El último dato de inflación difundido por el Indec para marzo fue muy duro para el gobierno nacional, un 3,4% que lleva 10 meses de suba constante. “Las declaraciones del Presidente en la AmCham (abreviatura de Cámara de Comercio Estadounidense en inglés) fue bastante flojo, porque Milei empieza a contradecirse y no encuentra explicaciones consistentes”, sostuvo el Licenciado en Economía y docente en UNR, Lavih Abraham. Sin embargo, más allá de esas inconsistencias, el Presidente Milei ratificó el rumbo económico: “La motosierra no se toca, el déficit cero no se toca”.

Frente a este escenario, surge una pregunta inevitable: ¿El modelo económico del oficialismo muestra signos de agotamiento? Actualmente, incluso dentro del propio campo liberal, comienzan a aparecer cuestionamientos. A esto se suma un contexto internacional con retrocesos electorales de la derecha radicalizada y crecientes tensiones geopolíticas que complejizan el panorama global.
Según Abraham, Milei sostiene una explicación monocausal de la inflación centrada en la emisión monetaria. Sin embargo, la dinámica de los últimos meses responde a múltiples factores “En su propio discurso terminó enumerando causas que contradicen su planteo inicial, lo que debilita su argumento”, explicó.
Para el economista, el diagnóstico oficial omite elementos clave: “Cuando reconoce que inciden los precios internacionales o la inercia inflacionaria, en realidad está evidenciando la ausencia de un plan antiinflacionario integral”. En ese sentido, remarcó que el aumento de los costos globales —como el de los combustibles por la guerra estadounidense en Irán— impacta en toda la cadena de precios, incluyendo alimentos básicos como la carne. Por esto mismo están promocionando los medios oficialistas la carne de burro como opción para la mesa de los argentinos.

En definitiva, se trata de una explicación insuficiente. “Milei se apoya en dogmas y en una visión sesgada de la economía. Además, la política económica la ejecuta en los hechos el ministro Luis Caputo y su equipo”, afirmó Abraham. Y agregó: “Cuando intenta leer la realidad, termina contradiciendo sus propios principios”.
En el plano financiero, el Gobierno enfrenta una necesidad persistente de divisas. El acceso al crédito externo aparece como una herramienta central para sostener el programa económico. “La necesidad de dólares es imperiosa”, señaló el licenciado miembro de MATE, aunque advirtió que el endeudamiento no resuelve los desequilibrios estructurales.
Mientras tanto, los indicadores de la economía real muestran un deterioro sostenido: caída del consumo, retroceso de la inversión y pérdida del poder adquisitivo de las mayorías populares. La promesa oficial de un ajuste transitorio a cambio de una mejora futura comienza a perder credibilidad. “Lo que vemos es que no solo no hay un futuro mejor a la vista, sino que probablemente lo mejor ya pasó”, afirmó.
Desde esta perspectiva, el 2024 habría representado el momento más favorable del actual gobierno, mientras que 2025 se perfiló como un período de estancamiento, sin crecimiento ni recuperación. “El escenario es el de una meseta prolongada, con riesgos de profundización de la crisis”, advirtió.
En este contexto, si bien el Gobierno podría sostener su viabilidad política, lo haría a costa de un deterioro significativo del entramado productivo nacional. La apuesta a las inversiones extranjeras, en tanto, presenta limitaciones en el corto y en el largo plazo.
Por un lado, los proyectos de inversión —especialmente en sectores como minería o energía— requieren años hasta entrar en producción plena. “No es inmediato: entre la construcción, la puesta en marcha y la exportación pueden pasar dos o tres años, o más”, explicó.
Por otro lado, incluso en un escenario optimista, su impacto sobre el empleo y el mercado interno sería acotado. “Son inversiones que generan poco trabajo y cuyo valor agregado se fuga en gran medida al exterior”, señaló Abraham. Además, el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) ofrece condiciones que no obligan a una integración significativa con la economía local.
“En definitiva, aun si las inversiones llegan y se ejecutan rápidamente, no implicarán una mejora sustantiva en el empleo, el consumo ni el bienestar general. Beneficiarán principalmente a sectores concentrados, pero no al conjunto de la economía”, concluyó.










