
La victoria de Lula en Brasil todavía resuena en la región. Después de una elección que logró dar vuelta un resultado adverso, la pregunta sobre cómo se construyó ese triunfo empezó a recorrer a las organizaciones populares y a las fuerzas políticas que buscan disputar el rumbo de América Latina. ¿Qué papel tuvo la militancia? ¿Cuánto pesaron las redes sociales? ¿Qué se puede recuperar de esa experiencia en una Argentina gobernada por Javier Milei?
Esas fueron algunas de las preguntas que atravesaron la charla organizada por Patria y Futuro en Esquina América, en La Plata. El encuentro reunió a Carlos Bianco, ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires; Renata Codas, co-coordinadora del Núcleo PT Argentina; José Campagnoli, referente nacional de Patria y Futuro; y Cintia Mansilla, secretaria de Unidad de Hábitat de la Municipalidad de La Plata. Más que una exposición de conclusiones, fue una conversación entre militantes y referentes que permitió poner en común distintas lecturas sobre Brasil, el escenario internacional y los desafíos que tiene por delante la política argentina.
Uno de los planteos más interesantes llegó de la mano de Bianco, que llamó a no fetichizar las herramientas de campaña. En los últimos meses, el trabajo del diputado brasileño André Janones y su grupo de WhatsApp se convirtió en una de las explicaciones más repetidas sobre la victoria de Lula. Pero, para el ministro bonaerense, reducir una elección a una aplicación o a una estrategia digital es perder de vista lo central. También recordó el Clio que acompañó la campaña de Axel Kicillof y el uso de los algoritmos durante el macrismo, con Marcos Peña. Las herramientas cambian, pero ninguna reemplaza la tarea de convocar a la militancia, construir un candidato y generar esperanza en la sociedad. Al final, la discusión pasa por convencer al pueblo para que elija una propuesta política.
Desde el Núcleo PT Argentina, Renata Codas recuperó el trabajo de organización de la comunidad brasileña migrante y sostuvo que la victoria de Lula fue compartida, no solamente por quienes viven fuera de Brasil, sino también porque representó un triunfo frente a la ultraderecha. En ese proceso, la militancia en el exterior tuvo un papel central. «Quien organiza, gana las elecciones», fue una de las ideas que dejó su intervención. Codas contó cómo el trabajo en redes y los grupos de WhatsApp permitieron construir una lectura común sobre el gobierno de Milei y pensar también qué podría significar para Brasil un eventual gobierno de Flávio Bolsonaro.
La disputa digital, sin embargo, no apareció como una explicación única. Codas señaló que las redes no necesariamente cambian el voto de una persona, pero sí pueden modificar el clima político y construir una percepción de que ganar es posible. Incluso con diez millones de votos de diferencia, la militancia logró sostener esa expectativa. La victoria fue multicausal y también tuvo que ver con las movilizaciones masivas que acompañaron la campaña, la organización territorial y una decisión política de ampliar las voces dentro del espacio de Lula, con mayor protagonismo para legisladores jóvenes y de la comunidad LGBT, que acercaron propuestas vinculadas con la clase trabajadora.
La conversación fue desplazándose hacia una pregunta inevitable para Argentina, que es cómo transformar esa experiencia en una discusión propia sin copiar una receta brasileña. Cintia Mansilla puso el acento en la solidaridad internacional, la integración regional y la necesidad de recuperar una perspectiva soberana para pensar una salida a la crisis económica que deja el gobierno de Milei. También cuestionó el deterioro de los acuerdos económicos con Brasil y planteó que el país no puede pensarse de espaldas al continente, en un momento en que la articulación sudamericana vuelve a ser una discusión política y económica central.

Campagnoli propuso leer el presente como una etapa de transición hegemónica, en la que las derrotas electorales y las condiciones desfavorables para el campo popular no significan que las ideas hayan perdido su tiempo histórico. «Toda derrota es reversible», fue una de las frases que dejó su intervención. El desafío, sostuvo, es animarse a proponer medidas audaces, romper los límites actuales y construir un proyecto que el pueblo quiera elegir.
En distintos momentos también aparecieron referencias al escenario internacional, desde la derrota de Donald Trump en las elecciones de medio término en Estados Unidos hasta las dificultades de Benjamin Netanyahu para reunir una mayoría amplia en Israel. La renuncia de Santiago Peña en Paraguay, en medio de una crisis económica, también formó parte de ese intercambio. La referencia tuvo un peso particular por el vínculo entre el modelo económico paraguayo y los esquemas que el propio gobierno de Milei había señalado como ejemplos a seguir. Los casos aparecieron en la charla como parte de una misma discusión sobre los límites y las tensiones que atraviesan a gobiernos alineados con Estados Unidos y que impulsan modelos económicos de fuerte desigualdad.
Bianco también trasladó esa lectura al escenario argentino de cara al año próximo. Frente a quienes anticipan una elección de tercios, planteó que podría haber una polarización fuerte y una disputa muy pareja. Y dejó una referencia directa a Axel Kicillof, al recordar que Lula rompió con el antecedente de que ningún candidato que perdía la primera vuelta lograba ganar la segunda. Su expectativa, dijo, es que el gobernador bonaerense también pueda romper con la idea de que ningún mandatario de la provincia de Buenos Aires puede llegar a la Presidencia.
La charla de Patria y Futuro dejó varias preguntas abiertas, pero una idea atravesó buena parte de las intervenciones. Las redes pueden ayudar a construir una realidad y a disputar el clima político, pero la organización sigue siendo decisiva. La experiencia brasileña no ofrece un manual para la Argentina, aunque sí vuelve a poner sobre la mesa una discusión que parece central de cara a 2027: cómo organizar, cómo convencer y cómo construir una candidatura y una propuesta capaces de recuperar la esperanza de las mayorías.









