La agenda de privatización de Modi y el desastre del COVID-19 en la India

Foto: Bikas Das / AP
El liderazgo incompetente y vanidoso de la India, combinado con la creencia de la derecha en el capitalismo mágico, ha conducido al desastre al que se enfrenta el país.

Por Prabir Purkayastha*

Si bien la incompetencia del Gobierno indio ya había quedado en evidencia por su gestión de la segunda ola de COVID-19, su actuación frente a las vacunas ha sido mucho peor. El Gobierno del primer ministro Narendra Modi, dirigido por el Partido Popular Indio (Bharatiya Janata Party-BJP) – que parece creer en el capitalismo de libre mercado – piensa que el mismo mercado producirá mágicamente el número de vacunas que el país necesita. Por lo menos, esto explicaría por qué ha privado de apoyo a siete unidades de fabricación de vacunas del sector público – según un artículo publicado el 17 de abril en Down to Earth –, en lugar de aumentar la tan necesaria producción.

Los derechos de producción de la vacuna del sector público, Covaxin, desarrollada por el Consejo Indio de Investigación Médica (ICMR) y el Instituto Nacional de Virología (NIV), en colaboración con Bharat Biotech, fueron cedidos – de manera exclusiva – al socio de la empresa privada. El Gobierno indio también creía que Serum Institute of India (otra empresa del sector privado y el mayor fabricante de vacunas del mundo, que se ha asociado con AstraZeneca para producir Covishield) fabricaría vacunas según las necesidades del país sin necesidad de solicitudes previas o apoyo de capital. El Gobierno ni siquiera vio la necesidad de intervenir y evitar que el nuevo aliado de la India, Estados Unidos, dejara de suministrar al país materias primas necesarias para la fabricación de vacunas.

La absoluta negligencia del Gobierno se pone de manifiesto en el hecho de que, a pesar de que India cuenta con unas 20 instalaciones habilitadas para la fabricación de vacunas y 30 fabricantes de productos biológicos (todos los cuales podrían haber sido aprovechados para la fabricación de vacunas) sólo dos empresas están produciendo vacunas. Además, el ritmo es absolutamente inadecuado para las necesidades de la India.

La India tiene una larga historia de desarrollo de vacunas, que se remonta al Instituto Haffkine de Formación, Investigación y Pruebas, en Mumbai, en la década de 1920. Con la Ley de Patentes de 1970 y la ingeniería inversa de medicamentos por parte de los laboratorios del Consejo de Investigación Científica e Industrial (CSIR), el país también rompió el monopolio de las multinacionales mundiales. Es por este cambio, producto de la lucha de la izquierda, que la India se convirtió en el mayor proveedor de medicamentos y vacunas genéricas del mundo y en la farmacia mundial de los pobres.

Bill Gates habló recientemente con Sky News, de Reino Unido, acerca de la propuesta de India y Sudáfrica a la Organización Mundial del Comercio sobre la necesidad de levantar la protección de la propiedad intelectual para las vacunas y los medicamentos del COVID-19 durante la pandemia. Gates afirmó que la propiedad intelectual no es el problema y que “trasladar una vacuna… a una fábrica en la India… sólo puede ocurrir gracias a nuestras subvenciones y a nuestra experiencia”. En otras palabras, si el hombre blanco no viene a decirle a la India y a otros países de renta media cómo fabricar vacunas y les proporcione dinero para hacerlo, estos países no podrán fabricar vacunas por sí mismos.

Esto es un refrito del debate sobre el sida, en el que los Gobiernos occidentales y las grandes farmacéuticas argumentaron que el desarrollo de medicamentos genéricos contra la enfermedad conduciría a la fabricación de medicamentos de mala calidad y al robo de la propiedad intelectual occidental. Bill Gates, que construyó su fortuna con la propiedad intelectual de Microsoft, es el principal defensor de la propiedad intelectual en el mundo. Con su nueva aureola de gran filántropo, está liderando la arremetida de la Gran Farmacia contra el debilitamiento de las patentes en el escenario mundial. El papel de la Fundación Bill y Melinda Gates, uno de los principales financiadores de la Organización Mundial de la Salud, es también diluir cualquier movimiento de la OMS para compartir patentes y conocimientos durante la pandemia.

