En las democracias débiles nacen los monstruos: el experimento que ya ensayan las nuevas derechas 

De Milei a Bolsonaro junior, en Brasil. De Trump a los fenómenos de la derecha “neo-reaccionaria” que ya plantean sin miedo que hay que destruir el Estado e instalar gobiernos de Ceos.  Una nota para pensar la calidad de nuestras democracias y evitar caer en la trampa de quienes quieren volver al (tecno) feudalismo.

Voy al grano rápidamente, para después poder desarrollar y -ojalá- lograr debatir esto más adelante entre muchos y muchas:  en las últimas décadas, la democracia se volvió un sistema que reservó únicamente la participación ciudadana a través del voto. El pueblo no sólo se encuentra limitado en su capacidad de accionar y decidir, sino que también se ve defraudado -una y otra vez- con los políticos de turno. Lo que no sólo está generando que los oficialismos pierdan sin poder reelegir, sino que de fondo, está mostrando una erosión lenta de la capacidad de la política para poder transformar realmente la vida de las personas.

De hecho, en las últimas elecciones en América Latina, 20 de los 24 gobiernos perdieron las elecciones, quedándose sin la posibilidad de poder reelegir.  Ocurrió en nuestro país con la derrota del Frente de todos en 2023. Y ocurrió este domingo con la derrota de Lula frente a Flavio Bolsonaro, lo que obligó a una segunda vuelta difícil para el PT. 

Si bien con esto no quiero en absoluto decir que todos los partidos políticos son lo mismo,  los números hablan por sí solos. En la Argentina, al menos, los últimos diez años marcan un decrecimiento de la economía, un aumento de la pobreza, un ajuste sostenido en las clases más pobres y la clase laburante, un endeudamiento feroz con organismos de crédito como el Fondo Monetario Internacional, una pérdida de soberanía preocupante y un acelerado proceso de desindustrialización. 

Entonces, acá podría entenderse más por qué la gente termina volcándose por expresiones de extrema derecha, así como de ofertas cuasi bizarras y violentas, que en ninguna oportunidad muestran un real proyecto de país.

Por su puesto que Javier Milei es uno, pero ya no es un caso aislado: en la región han emergido líderes “outsider” como Nayib Bukele en El Salvador, Jair Bolsonaro (y ahora su hijo, Flavio) en Brasil, o Abelardo De la Espriella en Colombia. 

Todos fenómenos difíciles de poder sintetizar y contextualizar en una sóla nota. Aunque tienen algo en común: siempre logran una desorientación profunda a quienes siguen midiendo la democracia con el mismo termómetro que hace 50 años. 

¿Por qué?  porque estamos entrando en una nueva fase de la vida democrática que no es, precisamente, lo que los sectores progresistas y la izquierda buscan.  Tampoco es la democracia de la “comunidad organizada” que planteó alguna vez el peronismo. 

Las nuevas derechas en el mundo ya lo saben y tienen un plan: mostrar las limitaciones de una democracia frágil, sin real participación y fuerza popular,  para terminar de destruirla. Milei no es sólo una nueva expresión, sino un experimento. Algunas de estas puntas comienzan a verse cada vez con mayor claridad.

Peter Thiel

La conexión entre Peter Thiel y el fallo de la Corte

“Tu derecho al voto no está en peligro. Los otros derechos, sí. Tengo pocas esperanzas de que votar mejore las cosas”. La frase es de Peter Thiel. Uno de los empresarios más ricos del mundo, con una fortuna que supera los 30 mil millones de dólares.  

Es uno de los referentes máximos del denominado tecno-feudalismo, o como ellos mismos se hacen llamar, “neo-reaccionarios”. Es dueño de muchas empresas, pero la más importante es Palantir. Se trata de la compañía de espionaje y procesamiento de datos más grande del mundo, la cual funciona como una de las herramientas tecnológicas del Pentágono y ya es parte de las políticas de seguridad en muchos países del mundo. 

Thiel se instaló recientemente en la Argentina. Fue recibido varias veces por el presidente Milei (en una oportunidad en secreto y prohibiendo el ingreso de la prensa a la Casa Rosada).  En menos de un año se compró una mansión en el barrio porteño de Palermo e invirtió 76 millones de dólares en las acciones de Vaca Muerta.  Ah, y también inscribió a sus hijas en uno de los colegios privados más selectos del país. 

Es decir, la intención del magnate tecnológico parece mostrar real interés por el país. Y por sus recursos. 

Ahora bien, el pasado 30 de septiembre, la Corte Suprema de Justicia dejó habilitado el artículo sobre la reforma de la Ley de Tierras del mega DNU 70/23. Se trata del artículo que permite la extranjerización de tierras sin límites en nuestro país. La misma iniciativa que despertó una reacción popular inédita y colmó las calles el pasado 6 de agosto, obligando a que el oficialismo retroceda. 

Pero ahora ese artículo está vivo. Y los extranjeros como Peter Thiel podrán comprarse extensiones inmensas de la Patagonia, el norte o el litoral argentino, si el próximo jueves 15 de octubre, la Cámara de Diputados de la Nación no rechaza el DNU, o ese artículo en particular. 

Gobierno de ceos, o de señores (tecno) feudales 

Suceda o no,  Thiel es la muestra clara de lo que se enfrenta la democracia en nuestro país, y en el mundo.  No se trata tan sólo de un empresario exitoso, sino de un ideólogo de otro modelo de civilización.  “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”, también había dicho Thiel durante una conferencia en 2009. 

Los denominados “neo-reaccionarios”  como Peter Thiel, Curtis Yarvin o Nick Land, vale aclarar, son intelectuales que han servido de inspiración a La Libertad Avanza en la Argentina.  Y ya lo dicen sin tapujos: la democracia no funciona y debe ser reemplazada por un “modelo corporativo”, donde un CEO haga las veces de presidente. 

No sólo eso. Aclaran que, entonces, la figura de “ciudadanos” dejará de existir, para que cada persona sea considerada un “productor” o “consumidor”. Por lo cual,  según el propio Yarvin, “una persona que no aporta económicamente a su sociedad no sirve”. 

Para eso tienen un método que buscan aplicar para sustituir gradualmente a la democracia: la denominan “la ventana de Overton”, la cual en síntesis significa hacer aceptable en la sociedad lo que hasta entonces era inaceptable o motivo de repudio. 

Imposible no ejemplificar con lo que ocurre en nuestro país desde la llegada de Milei: se naturalizó que un presidente se encuentre con claros signos de desborde emocional, que pueda insultar o calumniar gratuitamente, incluso amenazar en redes sociales. Que degrade a las mujeres o hasta a un niño discapacitado. Y por supuesto, que destruya toda investidura presidencial. 

Por fuera de la figura de Milei en sí, en nuestro país también se está volviendo normal ver jubilados reprimidos por la policía,  naturalizar la pobreza y la indigencia en las calles de las grandes ciudades, así como relacionar a los sectores públicos -como el hospital y la universidad pública-  con la falta de recursos y la crisis. 

Es decir, la “Ventana de Overton” se está instalando en nuestra democracia. Y la única opción para evitar el avance del modelo neo-reaccionario en el país, es imponer una democracia mejor. (Esto, sin dudas, deberá ser una tarea urgente del gobierno que destrone a La Libertad Avanza, en esta o la próxima elección). 

A la mala democracia se le contesta con más y mejor democracia.  Y allí -parece- no tendrán mucho que ver los partidos políticos tradicionales, sino la pura y enérgica participación del pueblo.