Terremoto en Venezuela: Cómo las sanciones condicionan la respuesta a la mayor tragedia natural del país en décadas

El desastre volvió a poner en discusión el impacto de las sanciones sobre la capacidad de respuesta del Estado venezolano. Qué dicen geólogos, organismos internacionales, especialistas y periodistas desde el territorio.

Catia La Mar 28 de junio. Foto: Ariada Mogollón/ Ceiba, periodismo con memoria

El 24 de junio en Venezuela era feriado por la Batalla de Carabobo, que también se cruza con el Día de San Juan Bautista, una de las festividades culturales y religiosas más importantes del país. Pasadas las 18:00 (hora local), dos terremotos consecutivos, de magnitud 7,2 y 7,5, sacudieron el país con apenas unos segundos de diferencia. El segundo, más superficial y destructivo, terminó de derrumbar lo que el primero había dejado en pie.

En diálogo con ARG Medios, Nicole Pommarés y Enrique Fucks, Doctores en Geología por la Universidad Nacional de La Plata, explicaron que Venezuela se encuentra en el límite entre la placa Sudamericana y la placa del Caribe. Esa frontera geológica no es como otras: “no hay subducción que genere volcanes ni compresión que forme cordilleras. Es una falla transformante, donde las placas simplemente se deslizan una junto a la otra. Ese roce continuo acumula energía y llega un momento en que la roca no puede contenerla más y se libera”.

El segundo terremoto ocurrió a solo 10 kilómetros de profundidad. Cuanto más superficial es un sismo, mayor es el daño en superficie. Por eso la destrucción fue tan extensa.

Los geólogos afirman que se trata de un fenómeno que no se puede predecir, ya que la energía se acumula durante décadas, incluso siglos, y las fallas permanecen “trabadas” hasta que la tensión es insoportable. Y cuando se libera, puede activar fallas vecinas, como ocurrió esta vez. “Si bien en China se investigan variaciones del campo gravitatorio que podrían anticipar eventos con días de margen, por ahora, la precisión sigue siendo un desafío”, explican.

La amenaza natural y la vulnerabilidad

El terremoto es un fenómeno natural que desata una tragedia y deja al descubierto la vulnerabilidad de las poblaciones afectadas. Tanto Pommarés como Fucks expresan: “el riesgo surge de la combinación entre una amenaza natural y la vulnerabilidad”.

Esa vulnerabilidad puede expresarse de distintas maneras, en la falta de mantenimiento de infraestructuras, la imposibilidad de acceder a materiales de construcción y repuestos, y la restricción para importar maquinaria pesada. Todo eso forma parte de la vulnerabilidad.

Y el factor clave para entender esa vulnerabilidad son las sanciones contra Venezuela. Mientras el gobierno venezolano intenta coordinar la respuesta, el bloqueo financiero limita el acceso a insumos básicos para la reconstrucción. Maquinaria para remover escombros, repuestos para equipos de rescate, materiales para evaluar edificios dañados. Todo eso llega con cuentagotas, cuando llega.

Sobre esto, el boletín “Venezuela por la Vida” denuncia: “el bloqueo imperialista mata: ninguna cuenta personal o jurídica puede recibir recursos directamente desde el extranjero, el entramado de 1.300 sanciones hace que el sistema bancario internacional no lo permita para evitar las sanciones gringas. Por lo tanto, la reciente licencia N60 es solo una patraña”.

Este documento reivindica la acción del Estado venezolano: “durante más de una década ha logrado sostener la atención básica al pueblo a pesar de una reducción del 99% del ingreso nacional a causa de las sanciones. La mayor ayuda humanitaria es el levantamiento de todas las sanciones de EE.UU. a Venezuela YA”, manifiestan.

La relatora especial de la ONU Alena Douhan documentó que, producto de las sanciones, “los ingresos del Estado venezolano se redujeron en un 99%, dejando al país con apenas el 1% de los recursos de los que disponía antes del endurecimiento de las sanciones”. Eso significa que, incluso con licencias humanitarias, la capacidad de inversión del Estado está severamente limitada. No se trata de una norma excepcional, sino de un entramado de restricciones que afectan a toda la economía venezolana.

Tras el terremoto, Estados Unidos anunció el envío de 150 millones de dólares en ayuda y activó una licencia temporal que permite transacciones relacionadas con las labores de socorro hasta el 23 de octubre de 2026. Pero la medida tiene límites claros: no incluye el desbloqueo de bienes sujetos a sanciones, y muchos bancos, por temor a violar las restricciones, siguen bloqueando transferencias.

Sobre esto último, la Red Compañera Feminista denuncia que “la desconexión del sistema financiero nacional frente a la banca global impide que la ayuda llegue de manera fluida, rápida y directa. Depender exclusivamente de plataformas alternativas para procesar donaciones no es una solución sostenible ante una catástrofe” y agregan: “Si Estados Unidos deseara ayudar al pueblo venezolano en este momento tan crucial, levantaría las sanciones. Es momento de priorizar la humanidad sobre el injerencismo”.

En esta línea, el economista Francisco Rodríguez cuestiona: “Dado que hay pruebas contundentes de que las sanciones frenan gravemente la respuesta humanitaria, ¿qué razón justifica mantenerlas en el caso de Venezuela?”.

La llegada de los marines estadounidenses

Otra de las denuncias desde la zona del desastre es la que hace la periodista venezolana, Ariadna Mogollón, desde Catia La Mar: “Llegaron los marines supuestamente a ayudar. El gobierno de Estados Unidos no mandó ningún equipo especialista en rescate, sino mandó a los marines. Creo que esto lo tenemos que denunciar. Nosotros no necesitamos marines, nosotros necesitamos equipos de rescate”.

Soldados estadounidenses en Caraballeda. Fotos: Juan Barreto/AFP

Al respecto, Sarah Schiffling, especialista en logística humanitaria y cadenas de suministro de la Hanken School of Economics (Helsinki), advierte que, aunque los principios humanitarios exigen imparcialidad, en la práctica Estados Unidos suele utilizar la ayuda para posicionarse políticamente. “Por un lado, la ayuda no llegará a quienes la necesitan. Por el otro, EE.UU. utilizará este desastre para ganar más influencia en Venezuela”, sostiene.

En el plano internacional, el presidente colombiano Gustavo Petro pidió “levantar las sanciones y el bloqueo para que Venezuela tenga la mayor capacidad de acción posible”. Mientras que China, en la ONU, exigió el levantamiento inmediato de las sanciones unilaterales.

Los geólogos sostienen que los terremotos no pueden evitarse. Lo que sí puede reducirse es la vulnerabilidad. El debate que deja esta tragedia es si un país sometido a sanciones puede responder en igualdad de condiciones frente a un desastre natural. Para el gobierno venezolano, organizaciones sociales y varios dirigentes internacionales, la respuesta pasa por levantar las sanciones.

Mientras las discusiones continúan, también lo hacen las tareas de rescate: más de seis mil personas fueron salvadas y miles de trabajadores, brigadistas y voluntarios permanecen en el territorio buscando sobrevivientes y asistiendo a las familias afectadas. Porque el próximo terremoto no puede predecirse. Lo que sí puede decidirse son las condiciones en las que un país deberá enfrentarlo.