Por qué seguimos apoyando a Venezuela

La situación política actual de Venezuela no puede explicarse únicamente por los acontecimientos posteriores al 3 de enero de 2026. Necesitamos contextualizar lo que ha estado sucediendo en las últimas cuatro décadas.

Foto: Alba Movimientos capítulo Venezuela

En la década de 1990, había una hegemonía total de EE. UU. en el continente, que nos impuso el acuerdo del TLCAN (sigla de Tratado de Libre Comercio de América del Norte) y, a continuación, quería imponer el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) como un espacio bajo el control total del capital estadounidense. Todos los gobiernos, excepto Cuba, apoyaban a los gringos.

Pero el pueblo de algunos países se rebeló. En Venezuela hubo el Caracazo, en 1989; luego, la rebelión militar y, finalmente, la victoria electoral de Chávez, quien asumió el poder en 1999, rompiendo la ola neoliberal y abriendo un nuevo ciclo de gobiernos progresistas, que continuó con Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Rafael Correa (Ecuador), Evo Morales (Bolivia) y Néstor Kirchner (Argentina), lo que alteró la correlación de fuerzas en el continente. Ahora se proponía otra integración en lugar del ALCA, derrotado formalmente en 2005. Tendríamos, entonces, el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América).

El imperialismo estadounidense, los gobiernos demócratas y republicanos y la clase dominante de EE. UU. no perdonaron la audacia de Chávez y, durante cuatro décadas, utilizaron todas las tácticas posibles dentro del manual descrito por el investigador Andrew Korybko, basado en documentos oficiales de las Fuerzas Armadas estadounidenses, como nuevas tácticas de las Guerras Híbridas.

En ese largo período, intentaron por todos los medios posibles derrotar el proceso bolivariano en Venezuela. Recordemos el golpe que sacó a Chávez del gobierno por dos días, en 2002, en el que la repercusión internacional y la movilización popular inmediata impidieron que los golpistas lo fusilaran. ¡Recuerden que hasta el cardenal de Caracas le había dado la extremaunción en la cárcel de la Isla de Orchila, donde estaba preso!

También se llevó a cabo una huelga política de los petroleros para desmantelar a PDVSA (Petróleos de Venezuela, S.A.), lo que provocó escasez de combustible y caos. La situación se gestionó con la ayuda del entonces gobierno de Fernando Henrique Cardoso en Brasil. Luego vinieron las «guarimbas» con total violencia callejera y terrorismo, con incendios de escuelas, hospitales, desabastecimiento fabricado y decenas de muertos. Muchos de los responsables de esos ataques estaban presos y ahora han sido amnistiados.

Tras la muerte de Chávez, enseguida llegó el reconocimiento por parte de EE. UU. del gobierno títere de Juan Guaidó, a quien transfirieron todos los depósitos en dólares y oro del Estado venezolano, para que esa lumpenburguesía venezolana se enriqueciera.

Provocaron una inflación descontrolada basada en la manipulación del tipo de cambio desde Miami. Bloquearon todas las cuentas del país en el extranjero. Impidieron las inversiones en petróleo, y la producción cayó a niveles inferiores al 30 %, provocando una caída del PIB del 90 %. Todo esto causó muchos problemas económicos a toda la población y generó una migración de trabajadores venezolanos sin precedentes.

Impugnaron la reelección del presidente Nicolás Maduro, con el apoyo y la ilusión de algunos personajes autodenominados progresistas.

Todo esto sumado a una campaña mediática permanente y consistente, que sin duda costó millones de dólares en el uso de redes, computadoras y los llamados influencers pagados por la CIA y sus agencias. Campaña que aún continúa.

Antes, usaron el fantasma de los comunistas y de la URSS. Después, pasaron a los terroristas islámicos, a quienes ellos mismos financiaron. Ahora han creado el títere del narcotráfico, como si ellos no fueran el mayor mercado, y la represión de los migrantes. Foto: Erika Gimenez

El golpe final llegó con el segundo gobierno de Trump, que, sediento de petróleo y perdiendo la hegemonía económica frente a Eurasia, reeditó la Doctrina Monroe y, con el deseo de convertir nuevamente al continente en el patio trasero de EE. UU., impuso un control económico, político y militar.

