El astro brasileño cumplió 80 años este 23 de octubre.

Por Facundo Campos

Sin entrar a la discusión de si fue mejor o no que Maradona, o incluso que siendo la figura que es, se haya manifestado abiertamente a favor del golpe parlamentario que derrocó a Dilma Rousseff,  repasamos un momento en que Pelé fue bisagra en la historia del deporte de Brasil, y como su figura se podría haber convertido en la bandera de un cambio de pensamiento en el año 1958.

Desde sus orígenes el fútbol en Brasil estuvo marcado por la discriminación que sufrieron los jugadores afrodescendientes. Uno de los casos más emblemáticos fue el del futbolista de fluminense Carlos Alberto, quien solía cubrirse el rostro con polvo de arroz para tapar su color de piel.

Si bien años más tarde con la llegada del profesionalismo hubo inclusión de los jugadores afro, el mundial de 1950 fue el detonante de un ataque racista a los jugadores que perdieron la final en el Maracaná frente a Uruguay por 2-1.

Previo a ese partido, Brasil llegaba como clara favorita, por ser el dueño de casa y tener a su favor más de 200 mil personas en el estadio y los millones que apoyaban desde sus hogares. No solo era un partido de fútbol lo que se jugaba ese día en el Maracaná, se dieron muchos intereses políticos ya que había elecciones en Brasil e incluso su técnico -Flavio Costa- era candidato a concejal.

Un país que se vistió de fiesta esperando celebrar su primera copa del mundo vivió un cimbronazo muy fuerte con esa derrota que produjo uno de los golpes más dolorosos en su historia. Juvenal, Bigode y Barbosa, todos jugadores afro, fueron los tres grandes apuntados por la gente y sufrieron una condena social, sobre todo Barbosa, su figura fue ridiculizada y tuvo que soportar todo tipo de agravios y humillaciones.

Una de las tantas situaciones de escarnio público que padeció el ex arquero fue mientras esperaba en la fila de un supermercado, una madre que estaba junto a su hijo, lo señaló y le dijo a su pequeño «Míralo, este es el hombre que hizo llorar a todo Brasil».

Los años posteriores al Maracanazo no fueron fáciles, la imagen del deportista afro era denostada por la prensa y el público en general. Futbolistas afrodescendientes tenían que convivir con los prejuicios de la sociedad y no solo eran burlados e insultados por tener piel diferente sino eran acusados de tener poco intelecto.

Sin embargo, 1958 fue un punto de cierto cambio para el pueblo brasileño. La selección consiguió su primera copa del mundo al derrotar en la final a Suecia por 5-2 y su máxima figura en el campeonato fue un chico de 17 años llamado Edson Arantes do Nascimento, mejor conocido como Pelé.

La foto del joven llorando y llevado en hombros por sus compañeros dio vuelta el mundo.

Por primera vez, una persona afrodescendiente ganaba popularidad y pasaba de villano a héroe, convirtiendose en el ejemplo a seguir. Todas las infancias de Brasil querían ser como Pelé, su figura tomó una preponderancia crucial en el pueblo brasileño.