El domingo se llevarán a cabo las elecciones generales en Bolivia, en ella se elegirá tanto a presidente, vicepresidente y congreso nacional.

Por Tania Aruzamén desde Bolivia

 

“La derecha es un movimiento inherentemente reaccionario que defiende una jerarquía que se ve amenazada” Corey Robin.

Este ambiente se ha vivido ya hace poco menos de un año, cuando Evo Morales, ganaba las elecciones con dificultad, pero con legitimidad. Mientras tanto, y desde hace tiempo, se venía preparando la narrativa que acompañaría a un golpe de Estado, una irrupción ilegal en el poder y la masacre de más de una treintena de campesinxs en La Paz y Cochabamba.

Con el golpe consumado, las fuerzas populares aplacadas y los principales líderes en el exilio o en la cárcel, el gobierno de transición contaba con una única tarea, llamar a elecciones lo más antes posible. Sin embargo, y como los favores no son gratuitos, quedaba mucho trabajo por hacer y mucho Estado por tranzar.

Jeanine Añez, quien asume como presidenta, gobierna junto a la derecha radicalizada y fascista de la mano del Ministro de gobierno, Arturo Murillo, que inicia una campaña de persecución a la disidencia, criminalización de la protesta social, además de apadrinar grupos paramilitares (Unión Juvenil Cruceñista y Resistencia Juvenil Cochala).

Es el largo tránsito de un gobierno de transición que se niega a dejar el poder. Las elecciones generales debieron celebrarse el 03 de mayo y amparada en la pandemia, Añez decide trasladar la fecha al 02 de agosto, luego al 06 de septiembre y finalmente al 18 de octubre[1]. Las razones en cada uno de esos cambios eran los informes sobre proyección del pico más alto de la pandemia de COVID-19 brindadas por el “comité científico” presidido por su yerno[2].

Luego de la movilización de sectores populares, el bloqueo de carreteras y protestas en todo el país en agosto de este año[3], se confirma la fecha de elecciones generales para este domingo 18 de octubre [4], elecciones que cuentan con características particulares.

En primer lugar, las elecciones no se celebrarán en circunstancias normales. Con más de cincuenta presos políticos, cientos de exiliados y familias que aún sufren por las muertes en Sacaba y Senkata hacen que esta sea una elección con sed de justicia.

En segundo lugar, las elecciones generales serán la primera medida para enfrentar una crisis económica, social y política provocada en principio por el golpe de Estado y luego por la desastrosa gestión de la pandemia por parte del gobierno de Añez, con más de 50 escándalos de mega corrupción en tan solo 10 meses de gobierno.[5]

Por último y no menos importante en este escenario es el protagonismo que ha adquirido la facción más radical del fascismo boliviano. Grupos paramilitares asesorados y protegidos por autoridades de gobierno[6] amenazan en las calles y causan destrozos sin ningún tipo de sanción.

Tanto la Resistencia Juvenil Cochala[7], como la Unión Juvenil Cruceñista[8] se han dado a la tarea de ser los grupos de primera línea cuando se trata de conflicto y de fuerza antipopular, de este modo no solo se construye una narrativa fascista y violenta, también se ven legitimados actos y grupos altamente peligrosos que operan con total impunidad, profundizando el discurso de odio y violencia tan fácilmente replicable por la multitud.

Por otro lado, el escenario electoral no ha sido para nada sorprendente, Luis Arce Catacora (MAS) ha liderado la preferencia de voto desde que se lo anunció como candidato a presidente, con un ascenso sostenido en la preferencia es hoy, quien lidera las encuestas[9]  de cara al 18 de octubre a pesar de los permanentes ataques de grupos radicales de derecha a la mayoría de sus manifestaciones proselitistas[10] y del empeño por el aparato mediático por dañar su imagen y la de su partido, el punto fuerte de Catacora apunta a su experticia y a la estabilidad económica lograda desde su llegada al Ministerio de economía ante la fuerte crisis económica que Bolivia atraviesa.

