Mientras la Argentina conmemora el Día de la Industria, Fabricaciones Militares atraviesa una de sus mayores crisis. El Gobierno nacional abrió un concurso para incorporar socios privados nacionales y extranjeros a las cuatro fábricas que todavía permanecen operativas: Fray Luis Beltrán, Río Tercero, Villa María y FANAZUL.
El proceso fue prorrogado hasta el 3 de noviembre y contempla operadores privados con una participación mínima del 51%. Para los trabajadores, no se trata solamente de una privatización: es el avance sobre capacidades estratégicas que hacen a la soberanía nacional.
La resistencia comenzó el lunes 31 de agosto con asambleas en Fray Luis Beltrán y continuó en Villa María y Río Tercero. Este miércoles, trabajadores de las cuatro plantas llegaron a Buenos Aires para realizar una conferencia de prensa frente a la sede central.
En exclusiva para ARGmedios, Fernando Peyrano, trabajador de Fabricaciones Militares, resumió la posición del sector: “No queremos ensamblar para empresas extranjeras”.
Peyrano sostiene que el Estado argentino todavía conserva capacidad para producir equipamiento militar: “Tenemos capacidad técnica, experiencia y estructura propia para fabricar equipos militares, pero ellos quieren estandarizar los planos de las patentes para que nosotros quedemos en la calle”.
La preocupación alcanza también a la producción de pólvora. Según el trabajador, “Grupo Neuss se quiere quedar con la fabricación de la pólvora nacional”, mientras que FANAZUL actualmente no produce a partir de la finalización de un convenio con el Estado peruano.
Otro punto señalado por Peyrano es la dimensión internacional del proceso: “Todo lo va a tener que aprobar la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de los Estados Unidos”.
Fuentes consultadas por ARGmedios señalan además que empresas de origen turco, español e israelí estarían interesadas en participar del proceso. La información todavía no fue confirmada oficialmente y forma parte de una investigación en curso.
De 14 fábricas a cuatro
El retroceso no comenzó con el actual Gobierno. Tras el regreso de la democracia, Fabricaciones Militares llegó a contar con 14 establecimientos. Hoy quedan cuatro plantas operativas.
En Fray Luis Beltrán trabajan alrededor de 300 personas de manera directa y el doble de forma indirecta. Allí se fabricaron rieles para ferrocarriles, insumos para las fuerzas de seguridad y las Fuerzas Armadas y se desarrollaron capacidades tecnológicas estratégicas, como el proyecto del misil Cóndor.
Para el diputado santafesino Carlos Del Frade, entrevistado en exclusiva por ARGmedios, lo que está en juego excede el destino de una fábrica.
“Estados Unidos es un imperio en decadencia pero prepotente con todas aquellas naciones que en América Latina no quieren subordinarse como sí lo hace el Gobierno de Milei”.
Del Frade también cuestionó al gobernador santafesino Maximiliano Pullaro por el retroceso industrial de la provincia y advirtió sobre el impacto que tendría el cierre o desarticulación de Fray Luis Beltrán.
“El cierre de la fábrica militar también es el cierre de una idea de un Estado nacional que junto a los sectores privados desarrollaran una industria nacional pesada, estructural”.

Trabajadores especializados en riesgo
El conflicto tiene además un impacto directo sobre miles de familias. Las cifras difundidas por los trabajadores varían según el universo considerado: ATE habla de 1.032 puestos en riesgo, mientras Peyrano estima que entre las cuatro fábricas son aproximadamente 1.337 trabajadores.
El problema no es solamente la cantidad de empleos. Fabricaciones Militares concentra una mano de obra especializada difícil de reemplazar.
“Tenemos mano de obra especializada desde hace mucho tiempo. Muchos entraron en 2003. No cualquiera puede producir productos militares que no fallen”, explicó Peyrano.
Sin embargo, asegura que los bajos salarios y la falta de perspectivas están provocando una fuga de profesionales.
“Cobramos en promedio menos de un millón de pesos a un millón doscientos y tenemos multitareas. Los ingenieros ya empezaron a irse a otras empresas o quedaron desocupados”.
A esto se suma un símbolo del retroceso industrial: el mes pasado dejó de fabricarse el Fusil Automático Liviano (FAL).
La discusión, entonces, excede la situación laboral de 1.000 o 1.300 trabajadores. Lo que está en juego es una capacidad industrial acumulada durante décadas.
Una fábrica puede privatizarse. Una planta puede cambiar de dueño. Pero recuperar trabajadores especializados, tecnología y capacidad soberana de producción puede llevar generaciones.
En el Día de la Industria, Fabricaciones Militares vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que atraviesa buena parte de los conflictos actuales:
¿Qué industria nacional queda cuando las capacidades estratégicas del Estado pasan a depender de capitales extranjeros?












