La causa palestina dice presente en los Juegos Olímpicos

El judoca Fethi Nourin decidió no competir contra el israelí Tohar Butbul en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. La decisión implica una postura política en defensa de la causa palestina y en rechazo a la normalización de las relaciones diplomáticas de los países árabes con el Estado Israelí.

Los Juegos Olímpicos de Tokio se encuentran en pleno desarrollo y más allá de los resultados deportivos, los juegos toman tintes políticos. El atleta argelino Fethi Nourin decidió no competir en el evento después de que un sorteo determinara un posible enfrentamiento contra el israelí Tohar Butbul.

El deportista declaró que su apoyo político a la causa palestina le impedía competir contra el israelí Tohar Butbul. No es la primera vez que Nourine se retira de la competición para evitar enfrentarse a un rival israelí, ya lo había hecho en el campeonato del mundo de 2019. Tras la decisión de Nourine, la Federación Internacional de Judo suspendió  al atleta y a su entrenador mientras que el Comité Olímpico Argelino les retiró las acreditaciones.

Atletas de Irán y Egipto también se han negado anteriormente a competir contra los israelíes. En Río 2016, el egipcio El Shahaby decidió retirarse cuando tenía que luchar contra el israelí Sasson en la división -100 kg. En el Mundial 2019, el organismo rector del judo suspendió a Irán por cuatro años debido a que no les  permitieron a sus atletas pelear con israelíes.

Lo de Fethi Nourin no es una acción individual, sino que responde a una posición política de Argelia. No se puede olvidar que en Argel, la capital y ciudad más populosa de Argelia, fue proclamada por Yasser Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), la declaración de independencia de Palestina el 15 de noviembre de 1988. Allí se conformó el Estado de Palestina designando a Jerusalén como su capital, incluyendo la totalidad de lo que hoy es Israel así como Cisjordania y la Franja de Gaza. Luego de la lectura de la declaración, Arafat, como presidente de la OLP, asumió el cargo de Presidente de Palestina.

La normalización de las relaciones diplomáticas

Los grandes medios hegemónicos han categorizado la acción del yudoca argelino como un acto discriminatorio. Sin embargo, la acción del atleta debe entenderse como una posición política contra el Estado Israelí.

Desde el conflicto israelí-palestino existió un antiguo consenso árabe de que el precio de las relaciones normales con Israel era la independencia de los palestinos. El boicot de la Liga Árabe a Israel es una estrategia adoptada para boicotear las relaciones económicas y de otra índole entre los Estados y ciudadanos árabes e Israel. Es una estrategia de resistencia pacífica para presionar a Israel para que acate las resoluciones internacionales.

Sin embargo, con el paso del tiempo, seis países árabes normalizaron sus vínculos con Israel debilitando de esta manera la estrategia diseñada por la Liga Árabe. La decisión de Fethi Nourin es un ejemplo del rechazo de las normalizaciones, incluso lo que podría ser una normalización simbólica como la competencia en los Juegos Olímpicos.

En la actualidad, un total de 28 estados miembros de las Naciones Unidas no reconocen el Estado de Israel, entre ellos 14 de los 22 miembros de la Liga Árabe. Hasta el año pasado, cuando amplió los lazos diplomáticos a Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos, el Estado sionista solo mantenía relaciones formales con Jordania y Egipto, que en ocasiones han sido tensas hasta en el campo deportivo.

El primer país en normalizar sus relaciones fue Egipto. El expresidente egipcio Anwar Sadat y el ex primer ministro israelí Menachem Begin firmaron la Convención de Camp David el 17 de septiembre de 1978. Eso condujo al Acuerdo de Paz entre Egipto e Israel firmado el 26 de marzo de 1979, algo que no fue bien visto por la población egipcia. Instituciones egipcias y la mayoría de los sindicatos y partidos en Egipto se opusieron a la normalización.

Uno de los últimos países que normalizó sus relaciones con Israel fue Marruecos, que mantiene una disputa con su vecino de Argelia desde hace décadas a causa del Sáhara Occidental.

Como parte del acuerdo entre Marruecos e Israel, Estados Unidos reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, una región en disputa reclamada tanto por Rabat como por el Frente Polisario respaldado por Argelia.

