Miedo, temor y esperanza, los sentimientos que marcan la elección en Colombia

El Pacto Histórico puede romper la hegemonía del uribismo que marcó el rumbo político y económico de Colombia desde el año 2002. Es la esperanza de “vivir sabroso”.

Este domingo 29 se podrá conocer el nuevo presidente colombiano o habrá que esperar al balotaje de junio

El próximo 29 de mayo se realizarán las elecciones presidenciales en Colombia. Si ningún candidato obtiene más del 50 por ciento de los votos, el 19 de junio se desarrollará un balotaje entre los dos candidatos más votados. 

La mayoría de las encuestas dan como ganador al Pacto Histórico, con Gustavo Petro y Francia Márquez en la fórmula, aunque pocas de ellas lo ubican por encima del 50% de los votos para evitar la segunda vuelta. 

Por debajo de Petro y Francia, se ubican Federico Gutiérrez y Rodrigo Lara Sánchez, el Equipo por Colombia, representantes de la derecha colombiana. Más atrás, y creciendo mucho en las encuestas durante las últimas semanas, aparece la candidatura de Rodolfo Hernández, en “Bolsonaro colombiano”, que mantiene las chances de ingresar a la segunda vuelta.

Las fuerzas de izquierda apuesta a una contundente victoria en primera vuelta, ya que por primera vez existe una izquierda cohesionada frente a una derecha dividida en varios candidatos. Sin embargo, desde el Pacto Histórico saben que esa ventaja se termina en la primera vuelta. 

Las fuerzas de derecha son pragmáticas: frente a lo que consideran el “petro-comunismo” no tienen dudas en unirse en una eventual segunda vuelta. Como en 2018, la campaña de un posible balotaje será entre el petrismo y el antipetrismo. 

Tanto los partidarios de Petro como los partidarios de los distintos candidatos de derecha, apuestan a generar sentimientos y emociones en la sociedad colombiana. El uribismo y la derecha han apostado al miedo como forma de mantener su hegemonía política y económica. Si bien desde la firma de los Acuerdos de Paz, ha ido quedando atrás, es una de las emociones que vuelven a marcar esta elección. 

Además, podemos agregar al análisis otros dos sentimientos: el temor y la esperanza. ¿Cómo conviven los tres en estas elecciones? 

Colombia ya le dio una oportunidad a la Paz y no quiere volver atrás

Miedo

En Colombia existe una larga trayectoría de asesinatos a candidatos presidenciales. En 1914, asesinaron al candidato a la presidencia Rafael Uribe Uribe; en 1948 al candidato a la presidencia Jorge Eliécer Gaitán; Jaime Pardo Leal fue un candidato presidencial de la Unión Patriótica que fue asesinado el 11 de octubre de 1987; en el 89, matan al candidato a la presidencia Luis Carlos Galán Sarmiento, y en el 90 asesinaron a Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro y Bernardo Jaramillo Ossa. 

Los Acuerdos de Paz rompieron, o tal vez no, con esa tradición, pero no dejaron de quedar en el ideario colectivo. 

Asimismo, la caída del modelo económico y de muerte implementado por el expresidente Uribe ha generado un recrudecimiento de la violencia, estrechamente vinculado a las fuerzas paramilitares. 

Frente al debilitamiento político de la extrema derecha, recrudece la violencia como ordenador político. La derecha tiene su lema: “nada de lo que deba ser transformado, será transformado, y no duda defenderlo bajo cualquier medio. 

Los Acuerdos de Paz dieron el puntapié inicial para la participación política de gran parte de la sociedad. Sin embargo, organizaciones paramilitares y el propio Estado colombiano han incluido otros acuerdos: los asesinatos a activistas, militantes, campesinos y promotores de la paz.

Desde entonces, los niveles de violencia se intensificaron en los departamentos del Chocó, Putumayo y Arauca, lo que ha resultado en afectaciones para todas las comunidades y ha dejado 11 excombatientes asesinados, 49 líderes sociales asesinados, 13.000 desplazados y 48.000 personas confinadas.

Durante el último tramo de la campaña, Gustavo Petro debió suspender sus actividades por una amenaza de muerte en su contra, días más tarde Francia Márquez fue apuntada con un láser mientras daba un discurso masivo. 

La violencia política está a la orden del día en Colombia, y el miedo invade algunos rincones del país donde el aparato uribista todavía sigue más presente que el propio Estado. 

Discurso de Francia Márquez detrás de escudos de la policía

Temor

El posible fraude electoral es una bandera que se agita por estos días. Increíblemente, es alimentada por los mismos que buscan implementarlo: el uribismo. A la tradicional compra de votos y presión ejercida por grupos paramilitares en pequeños pueblos rurales, se le suman problemas con el software, la polémica en las elecciones legislativas de este año y rumores de aplazar las elecciones. 

Petro afirmó que el Gobierno pretende suspender las elecciones presidenciales e hizo un llamado a las demás campañas para unirse contra lo que denominó «un golpe a las elecciones del próximo domingo 29 de mayo».

El uribismo ha buscado suspender las elecciones basándose en un posible fraude electoral a cargo del registrador nacional Alexander Vega, lo que fue muy llamativo, ya que responde y fue elegido por esta fuerza que dirige el expresidente de derecha. 

¿Cuáles fueron las críticas a Vega por parte del uribismo? Durante las elecciones legislativas en el recuento provisional, que no tiene validez, se perdieron 400 mil votos para el Pacto Histórico. Gracias a la labor de los militantes del Pacto se recuperaron, pero en total fueron 700 mil los que se lograron recuperar desde la izquierda. 

La pérdida favorecía a los partidos de extrema derecha (Centro democrático y Partido Conservador). Pero increíblemente, de nuevo, el expresidente Uribe gritó fraude y acusó a Petro de robarse las elecciones.

Ante esta situación, la campaña de Gustavo Petro exigió una auditoría externa del software que se usará en las presidenciales del 29 de mayo, aunque nunca se realizó un ensayo. Nuevamente, estará latente el posible fraude en el recuento de votos. 

Petro podría consvertirse en el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia.

Esperanza 

Sin embargo, en estas elecciones no todas las emociones son negativas. El principal motor de los partidistas de Petro es la esperanza. Y eso se debe a que por primera vez en más de 30 años, un candidato de izquierda logra tener más del 40% de intención de voto. 

La primera hazaña de Gustavo Petro fue en 2018 cuando llegó a la segunda vuelta con Iván Duque. En aquellas elecciones la esperanza fue alta, pero el impulso de las legislativas del 2021 agregan mayores expectativas para el próximo domingo. 

Esa esperanza se fue construyendo a partir del dolor y la bronca. La crisis económica y social que ha dejado la pandemia y el mal gobierno de Iván Duque, así como las matanzas de líderes y liderezas sociales y firmantes de la paz, han encontrado en Gustavo Petro y Francia Márquez una salida.   

Una nueva generación ha ingresado y confiado en la política y en la paz como instrumento de transformación de la realidad. Jóvenes, feminismos, afros, sectores populares, aparecieron en la agenda pública con el estallido social del 2019, y con ellos una gran cantidad de demandas que la élite política nunca ha considerado.

Petro y Márquez son la expresión de la consolidación de un proceso de luchas antiuribistas de larga data. Representan el correlato político de todas esas luchas sociales, de los paros que comenzaron en 2019, pero sobre todo del proceso que comenzó con los Acuerdos de Paz. 

Por eso, la esperanza es inevitable, se trata de poder romper por primera vez con la hegemonía del uribismo que marcó el rumbo político y económico de Colombia desde el año 2002. Es la esperanza de “vivir sabroso”.