
El intento sostenido del gobierno de Javier Milei de derogar la actual Ley del Libro abroqueló al mundo editorial de Argentina en un rechazo concreto y firme. La obsesión desreguladora del Ejecutivo, que se traduce sin mediaciones como una política que beneficia a las multinacionales y a los grandes empresarios nacionales, también abarca a la cultura. Recortes de presupuestos, abandono de políticas públicas, despidos masivos y la comercialización de grandes espacios públicos -como los casos de Tecnópolis o el Centro Cultural Néstor Kirchner-, es la única propuesta del gobierno nacional para el ámbito cultural.
Quien lleva adelante esta nueva avanzada neoliberal es Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, que presentó el anteproyecto para derogar la Ley 25542 de Protección de la Actividad Librera. Desde el amplio sector del libro las voces son unánimes: si la norma es aprobada, permitirá la concentración comercial y amenaza la diversidad editorial y el patrimonio cultural que protege la ley actual.
La normativa vigente establece que el valor fijado por las editoriales o las importadoras sea uniforme en todo el país, con lo cual cada libro cuesta lo mismo en cualquier comercio o ciudad del país. De esta forma, se evita la competencia desleal de grandes cadenas comerciales frente a las librerías.
Jany Ulloa, integrante de la editorial Batalla de Ideas -con diez años de trayectoria-, explicó en el programa El Mañanero que la norma impulsada por el Ejecutivo perjudica, entre otras cosas, a las editoriales pequeñas e independientes. Ulloa afirmó que la propuesta oficial busca dejar sin cultura a la población, ya que se priorizaría la distribución de grandes best sellers y la sobrevivencia de los grandes conglomerados editoriales.
Ulloa recordó que la actual ley fue sancionada en 2001 con el apoyo total del mundo editorial y que en la actualidad nadie rechaza la normativa. La ley “no es un subsidio, no le sale nada al Estado”, indicó la integrante de Batalla de Ideas, que agregó que si se aprueba la iniciativa gubernamental, las librerías de los barrios corren el riesgo de cerrar.
“Las librerías de barrios tienen la cuestión de que un librero te recomienda qué libro leer y tienen actividades, presentaciones, conversatorios. Es la cultura viva, contrahegemónica, eso lo encontrás en esas librerías”, remarcó.
Ulloa destacó que las obras publicadas por medianas y pequeñas editoriales ya no se encuentran en grandes cadenas de librería, y que si la nueva ley es aprobada se agravaría todavía más la situación, porque no quedarían espacios para la circulación de libros de pequeñas tiradas. “Se van a perder voces”, resumió Ulloa.
La integrante de Batalla de Ideas alertó que el discurso del gobierno apunta a que con la nueva norma, el precio de los libros bajaría, pero en los países en que se impulsaron leyes similares eso no sucedió. Ulloa recordó que con la misma justificación se derogó la ley de alquileres y ahora los precios se dispararon y mucha gente ya no puede acceder a una vivienda.
En estos días se conocieron las experiencias de varios países, como el caso de Suiza, donde una ley similar a la argentina se derogó en 2007. Un estudio encargado por la Secretaría de Estado de Economía de ese país, no encontró cambios significativos en los precios. Por su parte, en Reino Unido los índices oficiales muestran que los precios de los libros crecieron por encima de la inflación general, aunque se apliquen descuentos. En Australia otra vez se discute la regulación de los precios de los libros, después de que la normativa fuera anulada en 1972. En el caso australiano, la red de librerías se redujo de 2879 a 1457, entre 2013 y 2023.
“No hay nadie en el sector que esté a favor de la desregulación. Todas las editoriales y las librerías, en conjunto, salieron a informar -apuntó Ulloa-. Porque no es solamente que nos afecta a nosotres, porque el ecosistema del libro es enorme”, e incluye a diseñadoras, correctores, imprenteros y transportistas, entre otros, que forman una cadena laboral que con la iniciativa oficial corre el peligro de desaparecer.









