Se fue a Brasil para que su jubilación le alcance: la historia de un argentino que dejó el país con Milei

Claudio es un docente jubilado que se instaló en Osasco, en el área metropolitana de San Pablo. Alquila una casa con jardín, compara los precios de los alimentos con los de Argentina y asegura que sus ingresos rinden más. Su historia abre una pregunta sobre el poder adquisitivo de los jubilados en Argentina.

Claudio paga 2.000 reales mensuales por una casa de dos habitaciones, con jardín y espacio verde, en Osasco, Brasil. Cobra dos beneficios jubilatorios argentinos que, según estima, suman entre 7.000 y 8.000 reales mensuales. Aunque vive en una zona que considera cara, sostiene que puede organizar mejor sus gastos que en Argentina.

«El dinero de una jubilación, sí, acá rinde un poco más», afirma.

Claudio no cobra la jubilación mínima. Es profesor de composición y trabajó durante décadas en conservatorios de la provincia de Buenos Aires. Se jubiló con 56 horas de docencia de nivel superior, después de una carrera profesional que le permitió construir un haber previsional relativamente favorable.

Sin embargo, decidió irse del país. «Eso fue lo que nos decidió a irnos del país», explica sobre el impacto del triunfo de Javier Milei y sus expectativas económicas. Su objetivo, agrega, era que el dinero que cobra de jubilación «rindiera un poco más en otro tipo de economía».

 

 

Argentina y Brasil: dos ritmos de inflación

Los datos oficiales permiten dimensionar una de las diferencias económicas entre ambos países.

En septiembre de 2026, la inflación fue del 1,9% en Argentina y del 0,82% en Brasil. En la comparación interanual, los precios aumentaron un 33,4% en Argentina, frente al 4,58% en Brasil. En los primeros nueve meses del año, la inflación acumulada fue del 23,6% y del 3,95%, respectivamente.

La diferencia importa para quienes dependen de ingresos fijos. Aunque la inflación se desacelera, los precios no vuelven a los niveles anteriores: siguen aumentando, y la capacidad de compra depende de cómo evolucionen los ingresos frente a esos incrementos.

Claudio compara su experiencia cotidiana en ambos países. Recuerda que en El Bolsón había pagado 4.500 pesos por un kilo de pata y muslo de pollo, mientras que en Osasco encontró el mismo corte por un importe equivalente a 3.600 pesos, según el tipo de cambio que utilizó. También señala que consigue leche por un equivalente a 1.600 pesos.

Son precios de compras particulares, no una canasta comparable entre países. Pero ayudan a explicar por qué considera que su jubilación le alcanza mejor en Brasil.

Una decisión económica y política

La mudanza también estuvo motivada por su lectura del rumbo político argentino. Claudio recuerda que ya desconfiaba de las propuestas de Milei durante la campaña electoral de 2023, especialmente de los recortes que anticipaba para la universidad pública.

«No se puede construir un país si no hay ingenieros, si no hay médicos, si no hay científicos», sostiene.

También cuestiona las políticas económicas de distintos gobiernos, el endeudamiento externo y la pérdida de ingresos de los sectores populares. A su juicio, el ajuste concentra la riqueza mientras reduce la capacidad de compra de la mayoría.

Su experiencia no demuestra que Brasil sea más barato en todos los rubros ni que cualquier jubilado argentino pueda vivir mejor allí. Su situación previsional y sus posibilidades económicas son particulares.

Pero su historia plantea una pregunta colectiva: ¿qué ocurre cuando una persona que trabajó durante décadas considera que necesita irse del país para vivir mejor con la jubilación que construyó en Argentina?

Claudio encontró en Brasil una alternativa. Su decisión deja abierto el interrogante sobre las condiciones de vida de quienes, a diferencia de él, no tienen la posibilidad de emigrar.