El presidente Trump firmó este jueves una orden ejecutiva en la que declara una “emergencia nacional”, argumentando que Cuba representaría una supuesta “amenaza inusual y extraordinaria” para la seguridad de Estados Unidos.
La medida impone nuevos aranceles a aquellos países que “vendan o, de otra manera, suministren petróleo a Cuba”, con el objetivo de profundizar la asfixia energética que sufre la isla, agravada seriamente tras el ataque de Estados Unidos contra Venezuela.
“La orden impone un nuevo sistema arancelario que permite a Estados Unidos aplicar aranceles adicionales a las importaciones de cualquier país que proporcione, directa o indirectamente, petróleo a Cuba”, señala el documento.
El documento no fija aranceles de manera automática, sino que habilita un proceso de “evaluación caso por caso”. Para su implementación, se faculta al secretario de Comercio, Howard Lutnick, a “determinar” si un país vende o suministra petróleo a Cuba, de manera directa o a través de intermediarios.
Posteriormente, se faculta al secretario de Estado, Marco Rubio, a “tomar todas las acciones necesarias”, incluida la emisión de nuevas reglamentaciones para aplicar medidas coercitivas a los países que envíen petróleo a la isla, aunque el Ejecutivo se reserva la capacidad de modificar o cancelar las medidas en caso de que Cuba o los países afectados “adopten medidas significativas” para alinearse con “los objetivos de seguridad y política exterior de Estados Unidos”.
Washington acusa a La Habana de “alinearse” con países y “actores malignos adversos a Estados Unidos”, entre los que menciona a la República Popular China, Irán y Rusia, a la cual también acusa de mantener en Cuba “la mayor instalación de inteligencia de señales” fuera de su territorio.
Además, acusa a Cuba de continuar “difundiendo sus ideas, políticas y prácticas comunistas por todo el hemisferio occidental, lo que amenaza la política exterior de Estados Unidos”.
La guerra contra Cuba
Desde el bombardeo de Estados Unidos contra Caracas, en el que se secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores, las amenazas de Washington contra Cuba se han vuelto constantes.
La nueva orden ejecutiva busca profundizar el bloqueo —que sufre el pueblo cubano desde hace más de 60 años—, presionando a países de la región para que, de facto, se sumen a esta política agresiva. Asimismo, las nuevas medidas coercitivas intentan obstruir cualquier triangulación de petróleo que intente eludir el bloqueo.
Cuba consume actualmente alrededor de 120.000 barriles de petróleo al día (bpd). Aproximadamente el 30% de este volumen proviene de la producción nacional, mientras que los dos tercios restantes dependen de las importaciones. Los principales proveedores de la isla son Venezuela, México y, en menor medida, Rusia.
El año pasado, se calcula que Caracas envió entre 27.000 y 35.000 barriles diarios, lo que representaba alrededor del 29% del consumo energético cubano. Sin embargo, debido al cerco militar y a las restricciones de Washington sobre el petróleo venezolano, estos envíos se han interrumpido. La nueva orden ejecutiva parece apuntar ahora directamente contra el suministro mexicano.
Frente a las crecientes presiones de Estados Unidos, la presidenta Claudia Sheinbaum había afirmado recientemente que el envío de petróleo a Cuba es “una decisión soberana” de México, recordando que todos los gobiernos mexicanos —independientemente de su ideología— han mantenido relaciones con la isla, respetando los principios de no injerencia y autodeterminación de su política exterior.
Tan solo una semana antes, durante su Mañanera del Pueblo del miércoles 21, Sheinbaum había destacado el impacto del bloqueo: “¿Qué significa un bloqueo económico? Significa sanciones contra los países que ofrecen apoyo. Estados Unidos lo ha intensificado. Cuando existe un bloqueo, no es posible importar ni exportar libremente, por lo que las condiciones para el desarrollo de un país se vuelven extremadamente difíciles”.
Según Petróleos Mexicanos (PEMEX), durante los primeros nueve meses de 2025, México exportó a Cuba 17.200 barriles de petróleo por día. Esta cifra disminuyó en el último trimestre debido a las presiones de Washington.
Al declarar una “emergencia nacional”, la orden ejecutiva firmada por Trump permite al gobierno imponer aranceles adicionales incluso a socios con tratados de libre comercio, como México, que forma parte del T-MEC con Estados Unidos y Canadá.
Dado que entre el 80% y el 84% de las exportaciones mexicanas tienen como destino a su vecino del norte, se trata de una medida especialmente sensible. Paralelamente, esta situación podría presionar al alza la inflación en Estados Unidos, particularmente en sectores con cadenas de suministro muy integradas.
A la vez, al incluir como objeto de sanciones a todo aquel que suministre petróleo a Cuba —de manera directa o indirecta—, Washington busca evitar que se realicen envíos por razones humanitarias e incluso disuadir a países que podrían enviar ayuda mediante envíos provenientes de Rusia o China.
Asfixia económica
El incremento de las hostilidades contra Cuba forma parte de la política de “máxima presión” que ya había sido aplicada durante el primer gobierno de Trump, llegando a impedir, en medio de la pandemia de COVID‑19, que llegaran insumos de primera necesidad para enfrentarla.
En medio de una grave crisis energética, con prolongados y recurrentes cortes de electricidad, el actual intento de asfixia energética ocurre en un contexto en el que Cuba atraviesa una de las crisis económicas más profundas de su historia.
Con una contracción del PBI de más del 11 % durante los últimos cinco años, la falta de combustible y electricidad no solo afecta a los hogares, sino también la capacidad de producción de bienes y servicios necesarios para salir de la crisis.










