El racismo estructural y los refugiados ucranianos

La ola de ucranianos huyendo de su país tras el inicio de la guerra contó con la solidaridad de los mismo gobiernos que impiden desplazamientos desde África y Medio Oriente.

Los refugiados esperan en una multitud para el transporte después de huir de Ucrania y llegar al cruce fronterizo en Medyka, Polonia. Foto: AP

El inicio de la operación militar rusa en territorio ucraniano generó una oleada de desplazamientos en el territorio europeo. Según informó la Agencia de la ONU para Refugiados ACNUR, cerca de dos millones de ucranianos, en su mayoría mujeres y niños, dejaron el territorio desde el inicio de los enfrentamientos y se calcula que de continuar el flujo ese número podría llegar a cuatro millones. 

Quienes deciden salir del país lo hacen principalmente por tierra y a través de la frontera oeste. Más del 57% del total de ucranianos desplazados huyeron a Polonia, mientras que otros fueron recibidos en Hungría, Eslovaquia, Moldavia y Rumanía. Algunos ucranianos han dejado el territorio en dirección este hacia Rusia y Bielorrusia, y se calcula que otros 157.056 desplazados huyeron a otros países europeos.

La oleada de desplazamientos llegó acompañada de imágenes de familias enteras huyendo en dirección hacia occidente, lo cual motivó una fuerte reacción internacional. Además de muestras de solidaridad con homenajes a la bandera ucraniana, los países de occidente resolvieron adoptar una serie de medidas receptivas para hacer frente a la crisis. 

Desde el inicio del mes de marzo, los 27 miembros de la Unión Europea acordaron otorgar de manera automática una protección temporal que le permita a las personas de nacionalidad ucraniana desplazarse por los estados miembros, buscar trabajo y tener acceso a asistencia médica. A su vez, el gobierno de Polonia ha elaborado programas de alojamiento para los recién llegados en viviendas particulares, mientras que Eslovaquia ofrece transporte gratuito y la posibilidad de trabajar en el país.

Por su parte, Estados Unidos anunció que otorgará asistencia humanitaria para todos los ucranianos que se encuentren en el país con el fin de protegerlos de ser deportados. Según el anuncio, los ucranianos podrán permanecer en territorio estadounidense hasta por 18 meses en virtud del programa conocido como estatus de protección temporal. Para acceder, los ucranianos deben haberse encontrado en Estados Unidos al menos desde el martes.

Tras varios días de enfrentamientos, el gobierno de Rusia anunció este lunes un alto al fuego unilateral. “La Federación Rusa anuncia un alto al fuego a partir de las 10h00 horas de Moscú [07h00 GMT] del 8 de marzo para la evacuación de civiles de Kiev, así como de las ciudades de Sumy, Járkov, Chernígov y Mariúpol”, indicó la célula del ministerio de Defensa ruso encargada de las operaciones humanitarias en Ucrania.

El último diálogo con las autoridades ucranianas tuvo sus desacuerdos debido a que la mitad de los corredores humanitarios habilitados se dirigían a Rusia y Bielorrusia.  La viceprimera ministra llegó a decir que «no es una opción aceptable», al tiempo que el representante ruso acusó a Ucrania de impedir la evacuación de civiles de zonas de combate y de “usar [a los civiles] directa e indirectamente incluso como escudos humanos, lo que es claramente un crimen de guerra”.

La jerarquía entre los refugiados

El recibimiento de los refugiados ucranianos se da en paralelo a las denuncias de privilegios y acusaciones de racismo. Tanto Estados Unidos como parte de los gobiernos europeos siguen la dirección opuesta a las posiciones asumidas en desplazamientos recientes. En el caso de la crisis de 2015, cuando cerca de un millón de refugiados y solicitantes de asilo salieron de Siria en guerra civil rumbo a Europa, y sin embargo, no despertaron muestras de solidaridad.

En ese momento, varios de los países europeos apostaron por el ultranacionalismo, negándose a recibir a las personas que pedían protección procedentes de África u Oriente Medio. Entre los gobiernos que se cerraron a los inmigrantes están el de Hungría, de Viktor Orban, y el de Polonia, dirigido por Andrzej Duda, que en enero comenzó la construcción de una barrera metálica de 186 kilómetros. El objetivo de dicha estructura es detener los desplazamientos luego de que casi 40.000 personas procedentes de Oriente Medio, Afganistán y África intentaran cruzar Bielorrusia en 2021.