Las empresas indias son los mayores fabricantes de vacunas existentes por volumen en el mundo, según el Informe sobre el Mercado Mundial de Vacunas 2020 de la OMS. Sin embargo, cuando se mide la fabricación de vacunas por su valor, la cuota mundial de las empresas multinacionales o Big Pharma es mucho mayor que la de la India. Por ejemplo, según el informe de la OMS, GlaxoSmithKline (GSK), con el 11% del mercado mundial en volumen, genera el 40% del mercado en valor, mientras que Serum Institute, con el 28% del mercado en volumen, sólo tiene el 3% del mercado en valor. Esto demuestra que las vacunas protegidas por patentes, con precios monopolizados, obtienen precios mucho más altos. Este es el modelo que venden Bill Gates y los suyos: dejar que las grandes farmacéuticas ganen mucho dinero aunque lleven a la quiebra a los países más pobres. El dinero filantrópico occidental de Gates y Warren Buffett “ayudará” al pobre Tercer Mundo a conseguir algunas vacunas, aunque sea lentamente. Siempre y cuando sean ellos quienes lleven la voz cantante.

El enfoque del Gobierno de Modi respecto a las vacunas, se basa en el pilar central de la ideología del Rashtriya Swayamsevak Sangh – que sirve de padre ideológico del BJP en el poder –, según el cual la tarea del Estado es únicamente ayudar al gran capital. Todo lo demás, incluida la planificación, es considerado por la derecha como socialismo. En el caso de las vacunas, esto se traduce en no hacer ningún intento para que las empresas, tanto del sector público como del privado, hagan los preparativos necesarios para un programa de vacunación rápido: poner el dinero y proporcionar la cadena de suministro necesaria. En su lugar, el Gobierno creyó que la industria farmacéutica privada de la India se encargaría de todo por sí misma.

Olvidó que la industria farmacéutica india fue producto de la ciencia de dominio público – las instituciones del CSIR –, del sector público y de empresas nacionalistas como Cipla. Todos ellos surgieron del movimiento nacional y construyeron la industria farmacéutica india. Instituciones como el Instituto Haffkine, bajo la dirección de Sahib Sokhey, y el Centro de Biología Celular y Molecular (CCMB), construido bajo la dirección del Dr. Pushpa Bhargava, fueron los que dieron lugar a la capacidad de India en materia de vacunas y productos biológicos. Sobre esta base descansa la capacidad de fabricación de vacunas de India.

No son las empresas niji (privadas) las que construyeron la capacidad de fabricación de vacunas en India, como afirma el Primer Ministro Narendra Modi. Las empresas del sector privado se montaron sobre la base de la ciencia y la tecnología del sector público que se construyó en el país entre los años 50 y 90.

El Gobierno indio abrió recientemente (el 1 de mayo) la vacunación para todos los adultos del país. Para vacunar a toda la población elegible – mayores de 18 años –, India necesitaría unos 2.000 millones de dosis de la vacuna (esto para aplicar las dos inyecciones necesarias por persona). Para planificar la producción de un pedido de esta envergadura, además de la tecnología y el apoyo de capital, la India necesita también planificar la compleja cadena de suministro que se requiere para la producción. Esto incluye materias primas y suministros intermedios, como filtros y bolsas especiales. Hay al menos 37 “artículos críticos” cuya exportación está actualmente embargada por Estados Unidos en virtud de la Ley de Producción de Defensa de 1950, una reliquia de la Guerra de Corea.

El 16 de abril, Adar Poonawalla, director del Instituto del Suero de la India, recurrió a Twitter para pedir al presidente estadounidense Joe Biden “que levante el embargo de las exportaciones de materias primas fuera de Estados Unidos para que pueda aumentar la producción de vacunas”.