Política y Juegos Olímpicos 

A través de La Carta Olímpica, los impulsores de los Juegos Olímpicos modernos buscaron imponer la idea de que los Juegos debían servir para inspirar a la humanidad en su lucha por superar las diferencias políticas, económicas, de género, raciales y religiosas. Pero pese a esta idea, la política se ha logrado colar en varios juegos de manera explícita.

En 1936, los nazis utilizaron los Juegos de Berlín para propagar la idea de la superioridad de la raza aria. En 1931 el Comité Olímpico Internacional había nombrado a Berlín como sede antes de que Hitler llegara al poder. Se trató de una maniobra internacional para contentar a Alemania luego de las duras sanciones económicas y el aislamiento por parte de los países de la Triple Entente en el Tratado de Versalles.

A partir del momento en que Berlín fue nombrada como sede, la pretensión del partido nazi (que en 1933 llegó al poder) fue organizar las Olimpiadas más grandes de la historia. La persecución a las comunidades judías y gitanas no frenó, les prohibieron competir y visitar zonas urbanas así como las tiendas y otros espacios deportivos. Los Juegos Olímpicos organizados por los nazis propagaron mundialmente la idea de que existía una supuesta raza superior.

En 1968, en México, el Black Power aprovechó para visibilizar su lucha contra el racismo en Estados Unidos cuando los ganadores de los 200 metros, los estadounidense Tommie Smith y John Carlos, levantaron sus puños durante la ceremonia de premiación.

«Cuando gano, soy americano, no afroamericano. Ahora cuando me equivoco y hago algo malo, ahí sí me recuerdan que soy negro. Somos negros y estamos orgullosos de serlo. La América negra entenderá lo que hicimos esta noche», explicó en su momento Tommie Smith.

Unos meses antes había sido asesinado Martin Luther King, lo que aumentó el enojo de la comunidad negra en Estados Unidos, un acontecimiento que se aprovechó para crear el Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos para pedir la reivindicación de los deportistas negros. Smith y Carlos fueron perseguidos, criticados y amenazados de muerte en su propio país.

En los Juegos de Munich en 1972, el grupo comando palestino Septiembre Negro secuestró y asesinó a nueve personas que formaban parte de la delegación de deportistas israelíes, cuyo objetivo era negociar la liberación de 236 palestinos presos en Israel.

Este hecho desató una espiral de violencia por parte de Israel con el fin de dar caza a los supuestos responsables del acto terrorista. El Comité de Defensa Israelí dio órdenes secretas al Mossad de matar a los once hombres, que según el gobierno de Israel pertenecían a Septiembre Negro y al Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP). Para ello, el servicio secreto israelí creó una unidad encubierta que sería ayudada por Europa en una misión se conocería más tarde como Operación Cólera de Dios. 

El boicot de la guerra fría

En los Juegos de Moscú de 1980, Estados Unidos inicio un boicot en el contexto de la Guerra Fría. Debido a la ocupación en Afganistán en 1979 por parte de los soviéticos, desde el gobierno estadounidense se ordenó que las tropas de la URSS se retiraran. No conforme con eso, exigieron al Comité Olímpico a cambiar la sede. Luego de eso, retiraron a los atletas de la competencia y llamaron a la comunidad internacional a no asistir a Moscú.

En los Juegos de Los Ángeles en 1984 los rusos promovieron otro boicot que incluyó a otros 14 países, debido a la política antisoviética por parte de los Estados Unidos. Durante la competencia olímpica, se realizaron los Juegos de la Amistad donde participaron 48 naciones tanto las que hicieron el boicot como otros equipos que no clasificaron a la competencia de Los Ángeles.

En algunas ocasiones son los deportistas quienes deciden exponer su causa política, abandonando competencias o demostrando en público qué es lo que los moviliza. El deporte forma parte de la sociedad y por lo tanto no puede escapar a los conflictos sociales, como así también los países usan estas instancias para posicionarse políticamente o incluso presionar para seguir con alguna política determinada. Los Juegos Olímpicos no son independientes de esto. Y Tokio no es la excepción.

Por Julián Inzaugarat y Erika Gimenez