La guerra desatada el pasado fin de semana por Estados Unidos e Israel contra Irán se enmarca en el plan de Washington y Tel Aviv de reconfigurar en profundidad Medio Oriente. La avanzada de ambos países se aceleró con la caída del régimen sirio de Bashar al Asad a finales de 2024. El genocidio que comete Israel en la Franja de Gaza es parte fundamental de este plan, que busca arrancar de raíz cualquier fuerza o poder contrario o díscolo a los intereses de la dupla Donald Trump-Benjamin Netanyahu. Para eso, Israel no solo mantiene su política de asesinatos masivos en Gaza, sino que en los dos últimos años atacó al propio Irán y al Líbano, con el objetivo de descabezar al denominado Eje de la Resistencia.
En medio de una nueva guerra que arrastra al mundo a una situación crítica, el pueblo del noroeste iraní (Rojhilat, Kurdistán iraní) volvió a los titulares debido a un artículo publicado por CNN el 3 de marzo, en el cual se afirma -citando a tres fuentes no reveladas- que la Central de Inteligencia norteamericana (CIA) está armando a grupos militares kurdos para utilizarlos como fuerza terrestre en Irán. Desde que se conoció la noticia, versiones periodísticas (y poco periodísticas) se multiplicaron por docenas. A su vez, se conocieron contactos entre representantes de partidos políticos de Rojhilat con la Casa Blanca, al mismo tiempo que las principales fuerzas en Bashur (Kurdistán iraquí) mantienen -hasta el cierre de este artículo- conversaciones no sólo con Estados Unidos, sino con los gobiernos de Medio Oriente, incluido el régimen iraní.
¿Pero quiénes son los kurdos de Irán? ¿Cuáles son sus partidos y organizaciones insurgentes? ¿Cuál es su larga historia en la región? ¿Qué se juega el pueblo kurdo en estos días críticos? ¿Cuánto de verdad hay en su implicancia directa en la guerra actual?
El pueblo de los montes Zagros
En Rojhilat se calcula que viven entre ocho y diez millones de kurdos y kurdas (algunas estimaciones ubican la cifra en quince millones), la mayoría son musulmanes sunitas y con una tradición arraigada de formas de organización autónomas y comunitarias. Este pueblo es la segunda minoría en Irán, por detrás de los azeríes. Irán, de mayoría persa, también tiene comunidades baluche, árabe, turcomana, y lurs, entre otros.
Desde principios del siglo XX, el pueblo kurdo de Irán sostuvo vínculos estrechos con las otras tres partes en que está dividido Kurdistán: Siria, Irak y Turquía. Con la dinastía del Sha Reza Pahlavi, los kurdos fueron perseguidos, encarcelados y asesinados, algo que continuó luego del triunfo de la Revolución Islámica en 1979. Ante la negación del Estado iraní (en su versión dinástica o teocrática), el pueblo kurdo encontró formas de resistencia que se reforzaron con el correr del tiempo. Es bueno recordar que los kurdos, al igual que el Partido Comunista iraní (Tudeh), fueron fundamentales, junto a los seguidores del ayatolá Ruhollah Jomeni, para derrocar al Sha. Con la caída de la dinastía Pahlavi, una de las primeras medidas de Jomeini en la naciente República Islámica fue dar la orden de perseguir, encarcelar y masacras a los kurdos y a los comunistas.
La región kurda del país, recostada sobre los montes Zagros, es rica en recursos naturales. En sus tierras hay petróleo, gas, cobre, oro, hierro, cuencas hídricas importantes y zonas donde se desarrolla la agricultura. Los kurdos de Irán siempre tuvieron prohibida su lengua materna y sus derechos más básicos. Los partidos políticos kurdos actuales están ilegalizados y son perseguidos. En Irán, el mayor porcentaje de presos políticos proviene de Rojhilat y los kurdos también son blanco de ejecuciones públicas.
Las montañas que conforman los Zagros es la frontera natural con los kurdos de Bashur. Esas montañas, a lo largo de las décadas, se convirtieron en la principal línea de defensa del pueblo kurdo.

Unidad en el caos
Apenas unos días antes de que Washington y Tel Aviv desataran la guerra con Irak, en Rojhilat se anunció la creación de la Coalición de Fuerzas Políticas del Kurdistán Iraní (CFPKI), conformada, en un principio, por cinco partidos kurdos: el PDKI, el Partido de la Vida Libre de Kurdistán (PJAK), el Partido de la Libertad de Kurdistán (PAK), Komala y la Organización Khabat del Kurdistán Iraní. El miércoles se conoció que otro partido kurdo -una facción de Komala- también se sumó a la coalición.
