El gobierno de Modi evade su responsabilidad durante la segunda ola de Covid-19

Un trabajador en Ahmedabad, India, carga un camión lleno de cilindros de oxígeno vacíos para ser trasladados a un punto de reabastecimiento. Foto: Amit Dave

India está siendo azotada por una severa segunda ola de COVID-19 y registra el mayor número de contagios desde que comenzó la pandemia. La crisis actual se agrava por la falta de oxígeno en los hospitales. El debate en relación a la responsabilidad del gobiernos central y la continuidad del plan de vacunación. 

Por Prabir Purkayastha vía Newsclick*

La pandemia de COVID-19 no da señales de disminuir en el país, con cifras que rozaron los tres lakhs (300 mil) el 20 de abril. Los hospitales se están quedando sin camas, sin capacidad en las UCI e incluso sin oxígeno. En consecuencia, el número de muertos también aumenta, con informes de cadáveres que se acumulan en morgues, crematorios y cementerios.

Casos activos de COVID-19 por región. Fuente: Newsclick

Las cifras de la India han superado con creces a países como Estados Unidos y Brasil, que hasta ahora eran los de peor rendimiento. Y lo que es peor, el aplanamiento de la curva tardará en producirse. Hay nuevos estados y ciudades afectadas, y sus cifras están aumentando de forma bastante pronunciada, aún cuando las cifras de Maharashtra están empezando a aplanarse. Y lo que es más preocupante, el número de positivos a las pruebas es superior a 1 de cada 5 —más de cuatro veces de lo que era hace unos meses—, lo que indica que el número real de infectados es aún mayor.

¿Qué ha fallado en la gestión de la epidemia por parte del gobierno central? El gobierno no estaba en absoluto preparado para la segunda ola, que empezó a subir vertiginosamente hace un mes. El gobierno central y sus expertos creían que la pandemia de COVID-19 terminaría en febrero de 2021, tras lo cual el país podría volver a la normalidad. El gobierno de Modi creyó su propia propaganda del llamado supermodelo DST (Departamento de Ciencia y Tecnología) y se dedicó a sacar pecho de su gran éxito. Se estaba preparando para convertir este «éxito» en una victoria electoral en las próximas elecciones estatales, cuando llegó la segunda ola.

Cuando las cifras empezaron a aumentar, en lugar de intentar elaborar un plan de cooperación en todo el país para combatir la epidemia, el BJP (Partido Popular Indio) pasó a la ofensiva. Los ministros centrales culparon a los gobiernos estatales por no hacer lo suficiente y a la gente por haber abandonado las normas de seguridad de las máscaras y el distanciamiento social. Todo ello a pesar de que el propio gobierno central había señalado una vuelta a la normalidad con mítines públicos, campañas electorales y enormes reuniones religiosas como el Kumbha Mela. Si la gente relajó las normas de COVID-19, solo siguió lo que hacían los líderes en las tarimas durante los mítines —Narendra Modi y Amit Shah incluidos—.

La primera oleada de COVID-19 alcanzó su punto máximo a mediados de septiembre de 2020, rozando el millón de nuevos contagios. Bajó a la mitad en un mes, y a partir de mediados de octubre las cifras descendieron aún más, hasta finales de febrero. Este respiro de casi cuatro meses debería haberse aprovechado para reforzar el sistema sanitario público del país: aumentar las camas de los hospitales, las instalaciones de la UCI, construir una cadena de suministro de oxígeno y preparar protocolos sobre cómo manejar la próxima ola.

Fortalecer el sistema de salud pública, introducir directrices claras y hacer que los estados y los gobiernos locales funcionen juntos es la primera línea de defensa para manejar una pandemia. La tragedia es que el gobierno central, que ha centralizado todos los poderes bajo la Ley de Gestión de Catástrofes, se negó a prepararse o a preparar a los estados para esta segunda ola, creyendo que la pandemia había terminado.

El peor fallo de la crisis actual es la falta de oxígeno en los hospitales. Cuando los pulmones de los pacientes están afectados por el COVID-19, la «medicina» más importante es el oxígeno. Las noticias nos hablan de pacientes que mueren cuando los hospitales se quedan sin oxígeno. Muchos hospitales de la capital del país informan de que sólo les quedan unas horas de oxígeno. Si esta es la situación en la capital, y además en los hospitales de élite, imagínense la situación de los hospitales de otros lugares.

En la primera oleada, la propagación se limitó a unos pocos estados y, en ellos, a zonas densamente pobladas. Esta vez, la enfermedad se ha extendido a casi todos los estados y a un sector mucho más amplio de la población. El núcleo de la crisis actual es que la propagación ha superado la capacidad de los hospitales de todo el país. Una de las razones principales de las muertes durante una epidemia es que el número de pacientes graves supera la disponibilidad de camas de hospital y suministros de oxígeno. Es entonces cuando empiezan a aumentar las muertes.

¿Por qué no empezamos a prepararnos para esta eventualidad hace tres semanas? Fue entonces cuando la velocidad a la que aumentaban los casos debería haber advertido al gobierno central de una crisis inminente. Con las señales de alarma evidentes hace tres semanas, al menos podría haber planificado la producción de más oxígeno y la logística para hacerlo llegar a los estados y hospitales. Desde ese momento, podría haber dado prioridad al oxígeno médico sobre su uso industrial, como estamos haciendo ahora, con retraso.