Si bien diferentes organizaciones solicitaron la intervención de la Unión Europea para frenar dicho proyecto, los motivos no fueron humanitarios. ONGs de 25 países sostienen que el proyecto atravesará varias zonas protegidas de la red Natura 2000, entre ellas el Bosque de Bialowieza, Patrimonio Natural de la Humanidad de la Unesco y hogar del bisonte europeo, el lince y otras especies en peligro de extinción. De construirse, el muro dividirá los hábitats de los animales e interrumpirá la conectividad ecológica.

Además de Hungría y Polonia, la Unión Europea también despliega mecanismos de contención de oleadas de desplazados en sus fronteras. Tras la crisis de 2015, la Unión Europea tiene un acuerdo con Turquía —país por el que llegan la mayoría de los refugiados de Oriente Medio y África— para frenar el flujo de personas se dirigen hacia Grecia. A su vez, los gobiernos europeos prestan apoyo a los guardacostas de Libia para frenar las embarcaciones que llegan con desplazados africanos a través del Mar Mediterráneo.

El Primer Ministro búlgaro, Kiril Petkov, llegó a expresar que “estos no son los refugiados a los que estamos acostumbrados. Se trata de personas que son europeas. Son personas inteligentes y educadas. Ninguno de los países europeos tiene miedo de la ola de inmigrantes que se avecina”.

El comentarista Charlie D’Agata, corresponsal en Ucrania del canal CBS News, dijo que las imágenes de la guerra son chocantes porque “este no es un lugar, con todos los respetos, como Irak o Afganistán, que han visto conflictos violentos durante décadas. Esta [Kiev, la capital ucraniana] es una ciudad relativamente civilizada, relativamente europea —tengo que elegir bien esas palabras— en la que no se esperaría esto”.

Según explica el especialista en Estudios de Paz de la Universidad de Oslo, Alexandre Addor, “es un flujo de refugiados diferente, en esa perspectiva de ser un hermano europeo. En la Guerra de los Balcanes [1991- 1995], Europa recibió a los refugiados blancos. La xenofobia en los países de Europa es enorme, pero como la cultura es similar, está cerca, existe esta jerarquía de los refugiados. Es diferente a lo que ocurre con los africanos y la gente que llega de Oriente Medio”.

Esta diferencia aparece también en el caso ucraniano. Según una denuncia de la ONU, personas de origen africano y asiático han sufrido episodios de racismo al intentar cruzar la frontera ucraniana hacia países limítrofes. El secretario general, António Guterres, «está conmocionado por los numerosas informes de racismo, acoso y discriminación que personas de distintas razas han sufrido cuando trataban de dejar Ucrania, así como en países vecinos al buscar refugio del conflicto».

En el caso de Estados Unidos, la decisión de otorgar ayuda humanitaria a los ucranianos que estén en el país contrasta con la política migratoria que Washington sostiene en su frontera sur y también dentro de su territorio. En suelo norteamericano, cerca de 1,6 millones de personas están esperando una respuesta a su pedido de asilo desde hace meses e incluso años. 

Del lado mexicano, la situación es aún más preocupante. Miles de solicitantes de asilo deben aguardar una respuesta del otro lado de la frontera a partir de la aplicación de la llamada iniciativa “Quédate en México”, implementada durante la gestión de Donald Trump y reestablecida por la corte de Texas a fines de 2021. Tras el inicio de la pandemia, el flujo de desplazados hacia suelo estadounidense se ha incrementado y, con ello, las medidas de contención del gobierno demócrata, elegido con un discurso de receptividad hacia los desplazados.

A pesar de las medidas adoptadas, la bienvenida puede tener una fecha de caducidad. La posición de Europa en relación a este asunto se ve debilitada por la aplicación de sanciones económicas poco eficaces contra el Kremlin. De momento, las puertas están abiertas para los ucranianos, pero a medio y largo plazo, la absorción social puede no ser tan positiva. Addor añade que existe una «distinción muy clara entre los europeos del Este y del Oeste».

«Europa tiene capacidad para absorber a estas personas, pero ¿en qué medida va a repercutir esto en la sociedad? Ya hemos visto que hay xenofobia, racismo y el pensamiento de me están robando el trabajo. Es una Europa que tiene un discurso de puertas abiertas, pero que cierra la puerta a la mayoría de los refugiados del mundo. Están tratando de recuperar esa debilidad [en la lucha contra Putin] y mostrarse fuertes en el aspecto humanitario» sostiene Addor.