Quien le sucede con más de nueve puntos por debajo, según las últimas encuestas de proyección de voto, es Carlos Mesa Gisbert, quien fuera segundo la elección pasada y también uno de los protagonistas de las movilizaciones previas al golpe y al golpe de estado en sí. Carlos Mesa, aliado de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2003, culmina su campaña llamando al “voto útil” una figura que lo favorece para acercarse al poder, pero que sin duda significaría un gran retroceso para la democracia, pues no se trata entonces de votar por un proyecto de país o un programa de gobierno, en los días previos a la elección, Mesa apuesta su candidatura al antimasismo y el odio a Evo Morales.

Con este espíritu, Mesa ha recogido, pues no puede elegir los apoyos que le suman y los que le restan, a los sectores más criticados y menos constructivos para su proyecto que se muestra de “centro” cuando sus alianzas demuestran todo lo contrario. Recientemente su portavoz, Ricardo Paz fue visto en una reunión con Arturo Murillo, quien días después arribó a EEUU a sostener reuniones con altas autoridades del país del norte, hoy Murillo llama de manera abierta a votar por Carlos Mesa; otro sector que se suma a las alianzas del “voto útil” son los del grupo paramilitar “Resistencia Juvenil Cochala” quienes llamaron a Luis Fernando Camacho a declinar su candidatura a los comicios para asegurar la derrota del Movimiento al Socialismo. La extrema derecha boliviana cierra filas detrás de Carlos Mesa: la Resistencia Juvenil Cochala, Manfred Reyes Villa, Mario Cossío, Sánchez Berzaín y Branco Marinkovic son sectores indigeribles para la sociedad boliviana y, por eso, algunos apoyan en silencio.

Por su parte Luis Fernando Camacho, el principal ejecutor del golpe de Estado[11] y ahora candidato a la presidencia, es el favorito en el departamento de Santa Cruz, el más grande del país. Camacho, con el discurso del outsider busca reunir a toda la población desilusionada de lo que él denomina la “vieja política” y con un discurso bolsonarista, reaccionario, conservador y de ultra derecha no piensa en negociar lo poco que ha ganado.

Con amenazas de un autogolpe o un fraude que fuerce a una segunda vuelta y un inminente conflicto que enlute una vez más a los bolivianos, el país se alista para elegir a un nuevo presidente este 18 de octubre, día que se recuerda la huida de Gonzalo Sánchez de Lozada del país, luego de la masacre de octubre en 2003, cuando Carlos Mesa era su vicepresidente.

 

[1] https://www.youtube.com/watch?v=-IB41zCfRYw

[2] https://www.paginasiete.bo/nacional/2020/4/24/anez-publica-nomina-del-consejo-cientifico-que-asesora-al-gobierno-253662.html

[3] https://eldeber.com.bo/pais/urgente-hay-acuerdo-para-levantar-los-bloqueos-y-hacer-las-elecciones-el-18-de-octubre_195186

[4] https://www.youtube.com/watch?v=3NPyKQxiiks

[5] https://www.nodal.am/2020/08/bolivia-los-50-casos-de-corrupcion-durante-el-gobierno-de-facto/

[6] https://laresistencia.info/paramilitares-rjc-empieza-a-usar-municion-comprada-por-murillo/

[7] https://www.pagina12.com.ar/246636-que-es-la-resistencia-juvenil-cochala

[8] http://www.granma.cu/mundo/2019-11-20/la-union-juvenil-crucenista-punta-de-lanza-de-la-violencia-golpista-en-bolivia-20-11-2019-02-11-08

[9] https://www.atb.com.bo/pol%C3%ADtica/el-mas-estar%C3%ADa-13-de-ganar-en-primera-vuelta-seg%C3%BAn-la-encuesta-de-la-fundaci%C3%B3n-jubileo

[10] https://destiempos.wixsite.com/noticias/post/escalada-de-violencia-y-atentados-amenazan-actividades-del-movimiento-al-socialismo

[11] https://comunicacion.gob.bo/?q=20191108/28022