El futuro (y la Inteligencia Artificial) llegó hace rato

La inteligencia artificial (IA) llegó… hace rato. Nadie puede negar esta realidad. Pero entonces, ¿qué hacer con esta nueva tecnología que apabulla, que por momentos confunde, y que en la mayoría de los casos está gestionada y explotada por tecnomillonarios que desprecian la democracia y la libertad?

Un muy buen punto de partida para reflexionar y proyectar al respecto lo podemos encontrar en Más allá de Silicon Valley. Inteligencia artificial con características chinas, libro de Jeff Xiong publicado por la editorial Batalla de Ideas y el Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Xiong —nacido en China en 1980 y quien trabajó más de veinte años en la industria del software—, explica que el objetivo del libro fue “escribir una serie de historias simples”, con la esperanza de mostrar “que la IA no tiene por qué servir solo al Norte Global y a la burguesía, que los pueblos del Sur Global pueden beneficiarse de este avance tecnológico, y quizás beneficiarse incluso más, porque históricamente los pueblos del Sur Global han sufrido más que nadie las desigualdades de información y comunicación, y la IA tiene el potencial de romper esas desigualdades y democratizar el conocimiento”.

En el libro también se desarrolla una extensa crítica al “modelo” de Silicon Valley, sostenido por la industria militar y la política exterior estadounidenses. En sus descripciones del mundo tecnológico capitalista, Xiong incluye también las transacciones multimillonarias de las compañías tecnológicas que cotizan en la Bolsa de Valores de Wall Street.

Pero el acierto más importante del libro es describir cómo la IA puede utilizarse en beneficio de grandes sectores de los pueblos del mundo, ya sea en China o en Brasil. Además, se rescata la experiencia tecnológica durante el gobierno del presidente Salvador Allende en Chile (1970-1973), iniciativa truncada por el golpe de Estado encabezado por Augusto Pinochet.

Xiong reflexiona que ante el “poder opaco” impulsado por los tecnomillonarios como Peter Thiel, los “movimientos populares y las organizaciones políticas de América Latina todavía no han encontrado cómo pararse” frente a esta realidad. “La cuestión es que ignorar el problema reproduce la dependencia tanto como aceptar las herramientas sin discutir sus condiciones: la primera, porque cede el terreno sin disputar el contenido de clase de la tecnología; la segunda, porque naturaliza una jerarquía que se presenta como inevitable, pero que es histórica y sujeta a transformaciones”, asevera el autor y director International Communications Research Institute de la East China Normal University, en Shanghái.

En el prólogo, Germán Pinazo —rector de la Universidad Nacional de General Sarmiento, de Argentina— apunta que “uno de los grandes méritos” del libro es que permite pensar discusiones sobre la IA y su implementación “desde un lugar incómodo para las miradas dominantes”.

“La enorme mayoría de la conversación pública global sobre Inteligencia artificial está tomada por una narrativa profundamente occidentalizada, construida desde Silicon Valley y reproducida acríticamente por gran parte de los medios, de los sistemas universitarios periféricos y de las elites políticas del Sur Global —expresa Pinazo—. Esa narrativa presenta a la innovación tecnológica como el resultado natural y casi exclusivo del ecosistema empresarial estadounidense; invisibiliza las relaciones de poder que organizan el capitalismo digital contemporáneo; y reduce el debate sobre inteligencia artificial a una competencia de aplicaciones, plataformas o modelos conversacionales”.

Por su parte, en la introducción del libro, María Luján Veiga remarca que la IA “no es una tecnología neutral, sino el nuevo terreno donde se disputa quién controla los medios de producción del siglo XXI”. “Los datos que generamos como sociedades son la materia prima de una economía que se construye sobre su extracción, su procesamiento y su comercialización —explica—. Quienes los acumulan y los procesan concentran un poder sin precedentes para predecir y moldear, a la vez que condicionar, el comportamiento de millones de personas sin que estas lo hayan decidido o ni siquiera lo sepan. Esas mismas plataformas moldean subjetividades al definir qué información circula, mientras amplifican algunas voces y silencian otras, determinando qué versión del mundo se vuelve cotidiana para millones de personas. La IA, diseñada bajo lógicas de acumulación privada y con claros intereses geopolíticos, compromete la capacidad de los pueblos para construir pensamiento crítico y sujetos colectivos de cambio”.

Más allá de Silicon Valley… es una puerta abierta que nos permite ingresar a un tema (y a una problemática) de la que escuchamos todos los días, pero de la cual sabemos muy poco, aunque sabemos que la IA es un futuro con el que ya convivimos de forma inevitable.