Si la India reuniera la capacidad de producción del Serum Institute, Bharat Biotech, Biological E y Haffkine Bio-Pharmaceutical Corporation Limited, y las otras cinco empresas que han firmado para fabricar Sputnik V, desarrollada por el Centro Nacional de Epidemiología de Gamaleya, podría haber previsto una capacidad de producción anual de más de 3.000 millones de dosis. Si también incluyera las unidades del sector público que están paradas bajo el Gobierno de Modi, la India podría haber aumentado fácilmente su capacidad de fabricación de vacunas a 4.000 millones de dosis y producir, en 2021, los 2.000 millones de dosis necesarias y más. Esto habría permitido a la India vacunar completamente a su población objetivo y aún así tener suficiente para cumplir con sus compromisos de exportación, incluyendo el programa acelerador de acceso a las herramientas de COVID-19 (ACT) de la OMS y su pilar de vacunas de COVAX. Lo que hace falta es una comisión de planificación que pueda planificar este ejercicio y crear la voluntad política para llevarlo a cabo, en vez de un vacuo Niti Ayog – el think tank de políticas públicas del Gobierno indio – y un Gobierno incompetente.

En lugar de esto, el Gobierno de Modi ni siquiera se molestó en hacer un pedido al Instituto del Suero hasta el 11 de enero, y eso por unas míseras 11 millones de dosis. El siguiente pedido de 120 millones de dosis de Covishield y Covaxin no se realizó hasta la tercera semana de marzo, cuando el número de casos había alcanzado una carga diaria de casi 40.000, y la India estaba completamente sumergida en su mortífera segunda ola. El Gobierno parecía confiar en su creencia en la magia del mercado capitalista, que resolvería todos sus problemas, sin ningún esfuerzo real por parte del centro.

India y Sudáfrica han pedido a la OMC que considere la posibilidad de renunciar a las normas relativas a la propiedad intelectual durante la pandemia, y han solicitado además que los conocimientos, incluidas las patentes y el know-how, se compartan sin restricciones. Esta propuesta ha sido respaldada por la OMS y cuenta con un gran apoyo entre la mayoría de los países de Asia, África y América Latina. Los que se resisten, como es de esperar, son los países ricos, que quieren proteger el mercado mundial de vacunas para sus grandes empresas farmacéuticas. Bajo la presión de la comunidad mundial y la mala opinión sobre el acaparamiento de vacunas por parte de Estados Unidos, la administración Biden acaba de decidir aceptar la iniciativa de Sudáfrica e India de una exención temporal de patentes, después de haberla bloqueado en la OMC. Pero esta exención se limita a las patentes de vacunas y no se extiende a otras patentes o a la propiedad intelectual asociada, como había sugerido la propuesta de Sudáfrica e India. Esto no deja de ser una victoria para la comunidad mundial de la salud pública, aunque sólo es un primer paso.

Si bien India está encabezando la necesidad de compartir los conocimientos técnicos con todas las empresas capaces de fabricar vacunas, todavía tiene que explicar por qué ha concedido una licencia exclusiva a Bharat Biotech para fabricar una vacuna desarrollada con dinero público y en instituciones públicas como el ICMR y el NIV. ¿Por qué no se comparte bajo una licencia no exclusiva tanto con las empresas indias como con las de fuera de la India? En cambio, el ICMR está recibiendo regalías de Bharat Biotech por compartir sus conocimientos técnicos exclusivamente con Bharat Biotech. Bajo la presión de la opinión pública, el ICMR está compartiendo ahora sus conocimientos con el Gobierno del estado indio de Maharashtra, la empresa pública Haffkine Bio-Pharmaceutical Corporation Limited, mientras que da a Bharat Biotech un plazo de seis meses con dinero de apoyo financiero del Gobierno central.

Modi había soñado que India sería el brazo de las vacunas del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (conocido como Quad). Olvidó que para competir con China, India necesita una base de producción de vacunas que no sólo se ocupe de sus necesidades de vacunación, sino que también cumpla con todos sus compromisos externos. China puede hacerlo porque ya ha desarrollado al menos tres vacunas – Sinopharm, Sinovac y CanSino – que han sido licenciadas a otros. Su producción se está incrementando y China es el mayor proveedor de vacunas a países de Asia, África y América Latina. Y también ha conseguido controlar la propagación del virus COVID-19, a diferencia de la India.

Aquí es donde el Gobierno de Modi ha fallado, y mucho. Un liderazgo incompetente y vanidoso, combinado con la creencia del RSS en el capitalismo mágico, ha conducido al desastre al que nos enfrentamos ahora.

Este artículo ha sido producido en colaboración con Newsclick y Globetrotter.


 

 

Prabir Purkayastha es Editor Fundador de Newsclick y activista de la ciencia y del movimiento del software libre.