La Multisectorial de Rosario, integrada por la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), Recolectores, Aceiteros y las dos CTA, se concentró frente a la Bolsa de Comercio. Allí declaró persona no grata a Milei en un acto que, según los organizadores, reunió más gente que la ceremonia oficial.
El 20 de junio, el Parque Nacional a la Bandera se convirtió en el escenario de un nuevo capítulo de la batalla cultural. El Gobierno fue a disputar el sentido de la insignia que Manuel Belgrano izó por primera vez en 1812 y que dio identidad a las Provincias Unidas del Río de la Plata.
La presencia de Manuel Adorni, combinada con la de Victoria Villarruel, dejó expuestas las tensiones dentro de un Poder Ejecutivo atravesado por internas. Al mismo tiempo, distintas vertientes del movimiento obrero organizado se reunieron en la Plaza Pringles para manifestar su rechazo a la visita presidencial.
Días antes, la CGT había definido un plan de lucha junto a las dos CTA, que comenzó a tomar forma ese mismo 20 de junio. Entre los gremios presentes estuvieron Dragado y Balizamiento, la CATT, Camioneros, Recolectores, Portuarios, Ferroviarios, Marítimos, Aceiteros de Rosario, Sadop y trabajadores estatales nucleados en ATE y Amsafé.
Todos coincidieron en denunciar que las políticas de Milei afectan el empleo, los salarios, las jubilaciones y la actividad productiva del país.
La concentración se desarrolló frente al edificio de la Bolsa de Comercio de Rosario. Desde un escenario móvil aportado por la CATT, su secretario general, Edgardo Arrieta, afirmó:
“Este señor no usa escarapela, ha besado la bandera israelí, la bandera de Estados Unidos. Creo que está más preocupado por el 4 de julio que por el 20 de junio”.
La referencia no fue casual. Hace apenas un mes flameó la bandera de Israel en el patio interno del Monumento a la Bandera, una decisión que generó polémicas por el genocidio en Gaza perpetrado por el gobierno israelí.
Los dirigentes sindicales leyeron además un documento consensuado que analizaba la situación actual del país desde la perspectiva de la clase trabajadora.
El texto contrastaba las ideas de Manuel Belgrano con las políticas del actual Gobierno. Allí se denunció un proceso de destrucción de la industria nacional, la pérdida de puestos de trabajo y el deterioro de las jubilaciones. También se cuestionó la extranjerización de sectores estratégicos de la economía y la entrega de recursos naturales como el petróleo, el gas, el litio y el agua dulce.
A su vez, el documento rechazó la reforma laboral, la precarización del empleo y la criminalización de la protesta social, fenómenos que definió como parte de una transferencia de riqueza desde quienes trabajan hacia los grandes grupos económicos concentrados.

El acto oficial
Milei llegó a Rosario poco antes de las diez de la mañana. Veinte minutos después saludó a sus funcionarios en la explanada del Monumento Nacional a la Bandera. Manuel Adorni ocupó un lugar central en la escena y concentró buena parte de la atención de las cámaras de televisión.
El operativo de seguridad fue extremadamente restrictivo. Para acceder al sector oficial había que atravesar 3 anillos de control, lo que limitó fuertemente la presencia de público.
A las 11.06 concluyó un discurso de apenas catorce minutos en el que combinó una mirada escolar de la historia argentina con la interpretación gubernamental del presente, una mezcla deshistorizada de Billiken y neoliberalismo libertario. Terminada la ceremonia fugaz, emprendió el regreso a Buenos Aires.
Otro foco de atención fue la ubicación de Adorni, sentado junto a Karina Milei. Su presencia fue interpretada como una nueva señal de respaldo presidencial en momentos en que su rol dentro del Gobierno atraviesa una crisis institucional grave.

Una ciudad dividida entre la política y la fiesta popular
A diez cuadras del Monumento, la multitud que participó del acto sindical superó ampliamente en volumen a la ceremonia oficial. Sin embargo, la mayor parte de los grandes medios nacionales concentró su cobertura en la actividad presidencial.
Una participante consultada por ARG Medios resumió la jornada con una imagen sencilla: “Rosario se partió en tres”. Por un lado, quienes asistieron al acto oficial; por otro, quienes participaron de las manifestaciones; y finalmente los comerciantes que abrieron sus locales sobre la peatonal pese al feriado, con la expectativa de aprovechar el movimiento generado por el fin de semana del Día del Padre.
Mientras la multisectorial cuestionaba a Milei, al gobernador santafesino Maximiliano Pullaro y al intendente Pablo Javkin, los tres compartían abrazos y fotografías en la explanada del Monumento.
“Ahora quieren diferenciarse del modelo Milei, pero le votaron todas las leyes del ajuste”, repetían desde el escenario sindical.
Una postal de la Argentina contemporánea.
Después de la partida del Presidente continuó la tradicional jura de lealtad a la bandera protagonizada por miles de estudiantes llegados desde distintos puntos del país. Allí tomó protagonismo Victoria Villarruel, que volvió a marcar diferencias sobre Adorni al comparar valores entre el ex vocero con el legado histórico de Manuel Belgrano.
Cuando finalizaron los actos protocolares, la ciudad recuperó su ritual habitual. Miles de personas bajaron hacia la fiesta popular, entre asados a la estaca, desfiles tradicionalistas y espectáculos musicales.
El Día de la Bandera en Rosario mostró una Argentina fragmentada, pero que todavía se encuentra en torno a los símbolos patrios, ya sea para disputarlos, celebrarlos o defenderlos. La batalla cultural aparece como una guerra de gestos y significados que muchas veces no logra convocar a las grandes mayorías.
La jornada terminó con una imagen inesperada: Abel Pintos cantando en el Parque Nacional a la Bandera junto a unas 350 mil personas que corearon “Ji Ji Ji”, de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.












