Nota publicada originalmente en el portal Sur Arriba.
A fines de noviembre y en la primera semana de diciembre varias tormentas eléctricas con pocas precipitaciones afectaron a la zona de Esquel, Trevelin y el Parque Nacional Los Alerces. Como en los valles de Cholila en 2015 y en la zona del Lago Steffen en el Parque Nacional Nahuel Huapi (que comenzó a quemar en diciembre de 2024 y se extendió hasta febrero de 2025), se desarrollaron incendios en densos valles de bosques nativos, zonas de difícil acceso y mucho material inflamable, producto de inviernos con pocas nevadas y veranos con sequías extremas. A estas alturas, en pleno verano, la esperanza de las lluvias que contengan el avance de los fuegos se mezcla con la certeza de que sólo las lluvias del otoño los extinguirán definitivamente.
Posteriormente a la detección del foco en Los Alerces este diciembre -pese a los grandes esfuerzos de brigadistas y los pocos recursos asignados al Sistema Nacional de Manejo del Fuego-, tras una semana continua de temperaturas máximas de 35° y con la llegada de viento, el incendio “explotó” tomando una enorme magnitud. Saltó la faja preparada para su combate y pasó de una costa a otra del Lago Menéndez, avanzando por el sector de la pasarela del Río Arrayanes y ambas caras del Lago Verde hasta alcanzar el Lago Rivadavia. Un avance de unos 15 kilómetros entre el lunes 5 y el martes 6 de enero, que dejó algunas zonas sin quemar y también otras completamente carbonizadas.

A partir de entonces, el fuego avanza con comportamiento errático por distintos valles del Parque Nacional, generando constantemente nuevos focos y quemando en varias direcciones. En el sector Norte, el acceso desde Cholila se encuentra cerrado y los trabajos se concentraron en evitar el avance del fuego hacia la población de Villa Lago Rivadavia. Los focos ya atravesaron los límites del Parque Nacional e ingresaron en jurisdicción de la Provincia del Chubut.

Siguiendo de norte a sur, un importante foco avanzó hacia las nacientes del Arroyo Colehual, el cual desemboca en el Río Rivadavia, hasta unirse con territorios ya quemados en el incendio “El Centinela” hace dos veranos. Estas zonas, fuertemente afectadas, son parte de los territorios de familias pobladoras que habitan la región desde antes de la creación del parque nacional, como las familias Alarcón y Coronado. Sus casas fueron salvadas por brigadistas, pero quedaron rodeados por el fuego y aún hoy continúan apagando tocones y troncos que siguen prendidos tras una semana del paso del fuego principal. Además de la pérdida de animales, corrales y mangas, visualizan una difícil situación para los años venideros por la afectación de los sectores de veranada e invernada.

El sector que hoy genera mayor preocupación está en el corazón del Parque. Siguen reactivándose focos en Lago Verde y todo el Cerro Riscoso: en su ladera sur se concentran los esfuerzos dado que tras su paso por la zona del Río Arrayanes llegó al Lago Futalaufquen en las zonas de Playa el Francés y Cume-Hué. Tras pasar estos días por Punta Mattos, el fuego avanza hacia la zona de Quebrada del León y Bahía Rosales, lugares reconocidos por los campings y zonas de cabañas turísticas.

En la zona intangible del parque, dos focos avanzan en dirección contraria a los vientos principales oeste-este, pero favorecidos por las pendientes y los vientos propios del incendio. Del lado opuesto a la Ruta 71 en el Lago Rivadavia, un foco crece en dirección al margen Este del Lago Menéndez. También avanza hacia el oeste por el valle del arroyo Techado Blanco, desde la zona del desemboque del Río Arrayanes en el Lago Futalaufquen en dirección al Lago Stange, éste último ubicado al fondo del valle del Lago Krügger.

En la Planta Educativa del Futalaufquen están parando gran parte de los y las brigadistas. Como en años anteriores, voluntarios y voluntarias los asisten a medida que van retornando de las distintas tareas de combate del incendio. Limpian las fosas nasales, los ojos y las ampollas mientras les brindan palanganas de agua con sal para los pies. También hay kinesiólogos guiando a las personas voluntarias para la realización de masajes y recuperación muscular. Brigadistas comentan que es como un service reparador: después del paso por la carpa pueden descansar mucho mejor y enfrentar las siguientes jornadas de trabajo, que más allá del fuego implican caminatas por zonas de mucha pendiente con cargas pesadas.

De Bahía Rosales hacia el sur siguen habilitados los servicios del Parque Nacional: prestadores turísticos, algunos pobladores que han reconvertido sus actividades productivas al turismo, y laburantes que dependen de la temporada siguen trabajando con la angustia de que esto va a durar bastante y se ha vuelto los últimos años, una constante de cada verano.
El cambio climático genera sequías más extremas por la falta de nevadas en invierno, a lo que se suman cada vez más recurrentes e intensas tormentas eléctricas principalmente en verano, pero ya también en primavera y otoño. El fuego ya no es excepcional en los bosques andino-patagónicos y obliga a repensar cómo se lo maneja durante todo el año, más allá del combate contra los focos que, generados por causas múltiples, toman dimensiones incontrolables.














