Artigas: Campo de disputa, legado de liberación

Artigas es nudo y punta de fuga de la orientalidad. Hay quienes lo quieren inmaculado en un busto de bronce. Lejano al polvo, la sangre y las miserias.

Artigas
Foto: Patricio Ferreira | @OKPeriferia (UY)
Por Nicolás Centurión*

Tarea no menor la de escribir sobre el Prócer de estas tierras José Gervasio Artigas, Protector de los Pueblos Libres. Solo la sombra que proyecta su figura genera altos grados de inhibición. Su lucha, su ideario y sus principios, saltan por encima de ese respeto disfrazado de vergüenza ante el inconmensurable legado que dejó. 

Este texto no pretende ser una revisión historiográfica ni un compendio de hechos y anécdotas. No pretende ser un texto de estudio ni para que quede en la posteridad. Estas palabras arropadas por un profundo sentimiento artiguista de Patria Grande dan comienzo a su redota.

¿Cuál Artigas?

¿Sobre qué Artigas escribimos o con cuál nos quedamos? ¿Con el contrabandista, el héroe, el anarquista, el rebelde, el criollo, el hispanista, el Karai Guazú?

Artigas hace rato dejó de ser un apellido. Pasó a ser una pieza semántica y polisémica. Hay quienes lo quieren inmaculado en un busto de bronce. Lejano al polvo, la sangre y las miserias. Lo buscan impertérrito, casi que santo. Otros lo quieren terrenal, pecaminoso, visceral. Humano.

Artigas es nudo y punta de fuga de la orientalidad. No escribo uruguayez ya que por los tiempos de Artigas, Uruguay ni existía. Es que Uruguay ni siquiera es un nombre, más bien es un río. Y el nombre que tiene nuestro país no es un nombre, es una dirección. Somos una república al oriente, es decir al este del río Uruguay. Esa porción de tierra que hoy reposa entre dos gigantes como son Argentina y Brasil. Que formó parte del Imperio español, del portugués y del británico. 

Parcela de tierra en el paralelo 35. El famoso “algodón entre dos vidrios” que Lord Ponsomby se refiriera sobre estas latitudes . Dividía a las Provincias Unidas del Río de la Plata con el Imperio luso. 

Uruguay nace con su héroe en el exilio. Cercado. Hasta con la correspondencia revisada para que no siga “alborotando” a la muchedumbre. Artigas repasa los últimos años de vida en el Paraguay, junto a su fiel compañero Ansina. Pero el Prócer no es el típico héroe que nos pintan en los libros. Fue traicionado, perseguido. Pidieron plata por su cabeza por pretender romper los esquemas de aquella época. Luchó contra más de un Imperio y contra más de un traidor. 

De la boca para afuera

En el ocaso de su vida nacía una nación que parece un invento. Que a veces parece inviable pero, a lo largo y ancho de su pequeña existencia sigue descifrando misterios que sorprenden a propios y ajenos. 

En los albores de la República, Artigas empezó a ser campo de disputa. Aquí todos los partidos políticos se definen artiguistas, pero pocos han aplicado medio ápice del Ideario Artiguista. Se lo reivindica de la boca para afuera, como se dice en estos pagos. 

Este criollo nació el 19 de junio de 1764 en lo que entonces era el Virreinato del Perú del Imperio Español. Recibió los títulos de Jefe de los Orientales; Protector de los Pueblos Libres; Padre de los indios; Karay Guazú que significa en Guaraní “Gran Señor”; y Obervará Karay, Señor que resplandece.

Odiado por los salvages unitarios de Buenos Aires. Enemigo de los imperios que quisieron conquistar estas tierras. A lo largo de la historia se ha querido mancillar su nombre. Se lo ha querido enarbolar con ropajes de los que nunca vistió. Ni tan beato ni tan pecador.

Acallar el mármol

La derecha conservadora de este país siempre lo ha querido dejar en el mármol insípido. En las estatuas que evocan un pasado lejano del que parece quieren desprendernos. Pero está más presente que nunca. 