Los partidos que integran la alianza trabajaron más de ocho meses para llegar a un acuerdo general. La coalición se conformó en un momento particular en todo Kurdistán, donde el pueblo se encuentra en un proceso de unidad pocas veces visto. Esta unidad se vio reflejada en las movilizaciones masivas que se produjeron luego de que el régimen sirio, encabezado por Ahmed al Sharaa y la organización yihadista Hayat Tahrir al Sham (HTS), avanzara sobre territorios controlados por las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) y gestionados por la Administración Autónoma Democrática del Norte y el Este de Siria (AADNES). Pero el proceso de unidad comenzó de una manera sostenida desde que en Turquía comenzó el proceso de paz entre el Estado y el movimiento político kurdo, encabezado por Abdullah Öcalan, fundador del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) y encarcelado desde hace 27 años en la isla-prisión de Imrali, en Turquía.
La posibilidad de Öcalan de comunicarse con su organización, con líderes kurdos de Irak y de Siria, con los representantes del partido prokurdo por la Igualdad y la Democracia de los Pueblos (Partido DEM) -la tercera fuerza política en Turquía- y, fundamentalmente, con el pueblo que hacía cuatro años no sabía nada sobre el líder kurdo, abrió un flujo de relaciones y respaldos intrakurdos que pocas veces, hasta ahora, se vieron en el siglo XX y en lo que va del XXI.
Los partidos políticos kurdos en Irán, como dijimos, están ilegalizados. Todos tienen sus formaciones militares o guerrilleras, pero el único que se encuentra con esas fuerzas en el territorio es el PJAK, organización que integra la Unión de Comunidades de Kurdistán (KCK), la principal instancia de liderazgo del Movimiento de Liberación de Kurdistán, encabezado por Öcalan. Los otros partidos tienen sus sedes y campamentos en diferentes zonas de Bashur, y un respaldo general de las principales formaciones de esa región semiautónoma dentro de Irak: el Partido Democrático de Kurdistán (PDK, liderado por el clan Barzani) y la Unión Patriótica de Kurdistán (UPK, impulsada por el clan Talabani).
Las formaciones políticas kurdas en Rojhilat tienen diferentes líneas políticas e ideológicas. En el caso del PJAK abrazan el “confederalismo democrático”, praxis presentada años atrás por Öcalan. Por ejemplo, el PDKI responde al nacionalismo kurdo de derecha (por ponerlo en términos comunes), Komala es una formación nacida de ideas comunista y el PAK es el que más a la derecha del arco político se encuentra. Estos partidos tienen en común, salvo por el PAK, la lucha por la autodeterminación del pueblo kurdo en Irán o por implementar un sistema autónomo o federal, donde los derechos de los kurdos sean respetados y puedan participar en la política del país.
En el primer comunicado emitido por la CFPKI se convocó a desplegar en Rojhilat la lucha por la democracia y la autodeterminación, la cooperación con “otras naciones y grupos oprimidos” del país, la defensa de “los derechos de todas las etnias, religiones y comunidades” de Irán, el “compromiso con la plena igualdad entre mujeres y hombres, y lucha activa por lograr la justicia de género en todos los ámbitos políticos, sociales y organizativos”, el “reconocimiento del derecho a la defensa legítima”, “la cooperación con las fuerzas de oposición a nivel nacional” si esas fuerzas reconocen “el derecho a la autodeterminación”, y la lucha por “un sistema administrativo democrático” en el Kurdistán iraní, entre otros puntos.
El 3 de marzo, la Coalición emitió otro comunicado, referido a la guerra en curso en Irán, en el que recordaron que desde diciembre del año pasado “los acontecimientos” en el país “se han encaminado hacia un cambio profundo y fundamental”. Desde la alianza remarcaron que “la guerra que ahora ha estallado es el resultado de décadas de políticas expansionistas del régimen” (iraní) y de “una economía colapsada”.
Desde la Coalición llamaron al pueblo kurdo a proteger “todas las instalaciones administrativas y de servicios” en Rojhilat, a redoblar la solidaridad y la ayuda entre los kurdos de la región, y a que los soldados del ejército iraní en la región kurda abandonen la fuerza para sumarse al “bando de su nación”.
“Todo el pueblo de Kurdistán debe afrontar estos cambios con sabiduría y madurez, y debe abstenerse de actos individuales de venganza que puedan perjudicar la seguridad y la protección general de la sociedad”, agregaron en la declaración. A su vez, recomendaron que los pobladores kurdos se mantengan a “la mayor distancia posible de las bases y centros militares y de seguridad del régimen para mayor seguridad”.