El 3 de enero, tras movilizar toda su fuerza militar, invadió el país por vía aérea, secuestró al presidente Maduro y a la diputada Cilia Flores. Hubo resistencia, combates y más de 100 muertos. Solo dentro de unos años sabremos cuántos soldados estadounidenses murieron. Solo sabemos que eran, en su mayoría, latinos del grupo de élite Delta Force, armados con las mejores armas del planeta.

Venezuela, su pueblo y las Fuerzas Armadas fueron derrotados. Perdieron vidas y a su presidente. Pero el imperio no tenía a quién poner en el lugar de Maduro, ya que su agente María Corina Machado y la oposición entreguista están desmoralizadas ante la sociedad venezolana.

La salida fue entonces mantener al presidente secuestrado y negociar con el gobierno chavista, con la soga al cuello o con la cabeza en la mira del fusil. Algunos sectores de la izquierda institucional y aquellos que solo siguen la política por las redes se apresuraron a calificar esto de traición. O a decir que no hubo resistencia. Algunos sectores de la izquierda institucional y aquellos que solo siguen la política por las redes sociales se apresuraron a decir que no hubo resistencia y lo llamaron traición. Ahora, comienzan a difundir que hay división entre los gobiernos de Venezuela y de Cuba. Estas tesis solo fortalecen las tácticas de EE. UU., difundidas por los medios influenciados por la CIA para dividir a la izquierda y a la opinión pública.

El pueblo venezolano, en su amplia mayoría chavista, sigue con su vida, trabajando, produciendo y organizando las comunas. A pesar del dolor, sigue apoyando al gobierno chavista, consciente de todo lo que ha sucedido.

Nuestro movimiento tiene vínculos históricos con el movimiento campesino venezolano, con las comunas productivas y con el gobierno chavista. Tenemos muchos proyectos de cooperación en la producción de semillas, alimentos e intercambios en la formación de cuadros técnicos.

Estaremos eternamente agradecidos por las becas en la Escuela Latinoamericana de Medicina Salvador Allende, que permiten que decenas de jóvenes campesinos pobres se formen como médicos. El pueblo venezolano sigue siendo víctima de la guerra híbrida del imperio. El gobierno chavista cuenta con el apoyo de su pueblo. Nuestro movimiento siempre será solidario con el pueblo chavista.

Necesitamos un cambio en la correlación de fuerzas internacionales a favor de la humanidad y la paz. Esperamos que cambie la correlación de fuerzas interna en EE. UU., y que las fuerzas progresistas logren cambiar su política exterior, su vocación belicista de agresión a los pueblos y derrotar la Doctrina Monroe.

Esperamos que el gobierno y el pueblo chavista encuentren los mejores caminos para aumentar la producción de petróleo y de otros bienes que necesitan. Que mantengan la soberanía sobre el petróleo, los minerales y su territorio.

Movilización en apoyo a Nicolás Maduro, julio de 2024. Foto: José Bernardes/Brasil de Fato

Defender a Venezuela y a Cuba es una obligación moral y política de todas las fuerzas progresistas y democráticas de nuestro continente. No se hagan ilusiones: si son derrotados, el imperio aumentará su presión sobre México, Brasil, Colombia y todo el continente. Antes, usaron el fantasma de los comunistas y de la URSS. Después, pasaron a los terroristas islámicos, a quienes ellos mismos financiaron. Ahora han creado el títere del narcotráfico, como si ellos no fueran el mayor mercado, y la represión de los migrantes.

Lucharemos para que el presidente Maduro y la diputada Cília Flores sean liberados, pues no cometieron ningún delito y Estados Unidos no tiene el derecho ni la autoridad moral para condenarlos a nada. Por el contrario, esperamos que en el futuro la Corte Penal Internacional de La Haya juzgue y condene a los actuales dirigentes de EE. UU. por sus bombas y crímenes en Gaza, en Irán, en Siria, en Sudán, en el Caribe, en Venezuela, en Cuba y dentro de su propio país, por las persecuciones a los pobres y a los migrantes.

La historia de la lucha de clases da vueltas, tiene altibajos, avances y retrocesos, pero la humanidad siempre avanzará hacia la construcción de sociedades más justas e igualitarias, con soberanía de los pueblos y paz.

*João Pedo Stédile, militante del MST y dirigente de ALBA Movimientos y de la Asamblea Internacional de los Pueblos