Artigas
Foto: Patricio Ferreira | @OKPeriferia (UY)

La dictadura (1973-1985), llevó sus restos del Cementerio Central a un Mausoleo en la Plaza de la Independencia, frente a la puerta de la Ciudadela. Lo que sería extra murallas del Montevideo colonial.

Sus exequias reposan en un mármol negro custodiado por su guardia de Blandengues. Encima del Mausoleo se erige una estatua enorme de él a caballo. Poncho puesto y sombrero en mano. Sombrero que hoy tiene dos nidos de hornero. Una especie de metáfora oriental.

Su urna sofocada por unas paredes casi lúgubres atrapa la gloria que algún día tuvo el Prócer. Ahoga su épica y empantana sus ideas. Tal es así, que en ninguna de las paredes que lo rodean el gobierno dictatorial pudo inscribir algunas de las frases que dejó Artigas indelebles en historia de estas latitudes. 

Cada una de ellas era subversiva, contestataria, rebelde, revolucionaria. Ninguna gustaba. Más bien, generaban rechazo. Esas frases eran puñales que enrostraban en la cara de los golpistas su realidad aciaga y execrable.

Mientras los militares torturaban, desaparecían, asesinaban y violaban a sus coterráneos; y sumían al país en una de sus peores noches, Artigas los miraba impertérrito y sus frases seguían ofreciendo resistencia a “los peores americanos.”

Grandes éxitos

Imaginen esa reunión donde los militares golpistas debían seleccionar las máximas artiguistas. «La causa de los pueblos no admite la menor demora». Descartada. «Que los más infelices sean los más privilegiados». Descartada. «Con libertad ni ofendo ni temo» y se escucha de fondo en la voz de Zitarrosa los versos de “A don José” himno artiguista compuesto por Rubén Lena. Con libertad, ni ofendo ni temo/¡Qué Don José!/Oriental en la vida/Y en la muerte también/Oriental en la vida/Y en la muerte también” Descartado.

Menos que menos «Sean los orientales tan ilustrados como valientes». Mucho peor sería «Tiemblen los tiranos de haber excitado nuestro enojo» y ni que hablar de «El despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los pueblos» o «La cuestión es solo entre la libertad y el despotismo».

Por si la vida fuera aún más irónica, la cúpula militar golpista estaba compuesta en su mayoría por una logia llamada Los tenientes de Artigas. Se olvidaron otra frase que decía Artigas: “Para mi no hay nada más sagrado que la voluntad de los pueblos».

Artigas queda en los pueblos

Podemos seguir con el derrotero de la historia. Desde el reinicio de la democracia tutelada en 1985 hasta principios de los 2000 donde la embestida neoliberal supo hacer de las suyas.

Artigas
Foto: Patricio Ferreira | @OKPeriferia (UY)

Pero a pesar de ese envión, el pueblo uruguayo en un plebiscito histórico le dice a la oligarquía: «No venderé el rico patrimonio de los orientales al vil precio de la necesidad» y triunfa con un contundente 72% contra 28% diciéndole NO a privatizar las empresas públicas.

La ultraderecha ha juntado sus retazos y en Cabildo Abierto ha encontrado la forma partido para encauzar sus demandas. Enseguida se definen: ni de izquierdas ni derechas, artiguistas.

Utilizan sus colores, en su inicio quisieron llamarse Movimiento Social Artiguista. Pretenden un Artigas inmaculado. Quieren un Artigas devenido en criollo conservador. Buscan borrar de un plumazo su gesta latinoamericanista y encerrarlos bajo siete llaves dentro de las fronteras de un Uruguay que el Prócer no quería. 

Hoy parece que todos son Artiguistas. Hoy en su natalicio no queremos llenarnos el buche con su legado. Simplemente vamos a dejar sentado que, cuando suceda la segunda y definitiva independencia de nuestras tierras, su bandera flameará bien alto en un cielo de pueblos libres. 

 


*Nicolás Centurión es Integrante de Periferia. Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP). Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la). Integrante de la Red CADTM -AYNA.


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