La versión
El artículo difundido días atrás por CNN, y reproducido por varios medios internacionales (y que despierta un sinfín de versiones cruzadas), señaló que Estados Unidos e Israel (la CIA en particular) están armando milicias kurdas en Bashur para transformarlas en fuerzas de choque por tierra que se enfrenten al ejército iraní. Esta versión surgió al mismo tiempo que se conoció que el líder del PDKI, Mustafa Hijri, habló telefónicamente con Trump. Hasta ahora, de ese diálogo no se conocen detalles.
Con respecto a la “invasión” de milicias kurdas en Irán es importante remarcar, al menos, dos puntos: los kurdos de Rojhilat que participan en organizaciones político-militares no se consideran -dado el caso- invasores, sino exiliados o desplazados de su tierra originaria, y parte de un pueblo con rasgos idiomáticos, culturales, políticos y sociales en común que conforma un país negado llamado Kurdistán. El segundo punto es que varios partidos que integran la Coalición rechazaron la versión lanzada por CNN. Organizaciones como el PDKI tiene vínculos fluidos con el PDK de Bashur que, a su vez, es un socio de Estados Unidos en Irak. Lo mismo sucede con otras formaciones kurdas de Irán con la UPK. En el caso del PJAK no se conocen relaciones estables con el PDK o la UPK más allá de las que fuerzas integrantes del Movimiento de Liberación de Kurdistán tienen con ambos partidos, como puede ser el caso del liderazgo de las FDS o la AADNES con las fuerzas mayoritarias de Bashur.
Sí es claro que la Coalición, y en particular el PJAK, manifestaron estar dispuestos defender al pueblo de Rojhilat ante un avance sostenido del ejército iraní. El 25 de febrero pasado, el periodista Wladimir van Wilgenburg publicó en The New Region una entrevista a la copresidenta del PJAK, Peyman Viyan, en la que afirmó que “respecto a potencias como Estados Unidos e Israel hasta ahora no hemos mantenido relaciones”. Peyman agregó: “Estamos dispuestos a contactar con cualquier persona o poder que reconozca la voluntad y la existencia de nuestro pueblo y muestre respeto. Vemos, a partir de la experiencia de las guerras en Medio Oriente, que las políticas de las potencias externas no sirven al pueblo y solo sirven a su propia autoridad”. La copresidenta del PJAK aseveró que “si bien estamos abiertos a las relaciones, también actuamos con mesura y sensibilidad”.
Con respecto a la posibilidad de “invasión”, el 4 de marzo tanto el PDK como la UPK mantuvieron diálogos con el canciller iraní, Seyed Abbas Araqchi. El presidente de la región semiautónoma del Kurdistán iraquí, Nechirvan Barzani, declaró en un comunicado que en la conversación “enfatizaron la importancia de mantener la paz y la estabilidad”, y que destacaron mantener “la protección de la seguridad fronteriza para evitar cualquier intento de socavar la estabilidad regional o agravar la situación”.
Barzani destacó que Bashur “no se convertirá en parte de los conflictos y seguirá siendo, como siempre, un factor de paz” a través de esfuerzos diplomáticos “para reducir las tensiones y proteger a los pueblos de la región de los peligros de la guerra”.
Desde la cancillería iraní se informó que en el diálogo se puso el foco en “salvaguardar la seguridad fronteriza y prevenir cualquier explotación por parte de terceros para desestabilizar la región”. Por su parte, el viceprimer ministro del Gobierno Regional del Kurdistán iraquí y miembro de la UPK, Qubad Talabani, expresó que “la región del Kurdistán iraquí no forma parte del actual conflicto regional y mantiene su compromiso con la neutralidad”.
El mismo miércoles 4 de marzo, el ministro de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, en conferencia de prensa fue consultado por el apoyo en armamento a grupos kurdo de Irán. El funcionario respondió que “ninguno de nuestros objetivos se basa en el apoyo o el armamento de ninguna fuerza en particular. Así que, sabemos lo que otras entidades puedan estar haciendo, pero nuestros objetivos no se centran en eso”. El mismo día, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reconoció que Trump “habló con los líderes kurdos sobre nuestra base en el norte de Irak”, pero aseguró que “es completamente falso que se vaya a armar a las fuerzas kurdas con la esperanza de inspirar el levantamiento popular en Irán”. Aunque confiar en las declaraciones de funcionarios estadounidenses no es para nada recomendable, es un síntoma que se suma a la negativa expresada por los miembros de la coalición kurda a la versión difundida por CNN.
