¿Argentina es un país racista?

El 12 de octubre vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda. Eugenia Figueroa, comunicadora indígena del pueblo colla y referenta antirracista, responde sin vueltas. El racismo no es un exabrupto, es la base sobre la que se construyó el Estado. Y hoy se expresa en la portación de rostro, en la falta de representación y en el despojo de los territorios.

Eugenia Figueroa @soymujercolla Foto: Gabriela Barraza

El 12 de octubre no es una fecha neutral. Es el día en que el relato oficial celebra la “llegada” de Cristóbal Colón y, al mismo tiempo, invisibiliza siglos de saqueo, colonización y resistencia indígena y afrodescendiente. Este año, el gobierno de Javier Milei volvió a usar la denominación “Día de la Raza” en el calendario oficial de feriados. Una decisión que comunidades originarias calificaron como una vuelta al relato eurocentrista con el que se construyó la historia argentina.

En ese marco, la voz de Eugenia Figueroa, comunicadora indígena del pueblo colla, feminista comunitaria y antirracista, resulta imprescindible. Desde su cuenta @soymujercolla, Eugenia viene desarmando las tramas del racismo estructural argentino. “Sí, evidentemente Argentina es un país racista. Y lo es por una historia invisibilizada, una historia de saqueo y de colonización, donde también se invisibilizó la resistencia de los pueblos indígenas y afrodescendientes”, dice.

La conformación del Estado se hizo desde una visión blanqueada y europea. Eso no quiere decir que Argentina sea el país más racista, pero sí que está construido bajo parámetros de racismo estructural. “Salir del posteo de Instagram también significa ampliar el debate sobre el racismo y llevarlo a una discusión verdaderamente política, más aún en un contexto de crisis de las democracias en América Latina y en Argentina. También es un llamado a organizarnos por fuera de las redes sociales”, plantea Eugenia.

¿Quiénes son los negros en Argentina?

En nuestro territorio existe una utilización muy despectiva de expresiones como “negro de mierda” o “negro cabeza”. Generalmente hacen referencia a las corporalidades que habitan las villas y los barrios populares. “Muchas veces se dice que en Argentina no hay población afro, pero sí existen corporalidades que el argentino blanco discrimina. Incluso aparecen expresiones aparentemente más afectuosas, como ‘esos negros y negras’. Bueno, ¿quiénes son esos negros?”, se pregunta Eugenia.

“Son personas racializadas que no entran ni en la categoría de lo blanco ni necesariamente en la de lo afro. Son personas cuyas identidades provienen de pueblos indígenas y de otras corporalidades que también construyeron esta Argentina”, responde. “Porque este país no se hizo solamente a partir de la inmigración europea. Entonces, esos ‘negros de mierda’ de los que se habla en Argentina son quienes viven en los barrios populares, en las villas, y representan una presencia que incomoda a esa blancura porteña, a esa sobrerrepresentación de la blancura en nuestro país. Y también son parte de las resistencias.”

Argentina no es blanca. Foto: Colectivo Identidad Marrón

El racismo institucional

Eugenia señala que el racismo también se expresa en la falta de representación. “Muchas veces decimos que somos el país más progresista en materia de derechos LGBT, pero no tenemos representación indígena en el Congreso de la Nación. Eso también es una forma de racismo institucional”, afirma.

“Argentina es un país muy diverso. Y esa diversidad no solamente está en nuestros rostros o corporalidades, sino también en nuestras costumbres y cosmovisiones. Eso nos obliga a visibilizar que existen otras identidades por fuera del porteñocentrismo blanco que se exporta hacia el mundo. Hoy hay una sobrerrepresentación de esa identidad en los medios de comunicación, en el Congreso y en los espacios de poder, mientras que esas otras corporalidades siguen sin estar representadas.”

Racismo, extractivismo y desigualdad

La conexión entre racismo y extractivismo también aparece en su análisis. “En el caso indígena, además, somos muy pocos los artistas que hablamos de racismo dentro del propio movimiento indígena. Nos atraviesan los conflictos territoriales y también la forma de extractivismo que este sistema ejerce sobre los territorios indígenas. Eso también es racismo”, dice Eugenia.

“Porque hay que preguntarse quiénes son los que se quedan sin agua, quiénes viven en los barrios populares más desprotegidos, quiénes sufren el desmonte en el norte argentino y quiénes padecen el desalojo de sus comunidades. Son el pueblo kolla y muchas otras comunidades indígenas organizadas. Todo eso también es una forma de racismo.”

¿Cómo construir un antirracismo popular?

Eugenia plantea que el antirracismo es una propuesta política para descolonizar todo lo que tiene que ver con cómo nos pensamos como sociedad y con las representaciones políticas que tenemos, tanto en el Estado como en las instituciones. “También busca transformar las relaciones políticas, sociales y personales. Es una propuesta transformadora para descolonizar la identidad del país y también una respuesta política para transformar los feminismos”, explica.

Para profundizar el debate, recomienda a Frantz Fanon, Yuderkys Espinosa, Ochy Curiel y, entre los autores indígenas, a Fausto Reinaga. “Son autores que nos ayudan no solamente a pensar el antirracismo, sino un antirracismo profundo que nos lleve a un debate político permanente sobre estas democracias y sobre cómo funciona el mundo bajo estas formas de opresión.”