¿Por qué el gobierno no tomó medidas urgentes y se preparó para un aumento de esta magnitud? Por desgracia, este gobierno está completamente centralizado. Sólo el Primer Ministro y el Ministro del Interior tienen capacidad de actuación. Los demás ministros se limitan a desestimar cualquier crítica, incluso de tipo constructivo, como la del ex primer ministro Manmohan Singh. Parece que tanto Modi como Amit Shah tenían la vista puesta en ganar las elecciones en el este, especialmente en la Asamblea de Bengala Occidental. Sólo después de que todos los demás partidos políticos suspendieran sus mítines, el BJP se dio cuenta de la mala óptica que suponía que el primer ministro siguiera en modo electoral en medio de una gran pandemia. Para entonces, ya era demasiado tarde, y esto nos ha llevado a una situación desesperada.

Vacunaciones

Con sus continuos anuncios sobre las vacunas, el gobierno se atribuye mucho más mérito del que hemos conseguido. En primer lugar, la afirmación de que hemos vacunado a 12,7 millones de personas. No es así. Aunque se han inyectado 12,7 millones de dosis de vacunas, ni siquiera dos millones de personas han recibido las dos dosis necesarias.

A principios de abril, estados como Maharashtra, Delhi y Punjab se quejaban de que los suministros de vacunas se estaban agotando. El ministro de Sanidad, Harsh Vardhan Singh, desestimó sus quejas por considerar que estaban politizando su «fracaso en el control de la pandemia del Covid-19». Desgraciadamente para las afirmaciones del Ministro, las cifras de vacunación muestran que el número de dosis de vacunas inyectadas por día ha llegado efectivamente a la mitad de lo que eran a principios de abril, confirmando lo que estos estados decían entonces.

En su declaración del 7 de abril, citada anteriormente, el Ministro de Sanidad también dijo: «Mientras el suministro de vacunas siga siendo limitado, no hay otra opción que priorizar [quién recibe las vacunas]. Esta es también la práctica establecida en todo el mundo, y es bien conocida por todos los gobiernos estatales». Si esta era la política correcta hace dos semanas, ¿puede el gobierno de Modi explicar por qué propone ahora que se vacune a todos los mayores de 18 años? No se ha ofrecido ninguna explicación sobre tal cambio, teniendo en cuenta que los suministros de vacunas no sólo siguen siendo limitados, sino que son menos de la mitad de lo que eran hace dos o tres semanas.

Tampoco se ha anunciado ningún plan sobre cómo el país aumentará su producción y suministro para cumplir el objetivo ampliado de vacunar a todos los mayores de 18 años. En cambio, el gobierno central ha abandonado la responsabilidad de adquirir o suministrar las vacunas, excepto a los trabajadores sanitarios y a los mayores de 45 años. Abastecerá esta necesidad con el 50% de la producción de vacunas del país. El 50% restante corresponderá a los gobiernos estatales y al mercado abierto. Así, los gobiernos estatales son ahora directamente responsables de la adquisición de sus vacunas, pero sin ningún mecanismo en sus manos para hacerlo. El gobierno central también ha eliminado todos los controles de precios de las vacunas, permitiendo a los fabricantes venderlas en el mercado abierto.

En lugar de un plan bien pensado para aumentar la producción de vacunas e inmunizar a toda la población, esto parece ser un ejercicio cínico para abandonar la responsabilidad de vacunar a la gente y culpar a los gobiernos estatales por no haber inmunizado a todo el mundo.

El gobierno central se está reuniendo con los fabricantes para discutir cómo aumentar la producción. Este es un ejercicio que debería haberse realizado hace 4 o 6 meses. Modi habla del sector privado y de sus contribuciones, olvidando que es el sector público, con instituciones como el Instituto Haffkine, el pionero en la fabricación de vacunas en el país. Son el ICMR y el Instituto Nacional de Virología (NIV) los que desarrollaron el Covaxin y lo licenciaron a Bharat Biotech en régimen de monopolio.

No hay ninguna razón por la que el ICMR-NIV no debería haber concedido la licencia a otros fabricantes de vacunas, incluyendo media docena de unidades del sector público que hoy están inactivas. Esto habría aumentado nuestra capacidad de fabricación de vacunas y nos habría colocado en una posición mucho mejor en cuanto a la disponibilidad de suministros de vacunas, en lugar de crear otro monopolio de vacunas con tecnología del sector público y dinero público.

El gobierno de Modi cree en la centralización de todo el poder político en sus manos y en dejar que el «libre mercado» liderado por las grandes casas monopolistas resuelva los problemas del país. Y si tal política fracasa, culpa a los gobiernos estatales, a las fuerzas antinacionales y, finalmente, a la oposición.

¿Cuánto tiempo puede el gobierno central continuar con esta política antes de que el pueblo les llame la atención? Puede que la memoria de la gente no sea tan corta como creen el gobierno de Modi y la maquinaria de propaganda del BJP.

 

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