Las plataformas de trabajo son “una especie de trabajo a destajo: si querés trabajar 20 horas, lo hacés”

La muerte de Matías Agustín Ledesma, de 19 años, repartidor de PedidosYa, en el paso a nivel de City Bell volvió a poner en escena una realidad que miles de trabajadores atraviesan todos los días: pedalear durante horas, circular entre el tránsito, responder a los tiempos de una aplicación y asumir con recursos propios los costos y riesgos de trabajar en la calle. Ante la ausencia de datos oficiales de cuántas muertes se producen bajo esta modalidad se plantea la necesidad de la construcción de derechos laborales.

Matías Ledesma murió tras ser arrollado por una formación del tren Roca en el paso a nivel de 476 y Camino Centenario, en City Bell. Aunque la investigación judicial busca determinar las circunstancias del hecho, es evidente que murió trabajando.

El caso funciona como testigo de una modalidad laboral que creció en los últimos años y que tiene una característica central: la plataforma organiza el trabajo, pero buena parte de los costos y riesgos quedan del lado de quien trabaja.

Alejandro trabaja con plataformas y conoce esa realidad desde adentro. Para ARG Medios pudo dar su testimonio. Para él, una de las principales características del sistema es la lógica del trabajo a destajo.

“Es una especie de trabajo a destajo, sin horarios, o sea, si querés trabajar 20 horas por día, lo hacés”, explica.

La ecuación es directa: más pedidos significan más ingresos. Pero también más horas sobre la bicicleta, más kilómetros y mayor desgaste físico.

La presión aparece entonces de una manera diferente a la del empleo tradicional. La presión está en la propia dinámica de la aplicación: pedidos, incentivos, rankings y alertas que empujan a permanecer conectado.

La lluvia es uno de los ejemplos más claros.

“La aplicación te paga más en el momento de lluvia, te manda alertas diciendo que salgas, siendo de lluvia y a la noche, y el trabajo se vuelve sustancialmente más complicado. Hay una recompensa, porque hay más pedidos y se pagan un poco más, pero es una recompensa muy baja en relación a lo que es el desafío que te presiona la aplicación”, cuenta Alejandro.

La bicicleta se convierte así en herramienta de trabajo y también en límite físico. Frenos, cubiertas, cadena, celular, ropa y mantenimiento corren por cuenta del trabajador. También el desgaste del cuerpo.

La lógica se repite en otras plataformas. Un jubilado que trabaja con DiDi destaca como principal ventaja la posibilidad de disponer rápidamente del dinero: “te genera efectivo ya”. Pero esa disponibilidad inmediata tiene su contracara.

“La dificultad es el tema de la seguridad, pero eso sobre todo de noche”, explica. Y también señala el costo de poner el vehículo propio al servicio de la plataforma: “Hoy rompés el auto y no menos de 200, 500 lucas cualquier arreglito”.

La empresa pone la aplicación. El trabajador pone la bicicleta, la moto o el auto.

También aparece una forma de despersonalización del vínculo laboral. El trabajador no necesariamente tiene un jefe al que pueda reclamarle. Tiene una pantalla que asigna pedidos, establece categorías, califica el desempeño y ofrece incentivos.

Alejandro describe un sistema de niveles —bronce, plata y diamante— que condiciona el acceso a determinados pedidos. La autonomía existe, pero convive con mecanismos que buscan aumentar la permanencia y el rendimiento.

Y hay otro fenómeno que conecta directamente a las plataformas con la situación económica de quienes las utilizan. Según la experiencia de Alejandro, “después del día 16 del mes aumenta la cantidad de trabajadores que salen a conectarse porque el salario ya se gastó y necesitan generar un ingreso adicional.”

Según Belén d’Ambrosio, secretaria adjunta del Sindicato de Base de Trabajadores por Aplicación (SiTraRepA) se calcula que el sector está compuesto por 200 mil trabajadores de reparto y 900 mil conductores, pero no hay cifras oficiales por la informalidad registrada en la actividad. PedidosYa informó que unas 100.000 personas realizaron repartos para la empresa durante 2025.

Cuando el trabajo también puede matar

No existe un registro oficial nacional que contabilice de manera sistemática las muertes de trabajadores de plataformas.

El caso de Matías Ledesma vuelve encender las alarmas para legislar derechos para trabajadores de apps. 

Según denunciaron desde SiTraRepa en un comunicado sobre la muerte de Matías:  “Debido a los préstamos usureros que llevan adelante las plataformas en las que trabajamos, muchos repartidores tienen que tomar más turnos y completar más pedidos solo para pagar la deuda con la aplicación”. Catalogaron este hecho como un “asesinato laboral”.

Su muerte expone una característica del trabajo en plataformas: el lugar de trabajo es la calle. Y la calle está resultando peligrosa.

Y allí el tránsito, el cansancio, las condiciones climáticas, los tiempos de entrega y la necesidad de completar ingresos genera un cóctel azaroso para los trabajadores sin amparo estatal. 

La discusión ya llegó al plano internacional.

En la Organización Internacional del Trabajo se debate la necesidad de establecer normas específicas para la economía de plataformas. Según explicó a ARG Medios el ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa, durante las negociaciones las grandes corporaciones y distintos gobiernos intentaron impedir la conformación de una comisión para tratar el tema. Finalmente, la participación de países de América Latina, África, Oceanía y parte de Europa permitió avanzar en la discusión.

Entre los derechos planteados aparecen la libertad sindical, la negociación colectiva, la seguridad social, los límites a la jornada, el descanso, la remuneración de los tiempos de espera, la protección de datos y la posibilidad de rechazar tareas peligrosas sin sufrir represalias.

El interrogante también atraviesa a la Argentina: si una aplicación organiza, controla, califica y condiciona el trabajo, ¿hasta dónde puede considerarse autónomo a quien trabaja para ella?

Las apps de trabajo configuran así un nuevo tipo de esquema Ponzi, donde la superexplotación aparece como mecanismo para sostener el funcionamiento del algoritmo.