de desarrollo económico. El segundo elemento es la derrota histórica de la clase trabajadora, el objetivo explícito de la extrema derecha es revertir la relación de fuerzas sociales y la narrativa de lucha construida por los movimientos populares desde finales de la década de 1970 y durante los años ochenta en Brasil, período en cual la izquierda tuvo un rol fundamental en el continente. El bolsonarismo pretende a través de diferentes maniobras basadas en la profundización de la arquitectura financiera de un modelo capitalista dominar y aplicar el poder. Por último y en tercer lugar el riesgo de cierre institucional, esto significa la concepción de que el régimen democrático liberal posdictadura es una excepcionalidad, por lo que un triunfo de la ultraderecha plantea la posibilidad real de un cierre del régimen e institucionalidad del país. En este sentido Arcary expresó: no sabemos qué va a pasar el domingo con exactitud pero podemos prever que las elecciones tienen una posibilidad real de un cierre de régimen, ellos quieren dominar la institucionalidad brasileña. En 2019 la mayoría de los monopolios y el promedio de la burguesía apoyó y apoya a estos grupos que estuvieron interactuando en la transición y que permitió este intervalo de persecución del régimen democratico liberal.”
En esa misma línea, Arcary detalló que el contexto atravesado por disputas en el Poder Judicial, como los recientes choques institucionales en torno al Supremo Tribunal Federal y el ministro Alexandre de Moraes y una severa crisis económica que afecta a cerca de 49 millones de trabajadores que ganan hasta dos salarios mínimos permite esta fisura de pobres contra pobres lo que debilitaría la posibilidad de un ascenso de la izquierda. Frente a la hegemonía económica y mediática del bloque conservador, Arcary destacó la capacidad de Lula para aglutinar alianzas sociales y articular candidaturas junto al Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y otros colectivos. No obstante, precisó que la contienda política no se resuelve únicamente en el terreno digital, sino que exige afianzar el diálogo con el pueblo trabajador en la calle y el trabajo territorial directo con las capas populares. En palabras del historiador, el miedo y el odio sembrados en la sociedad brasileña solo se combaten mediante la organización y la lucha de fuerzas populares.










