Desde mediados del siglo XX, Argentina construyó uno de los programas nucleares más avanzados del mundo. La creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica en 1950 marcó el inicio de una política de Estado que permitió desarrollar tecnología propia, formar recursos humanos altamente especializados y dominar todo el ciclo del combustible nuclear.
Gracias a ese recorrido, el país diseñó y exportó reactores de investigación, produce radioisótopos para uso médico e industrial y se convirtió en uno de los pocos Estados con capacidad para desarrollar tecnología nuclear de manera integral y con fines exclusivamente pacíficos. Esa combinación de conocimiento científico, desarrollo tecnológico e infraestructura posicionó a Argentina como una referencia internacional en el sector nuclear.
Sin embargo, distintos investigadores advierten que ese capital estratégico podría comenzar a deteriorarse.
Uno de ellos es Andrés Kreiner, investigador del sistema científico nacional, quien alertó recientemente que alrededor de 500 profesionales ya abandonaron el sector nuclear argentino. Según explicó, la fuerte pérdida del poder adquisitivo de los salarios —que estima en más del 40%— llevó a numerosos científicos e ingenieros a emigrar, jubilarse anticipadamente o incorporarse al sector privado y al exterior.
A este escenario se suma la situación del proyecto CAREM, el primer reactor modular pequeño (SMR) diseñado íntegramente en Argentina. Su construcción sufrió sucesivas demoras y recortes presupuestarios durante el gobierno de Javier Milei.
El prototipo comercial para exportar energía nuclear, el CAREM II nunca llegó a construirse ya que sus obras quedaron paralizadas. Este prototipo era el paso indispensable para validar la tecnología y avanzar hacia una futura producción exportable. Además, representaba la posibilidad de que Argentina se posicionara entre los pocos países capaces de desarrollar esta nueva generación de reactores modulares, un mercado que hoy lideran principalmente Rusia y China.
En paralelo, el Gobierno confirmó en las últimas semanas la no renovación de 61 contratos en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), una decisión que volvió a encender las alarmas entre trabajadores e investigadores del organismo.
Al mismo tiempo, la administración nacional anunció su intención de avanzar con nuevas inversiones para desarrollar un reactor en el complejo Atucha. El proyecto contempla la participación de Meitner Energy, empresa vinculada al Grupo Ansari, de origen estadounidense. Ese escenario abrió un nuevo debate dentro del sector: ¿Argentina está reemplazando capacidades tecnológicas propias por inversión extranjera? ¿Cómo el gobierno anuncia un proyecto nuclear y al mismo tiempo debilita al sector? ¿Quiénes se encargarán de la energía nuclear argentina?

☢️ ARGENTINA FRENÓ SU REACTOR Y APUESTA A UNO CON CAPITAL ESTADOUNIDENSE
📷 El Gobierno anunció una inversión de USD 12.000 millones para desarrollar el reactor nuclear ACR-300 con participación de capitales extranjeros, mientras continúa paralizado el CAREM, el reactor… pic.twitter.com/gd11u8hxc8
— EcoNews en español (@econewsES) July 6, 2026
El debate, en definitiva, no gira solamente alrededor de un presupuesto o de una obra paralizada. También pone en discusión cuál será el lugar que ocupará Argentina en el desarrollo nuclear de las próximas décadas y si las futuras generaciones encontrarán las condiciones para continuar una tradición científica que convirtió al país en un referente internacional.