Otro dato que no es menor: el PJAK es considerado una “organización terrorista” por Estados Unidos debido a sus vínculos con el PKK, al que también mantiene en la lista de grupos terroristas. Y un detalle más: la propuesta ideológica del Movimiento de Liberación de Kurdistán, donde el PJAK participa, nunca fue visto con buenos ojos por la Casa Blanca, la Unión Europea (UE), Rusia, China y mucho menos por Turquía, un socio fundamental de Washington en Medio Oriente.

¿Acaso Estados Unidos puede apostar por la única organización kurda en Irán que tiene poder de fuego y un fuerte trabajo político entre la población? ¿Washington y Tel Aviv, en su actual cruzada por destruir y controlar Medio Oriente, respaldarían a una Coalición que tiene entre sus miembros a un partido que impulsa la descentralización estatal, la convivencia de diferentes naciones dentro de una misma frontera, que ubica a las mujeres como sujeto principal para un cambio social radical y que llama a su pueblo a romper con las prácticas de lo que denominan “modernidad capitalista?
Rojhilat: ¿Espejo de Rojava?
La situación en Rojhilat es tan crítica como en el resto de Irán. La región kurda, en la que el Estado iraní construyó un férreo control militar desde 1979, es bombardeada por Estados Unidos e Israel. A su vez, ya se conocen denuncias por los ataques del ejército iraní contra la población. Los blancos principales de Washington y Tel Aviv son las bases militares, sistemas de defensa y comisarías, mientras que organizaciones kurdas de derechos humanos revelaron que las fuerzas iraníes tomaron colegios y mezquitas como centro de operaciones. También informaron que comenzó el desplazamiento forzado de población kurda.
Tanto la coalición de partidos kurdos como el PJAK declararon, por separado, que su objetivo es defender al pueblo kurdo de cualquier ataque. Un comunicado del PJAK difundido el miércoles instó a los kurdos “en todos los pueblos y barrios de las ciudades” a “establecer comités de gestión local, distribuir las tareas entre los ciudadanos y organizar comités de protección, salud, servicios y logística para proteger a nuestra sociedad de las amenazas y los efectos de la guerra”. Además, convocó a los jóvenes a sumarse a las filas guerrilleras del PJAK.
La situación impuesta por la guerra contra Irán remite -no en su totalidad, pero sí en varios aspectos- a lo sucedido con los kurdos de Siria. Si bien el escenario puede tener similitudes, también existen diferencias marcadas. Lo que es cierto es que la coalición en general, y el PJAK en particular, ven la posibilidad de implementar algún tipo de autonomía o autoadministración si las condiciones lo permiten. En Rojava (Kurdistán sirio), uno de los factores que permitió el establecimiento de una administración autónoma fue que el régimen de Asad se retiró casi por completo de la región kurda del país, agobiado por las protestas masivas en su contra y por el surgimiento, en 2011 y 2012, de los primeros grupos armados yihadistas en diferentes puntos del territorio sirio. En el caso de Rojava, el liderazgo kurdo estaba cohesionado alrededor de las ideas de Öcalan (que vivió veinte años en Siria) y de una población compacta y formada en el paradigma del confederalismo democrático.
En Rojhilat conviven diferentes líneas ideológicas e intereses particulares, además de la influencia en algunos partidos del gobierno semiautónomo de Bashur. También es verdad que cuando los kurdos de Siria declararon la autonomía de su territorio en 2012, el régimen de Damasco ya había comenzado un declive pronunciado que, pese al respaldo ruso e iraní, implosionó a finales de 2024. No es claro que esto pueda suceder, en un futuro cercano, con la teocracia iraní, fogueada en la guerra contra Irak en la década de 1980 y con un sostén ideológico mucho más férreo entre sus seguidores y defensores. Irán hoy también es un poder para nada menor en la lucha hegemónica por Medio Oriente que, a diferencia de Siria, tiene un nivel de importancia mayor para potencias como Rusia y China.
Diálogo y resistencia
El 2 de marzo se conoció un resumen de las posturas de Abdullah Öcalan con respecto a la situación en Irán. Luego de varias reuniones que mantuvo en la isla-prisión de Imrali con la delegación del Partido DEM y con sus familiares directos en 2025 y lo que va de 2026, el fundador del PKK recomendó al PJAK que el diálogo podría ser posible si el Estado iraní acepta los derechos del pueblo kurdo. De lo contrario, afirmó Öcalan, la resistencia contra el régimen es necesaria, por lo cual el pueblo kurdo debe unirse en torno a ello.
