Trump quiere romper con más de 50 años de resistencia cubana

La crisis en Cuba se agrava día a día, el bloqueo estadounidense entró en una fase superior y el gobierno denunció ante la ONU que estas medidas podrían desencadenar una “crisis humanitaria”.

Foto: El Cronista

Hace casi un mes que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que amenaza con imponer aranceles adicionales a los países que  suministran petróleo a Cuba. Una medida que profundiza las restricciones existentes, que genera dificultades en la vida diaria de los cubanos y las cubanas.

Dicha orden declara emergencia nacional en Estados Unidos al considerar a Cuba una “amenaza inusual”, señalando sus vínculos con China, Rusia e Irán y mencionando elementos geopolíticos de fondo. También se menciona a las reservas cubanas de níquel y cobalto como factores estratégicos.

La isla enfrenta un endurecimiento de su crisis energética debido a la reducción del suministro de combustible, las consecuencias son los apagones prolongados en todo el país, la dificultad de sostener el sistema de salud y otras áreas indispensables.

La decisión del gobierno yanqui no puede entenderse sin lo que sucedió el 3 de enero en Venezuela, luego del bombardeo y posterior secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores; la estrategia imperialista norteamericana recrudeció. Hasta hace muy poco, Venezuela era el principal proveedor de petróleo de Cuba.

Profundizar la estrategia imperialista

El bloqueo de Estados Unidos a Cuba es una política vigente desde 1960 que, según declaraciones del entonces subsecretario de Estado Lester D. Mallory, buscó generar hambre, desesperación y miseria mediante la asfixia económica para provocar una revuelta popular que pusiera fin al gobierno revolucionario cubano.

Hace más de seis décadas que el gobierno cubano denuncia que el bloqueo ha causado daños económicos que cifra en decenas de miles de millones de dólares, además de efectos sociales que considera imposibles de medir exclusivamente en términos numéricos.

A su vez, el bloqueo implica la imposibilidad de utilizar el dólar en transacciones financieras internacionales y establece restricciones comerciales como la prohibición de que barcos que hayan arribado en Cuba puedan ingresar a puertos estadounidenses durante los seis meses siguientes.

No sólo eso, también afecta la conexión aérea y el turismo, la principal fuente de divisas del país. Las restricciones alcanzan las transacciones petroleras, dificultando la llegada de combustibles y afectando la generación eléctrica, con consecuencias en la vida cotidiana de la población.

El bloqueo impacta en la disponibilidad de medicamentos esenciales, reactivos y materias primas necesarias para su producción.  A su vez, es el causante de apagones prolongados, faltantes en farmacias, dificultades para cirugías programadas, problemas de transporte y escasez de productos básicos como jabón y materiales escolares.

Es por esto que la política hacia Cuba no puede analizarse de forma aislada del contexto interno estadounidense y del escenario internacional. Para el gobierno de Miguel Diaz-Canel hay temas que no son negociables como la soberanía, el sistema político y el proyecto socialista, sin embargo, manifiesta disposición al diálogo con Estados Unidos.

La crisis en Cuba no se puede entender sin el bloqueo, si bien la población en este momento está atravesando uno de los momentos más complicados de su historia, se ve un fortalecimiento de la idea de soberanía frente a la ofensiva de Washington.

Tanto el gobierno, las organizaciones y movimientos populares de Cuba llaman a la solidaridad internacional y a la presión política dentro de Estados Unidos para frenar el hostigamiento a una nación soberana.