La elección brasileña repercute de manera directa en Argentina sobre todo porque Javier Milei quiere presentarse como un gran estratega regional después de haber generado una crisis diplomática con Brasil. El Presidente argentino viajó en julio a San Pablo para respaldar a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y candidato de ultraderecha brasileña que busca desplazar a Lula. En esa presentación Milei insultó al presidente Lula.
Pero la historia había comenzado antes. En mayo, Flávio Bolsonaro fue recibido por Donald Trump en la Casa Blanca y luego mantuvo reuniones con el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. El candidato brasileño buscó así fortalecer su vínculo con el espacio político de Trump.
Entonces Milei decidió entrar en ese juego: “armamos esta estrategia con Trump”. Pero pareciera que Trump no quiso elevar el conflicto diplomático que ya mantiene con Brasil y habilitó al presidente argentino a provocar violentamente a Lula. En el lanzamiento de campaña atacó directamente a Lula, a quien calificó de “presidiario, convicto, ladrón y basura socialista”.
Esta intervención de Milei no quedó solamente en el terreno electoral. Las declaraciones de Milei generaron una crisis política sin precedentes y tuvo consecuencias diplomáticas: Brasil retiró a su embajador de Buenos Aires y, posteriormente, redujo el nivel de las relaciones diplomáticas con Argentina a encargados de negocio. Esto además generó el reclamo de deudas del estado argentino.
Y ahora que se conoció el resultado de la primera vuelta en Brasil, el presidente argentino intentó exhibir como propio la victoria del ultraderechista.
Flávio Bolsonaro obtuvo alrededor del 47% de los votos en la primera vuelta y Lula cerca del 45%. Los dos disputarán el balotaje del 25 de octubre.

Milei se apuró en anotarse la victoria. No solo esa sino de otros países como Bolivia, Colombia y Perú. Después de haber viajado a Brasil para respaldar a Flávio, puede presentar su avance electoral como parte de una nueva ola de derechas regionales alineadas con el trumpismo.
El problema es que Milei para ganar protagonismo dentro de la nueva derecha regional puso en riesgo años de diplomacia argentina generando violencia en otros países vecinos y socios de Argentina.
La diplomacia argentina no es patrimonio de una corriente política ni de un presidente. La relación con Brasil pertenece al Estado argentino. Latinoamérica siempre fue una zona de paz y estas actuaciones están poniendo en riesgo esa premisa empujando a que haya mensajes de odio hacia el pueblo argentino y sea difícil recomponer esas relaciones.
El mayor peligro es que los ministerios de defensas de otros países comiencen a poner como hipótesis de conflicto militar a la Argentina por culpa del personalismo inconsciente de Milei.
Por eso, el dato no es solamente que Milei haya acertado con su apuesta electoral. El dato es el costo que Argentina asumió para que el Presidente pudiera ladrar en Brasil por una estrategia política que excede las fronteras argentinas. Si esto sale mal los platos rotos los va a pagar el pueblo argentino.