Con anterioridad, el líder kurdo escribió en su obra “Manifiesto por una civilización democrática”, y dividida en cinco tomos, que la “crisis que observamos hoy entre Irán e Israel no es simplemente un problema entre dos Estados nación; surge entre dos potencias que buscan la hegemonía”.

En mayo pasado, advirtió que Estados Unidos quería convertir a Israel en una potencia hegemónica en Medio Oriente. En junio, el dirigente envió un mensaje al PJAK, al cual le dijo: “Si surge una base para la integración democrática con Irán, como lo hemos hecho aquí con Turquía, deben fomentar el diálogo. Sin embargo, si la negación, el genocidio y la hostilidad persisten, deben protegerse. Sin duda, se prepararán cuidadosamente. Pero Irán no es un Estado que deba tomarse a la ligera; esto es peligroso. No quiero ofrecer demasiadas recetas. Pero deben fortalecer sus defensas y protegerse adecuadamente”. En noviembre, con las tensiones crecientes entre Teherán y Tel Aviv, Öcalan advirtió que en la región “se están jugando estrategias sobre Kurdistán” y que era probable que “la guerra se agravará aún más”.
En enero de este año señaló que “las mujeres encabezaron la revolución en Irán. Deben defenderse con fuerza. Las mujeres que lideraron la revolución iraní también deben desarrollar un sentido de responsabilidad abnegada dentro de sus propias filas. Las mujeres serán las pioneras de la paz y la democratización. Esto aplica a Siria, Irán y Turquía”. En febrero, Öcalan alertó que el Estado israelí se iba a centrar en Irán, por lo tanto, “la situación en Irán es cada vez más urgente. Las fuerzas de autodefensa deben prepararse a fondo”. “Quiero mantener a los kurdos alejados y protegerlos de las guerras que se desarrollan en Irán y la región”, sintetizó el líder kurdo.
Desde Turquía también se pronunció el Partido DEM, que integra la KCK. En una declaración oficial, denunció que “es evidente que las potencias globales y regionales buscan establecer un nuevo orden en Irán, no uno que promueva la democracia y la libertad, sino uno que deje de ser una amenaza para ellas, como ha sucedido en otros ejemplos históricos”. A su vez, remarcaron que “estamos presenciando ejemplos que muestran que los ataques aéreos en curso no contribuirán a una coyuntura que corresponda a las expectativas de las comunidades kurda, baluche, cristiana, azerí y persa en Irán de una nueva vida de libertad”. “Creemos que todas las comunidades pueden construir un modelo de autogobierno aprovechando sus experiencias históricas y de convivencia, y respaldamos las iniciativas del pueblo iraní en pos de la paz social y la democracia”, expresaron desde el principal partido político kurdo de Turquía.
El proceso de paz que se lleva adelante en Turquía para los kurdos de Irán no es algo lejano. Por un lado, puede ser un método a aplicar en sus propias tierras si el régimen de Teherán accede al diálogo, algo que nunca sucedió ni con el régimen del Sha ni desde la creación de la República Islámica. Por otro lado, el sector más beligerante del gobierno turco, encabezado por el canciller Hakan Fidan, mira con preocupación que en Rojhilat se produzca un levantamiento que empodere todavía más al pueblo kurdo. Para Fidan y para los círculos que lo rodean en el Estado turco, los kurdos son enemigos a eliminar.
En estos días de ruidos periodísticos permanentes y fuertes movimientos tectónicos en Irán, y en Medio Oriente en general, el pueblo kurdo otra vez aparece como un factor importante a tener en cuenta. Con la experiencia de Rojava todavía latente -con sus aciertos y errores-, en Rojhilat sus pobladores -y sus organizaciones- se juegan un futuro que, hasta ahora, nunca pudo ser. Los kurdos de Irán, por ahora, navegan la guerra en soledad, como siempre hicieron ante las tragedias impuestas y la persecución permanente.
La tentación de una alianza con Estados Unidos e Israel puede estar latente en algunos sectores kurdos, aunque lo sucedido en Rojava también es una lección que debe ser analizada en detalle: el respaldo estadounidense a las FDS contra el Estado Islámico (ISIS) se desvaneció cuando Washington (y su socio israelí) decidieron que un grupo de yihadistas acusados de una larga lista de violaciones a los derechos humanos era una opción que les permitirá expandir la hegemonía occidental en la región. Que los kurdos de Irán apuesten por esa opción va a acarrear más pérdidas que avances. Lo que sí parece configurarse en Rojhilat es que el pueblo, junto a sus organizaciones, están decididas a defender un territorio que, pese a habitarlo desde hace miles de años, le es negado de forma sistemática.










