Dolores Etchevehere es la protagonista inesperada de una historia que por mucho supera cualquier ficción. Desde Santa Elena, Entre Ríos, nos cuenta una parte de su historia, teñida de violencias e injusticias, y como se embarca en la búsqueda de verdad, justicia y reparación.

Por Antulio Pozzio Hidalgo

Venís de una familia terrateniente, importante en la provincia y de vínculo con el poder. Contaste todo lo que sufriste en términos de violencia de género y que en un momento se produce una ruptura en vos ¿Podrías contar tres momentos o tres imágenes tuyas que grafiquen ese proceso de ruptura?

Hubo más momentos, por supuesto. Se hizo un proceso muy largo. No solamente los años de investigación; el proceso es directamente proporcional a esa estructura tremenda que significa el patriarcado. Tiene unas raíces enormes, es como ir con una pequeña hacha tratando de voltear esa estructura.

Hay una primera (imagen) cuando era chica. Era la diferencia que había dentro de casa con las personas. Dentro de mi casa me llamaba mucho la atención eso, es más, me disgustaba. Acá mismo donde estamos, unos estaban sentados comiendo mucho y muy bien y detrás una persona sirviendo y que comía las sobras. Había algo disruptivo, eso me interpelaba. 

Haciendo un arco tremendo hasta ahora, es una de las cosas que ahora ellos interpelan a través de los medios: “¿Qué hace la gente ahí? ¿Cómo puede ser?” Justamente ahora yo lo realizo, lo llevo al acto. Personas diferentes podemos convivir, cosa que no ocurría en esa escena que te estoy describiendo cuando era chica. Ahí había una exclusión y una ubicación de las personas que habitábamos la misma casa.

Más o menos a los 18 años empiezo a registrar de manera más racional lo que pasaba. Entonces empecé a caer en la cuenta de lo que significaban los pactos, lo que yo le llamo ahora “hacer dinero sin plata”, hacer negocios sin plata. Son sólo pactos. Viste que afuera ellos presionan para generar otro pacto. Esperan que haya una señal por parte de Gustavo (Bordet), como dice Luis Miguel en los videos, para que los salve. Puedo distinguir el momento en el que empiezo  a observar más, a escuchar más. Cuando yo me entero de los pactos y de lo que significaban.

El manejo del poder, ¿verdad?

El manejo del poder, exactamente. En esa etapa yo estaba muy concentrada en escuchar y en registrar. Estaba ávida de saber qué pasaba. Por supuesto que ellos, como siempre, subestiman a las mujeres: “¿Qué va a pensar, qué va a decir, qué va a razonar?”. Directamente ni me registraban. 

Hubo un tercer hito o momento de inflexión: mi firma falsificada. La primera vez que yo veo mi firma falsificada en el comienzo de todo este proceso de investigación.

Los dos pasos previos y este que te involucra directamente

Yo no quiero y me niego a participar de esa asociación ilícita, la que actualmente continúa. Ellos me obligan, sin pedírmelo por supuesto. Pero dicen: “Ah, ¿no querés? No nos importa que no quieras participar de esta asociación ilícita”. Me falsifican la firma para acceder a la administración de toda la sucesión. Tuve hasta como una reacción física. Algo que no podía detener, temblé dos días concretamente.

Un quiebre emocional

Exacto. Yo lo relaciono con haber tenido la experiencia concreta y real de lo que significa la traición. Ser traicionada. Por eso lo pongo como tercer punto haciendo esta cronología muy específica, yo lo tomo como la ruptura con ellos. Yo ya no quise hablar más. A veces me preguntan “¿Cómo pudiste?”. Era una cuestión física, yo no podía.

Todo ese proceso personal te lleva a buscar a otros y empezar a vincularte con el movimiento de mujeres agropecuarias. Ahora con las organizaciones. ¿Cómo elaboraste esa decisión? ¿Cuándo dijiste “va por acá”?


Mis inclinaciones no han surgido como consecuencia de mi relación con ellos o como una reacción contraria a lo que veía en casa. Siempre tuve muy en claro lo que elijo. ¿Qué quiero decir con esto? Vamos a suponer que los Etchevehere corruptos no son los Etchevehere corruptos: igual hubiera seguido este camino y seguramente hubiera sido más virtuoso porque hubiera tenido más tiempo. 

Por eso cuando veo a Juan Grabois lo apuro un poco y le digo “Mirá Juan, muy bien el tema jurídico. Yo no quiero perder más tiempo en esto, por favor. ¿Qué te parece si hacemos un proyecto virtuoso que acompañe el proceso jurídico, judicial-político?”. Político porque íbamos a tocar parte de la política, porque uno de los demandados es un ex-ministro de la Nación.

Entonces le dije a Juan que al mismo tiempo hagamos algo, porque no quiero que pase ni un día más del tiempo que me sacaron. Eso es gravísimo. Esa prepotencia de disponer del tiempo de otra persona, que para mí es lo más valioso. Justamente era una de sus fuerzas: que me canse para que no pueda, para que no llegue. Entonces Juan, como es Juan que siempre va a los hechos, me dijo que sí y acá estamos.

¿Cómo soñaste y cómo soñas ahora al Proyecto Artigas?

Ya no lo sueño: ya estamos acá y en marcha. Tengo muy en claro cuáles son nuestros objetivos y hacia dónde vamos. Claramente vamos a necesitar que continúe en una próxima generación también, porque hay que sostenerlo. Me refiero a alcanzar soberanía alimentaria y por supuesto pan, techo y trabajo. Eso grabado en el corazón a fuego.

En el mediano plazo ¿Cómo te imaginas vos en ese proyecto, en qué lugar? 

Siempre trabajando. Viste que soy muy inquieta. Ando, ando todo el tiempo. A veces la vida tiene sus vueltas sabias y todo esto me encuentra en una etapa en que mis hijos ya están en edad de vivir solos. Yo soy una mamá “helicóptero”, siempre los sobrevuelo, soy muy dedicada a ellos desde que nacieron y siempre estuve muy presente. También llegó ese momento en el que ellos tienen que recorrer su vida personal. Obviamente van a venir y voy a ir a visitarlos. Pero ya en una edad universitaria en la que pueden vivir solos, entre ellos están muy bien organizados y felices. Entonces yo puedo dedicar todo el día como lo dedico, pongo todo mi corazón, toda mi inteligencia, toda mi lucidez en este proyecto. Y feliz de que haya llegado también en este momento, no cuando ellos eran más chicos que es otra demanda.

¿Cuáles son las cosas que se tienen que dar en la sociedad entrerriana para que un proyecto como el Proyecto Artigas pueda prosperar?

Lo que me preguntas es parte de nuestra lucha: patear el tablero de los agrotóxicos. Primero tratemos que en la provincia haya una decisión de la política, de donde sea, para que esté prohibido en su totalidad fumigar con agrotóxicos. Basta. Cero agrotóxicos. Tenemos que partir desde ahí, sino tenemos personas intoxicadas, envenenadas. Se les acorta la vida. Eso es lo primero que tenemos que hacer. 

¿Ves en la agroecología  una alternativa real al agronegocio? 

Es una alternativa real, posible y económicamente rentable. Y, además, ayudamos a que las personas tengan buena salud. Recordemos que el 50% de los chiquitos del Garrahan con cáncer son de Entre Ríos. Es mucho.