En los últimos días un enfrentamiento entre los dos países por un territorio en disputa generó interrogantes acerca de los motivos que pueden llevar a una concreta declaración de guerra.

Por Ana Dagorret

El último fin de semana, la noticia acerca de los enfrentamientos entre Armenia y Azerbaiyán en la región de Nagorno Karabakh encendió las alertas sobre la posibilidad concreta de una guerra en el territorio. 

La declaración de una Ley Marcial por parte del presidente armenio Nikol Pashinian, quien a través de redes sociales llamó “a todo el personal a presentarse en las comisarías militares”, llegó al mismo tiempo que el discurso del mandatario azerí Ilham Aliev, quien prometió la victoria: “Nuestra causa es justa y vamos a vencer”.

Ambos países acusaron al otro de haber comenzado las recientes hostilidades y reavivaron la disputa por una región que ya tiene una historia de varias décadas.

ANTES Y DESPUÉS DE LA URSS

En plena guerra fría, más precisamente en el año 1988, las repúblicas de Armenia y Azerbaiyán formaban parte del bloque soviético. Fue en ese año que Armenia pasó a reclamar como propio el territorio de Nagorno Karabakh, una región donde la mayor parte de su población es de origen armenio.

La ocupación por parte de las fuerzas de la nueva Armenia independiente en el territorio reclamado desató la reacción azerí y generó masacres y desplazamientos de ambos lados. En 1991, la caída de la URSS propició las condiciones para una guerra que se prolongó hasta 1994, cuando finalmente Armenia derrotó a Azerbaiyán y logró la independencia de la región en disputa, llamada República de Artsaj, sin ningún reconocimiento internacional y con la tutela de Armenia.

Como saldo, estos enfrentamientos dejaron cerca de un millón de refugiados armenios y azeríes, además de una hostilidad que hasta el momento permanece intacta.

Desde entonces, la tensión entre ambos países nunca se disolvió y diversos enfrentamientos se sucedieron a lo largo de los años. En 2016, las fuerzas movilizadas de ambos países dejaron cerca de 200 muertos, conflicto que fue interrumpido tras la intervención de Rusia, aliada a Armenia pero con buenas relaciones con Azerbaiyán. Aún con la intervención extranjera, el conflicto se prolongó.

EL FACTOR TURQUÍA

El ex imperio otomano es un aliado clave de Azerbaiyán, por proximidad cultural y hasta idiomática. A su vez, Armenia tiene una disputa histórica con el ex imperio por negar hasta el día de hoy el genocidio perpetrados por otomanos contra armenios.

Desde 1915 a 1923 se produjo la matanza de la población masculina, la sumisión a trabajos forzados y la expulsión de mujeres, niños, adultos mayores y enfermos al desierto sirio. El saldo de esa cruzada contra el pueblo armenio fue de más de 1,5 millones de muertes y varias generaciones de exiliados. 

Este hecho, conocido como genocidio armenio o Medz Yeghern ha sido históricamente negado por Turquía, que afirma que el término “genocidio” no se aplica a los asesinatos en masa con el fin de exterminar a la población armenia impulsados por el ex imperio otomano.

Desde el comienzo de las hostilidades con Azerbaiyán, la alianza entre azeríes y turcos se profundizó, enmarcada en un proyecto histórico de unión de todos los pueblos de habla turca. 

Con el comienzo de las hostilidades, apareció también la disputa por recursos. Existen lecturas sobre el objetivo turco de recuperar el control de los oleoductos que atraviesan su territorio hacia Europa Occidental desde el Mar Caspio a través de Georgia.

Con los primeros bombardeos, desde Armenia se acusó a Turquía de colaborar de manera directa con el gobierno azerí al aportar mercenarios y armamento. Fue también Turquía el único país que no se manifestó para pedir por la paz en la región. A su vez, el gobierno armenio ha retirado a sus embajadores de los territorios ocupados por Israel en Palestina por la incidencia del país en el conflicto con Azerbaiyán, a quien Israel le estaría vendiendo armamento.

RUSIA Y UNA POSIBLE MEDIACIÓN

Desde la disolución de la URSS Rusia ha mantenido relaciones cordiales con ambos países y hasta intervino para frenar los enfrentamientos en diversas oportunidades. Los lazos económicos y la colaboración militar con Armenia y Azerbaiyán también representan factores claves para una negociación de paz.

Sin embargo, la intervención cada vez más concreta de Turquía e Israel en favor de un enfrentamiento ha puesto a Rusia en una situación de intervención inminente para dar por finalizado el conflicto, sin la cual la escalada de violencia podría llegar a una declaración de guerra concreta. 

A su vez, el hecho de que exista una “preferencia rusa por Armenia”, como aseguró el presidente azerí Aliev, basada en la entrega de armas más sofisticadas, genera incomodidad en Azerbaiyán, que ve con buenos ojos la colaboración militar y el incentivo bélico de parte de Turquía.

En un escenario cada vez más convulsionado, la mediación de Rusia resulta fundamental para frenar el avance turco-azerí sobre los territorios de Armenia y Artsaj. Una nueva guerra en la región podría provocar la pérdida de influencia y dominio ruso en un territorio estratégico y el avance de una Turquía con aspiraciones imperialistas. Más allá de lecturas geopolíticas, una nueva guerra conduciría al desastre, el sufrimiento y la miseria de dos pueblos que históricamente sufren la expulsión y la persecución en nombre de intereses ajenos.