CELAC, OEA y los caminos posibles para la integración

La CELAC se reactiva luego de la última cumbre en México y en un escenario de cambios en la región. Acuerdos, debates y la crisis de la OEA.

OEA CELAC México
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró que el presidente de Uruguay, Luis Lacalle desconoce la realidad. Foto: Presidencia de México via Reuters.

Finalmente, después de casi cinco años, el 18 de septiembre se realizó en México la VI Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Este espacio es importante porque se trata del primer organismo de integración en la historia que reúne a los países de América Latina y el Caribe sin la participación de EE. UU. y Canadá.

¿Renacer de las cenizas?

Luego de un período de gran vigor en el comienzo de la década pasada, la CELAC atravesó un momento de parálisis, en consonancia con el avance de los sectores proestadounidenses en toda la región, pero especialmente en América del Sur, entre 2015 y 2019.

Un indicador del nivel de actividad del organismo es la cantidad de reuniones de presidentes y jefes de Estado. La primera reunión fue en febrero de 2010 en Playa del Carmen (México) y la segunda se realizó en diciembre de 2011 en Caracas. Allí el espacio quedó constituido formalmente. A partir de ese momento se realizaron las primeras cinco cumbres: Santiago de Chile (2013), La Habana (2014), San José de Costa Rica (2015), Quito (2016) y Punta Cana (2017). En esta última cumbre, República Dominicana traspasó la presidencia a El Salvador, hasta enero de 2018. Sin embargo, la Cumbre de San Salvador nunca se realizó.

Era el clímax de la ofensiva neoliberal conservadora, con un cambio notorio en la relación de fuerzas respecto al momento de la puesta en marcha. Mauricio Macri había sucedido en el gobierno de Argentina a Cristina Fernández de Kirchner, luego de su triunfo electoral de 2015. En Brasil gobernaba Michel Temer, a partir del golpe parlamentario de 2016 contra Dilma Roussef. En 2017, el juez Sérgio Moro condenaba a Lula a la cárcel, que se haría efectiva a partir de abril de 2018. También en 2017, en Ecuador, triunfaba el exvicepresidente de Rafael Correa, Lenin Moreno, quien de inmediato iba a traicionar el mandato popular y se pasaría al campo dirigido por el Departamento de Estado. La caída de los gobiernos progresistas de América del Sur iba a cambiar por completo el tablero, con la OEA recuperando un lugar de privilegio. Recién a fines de 2018 asumiría Andrés Manuel López Obrador en México.

Como muestra de lo devaluada que estaba la CELAC entre 2017 y 2019, el traspaso de mando se hizo recién en enero de 2019, sin cumbre de jefes y jefas de Estado. La presidencia entonces recayó en Bolivia durante todo ese año, que estuvo atravesado por las elecciones y el posterior golpe de Estado contra Evo Morales. En ese contexto, de parálisis casi total, en enero de 2020 el gobierno de México asumió la presidencia y desde ese lugar impulsó su reactivación.

Apuntes de la reunión

Mirado en perspectiva, entonces, la propia realización de esta VI Cumbre es un hecho político importante. Como analizamos de forma más extensa en otro artículo elaborado desde el Observatorio de coyuntura de América Latina y el Caribe, se trata de una consecuencia de un proceso más general: hay un cambio en la relación de fuerzas que habilita ese impulso y se relaciona de forma dialéctica con estas y otras iniciativas.

El escenario, si bien dinámico, imprevisible y hasta contradictorio, permite observar una cuestión que a esta altura casi nadie pone en duda: la OEA está en crisis. El trabajo sucio realizado por Luis Almagro contra los procesos a la izquierda del arco político —con especial interés en golpear a los países que impulsan ALBA-TCP— no fue gratuito y por estos días se observan los síntomas de ese fracaso, que es desde ya el fracaso de la política desarrollada por EE. UU., especialmente respecto a Bolivia y a Venezuela. Los movimientos hacia el ALBA lo plantean en un crudo documento, como parte de la campaña #OEANoVAMás.

Al dato político de la existencia de la CELAC en sí misma hay que sumarle otros: la participación del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, es uno de ellos. También la visita a México del presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, quien no solo participó de la cumbre sino que recibió el respaldo de su homólogo mexicano, quien lo invitó a actividades oficiales por el bicentenario del país e insistió con el pedido a EE. UU. para que cese el bloqueo.

Precisamente, el rechazo a las medidas coercitivas unilaterales (MCU) fue uno de los puntos destacados de la declaración de consenso, además de la elaboración de una declaración especial “sobre la necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos de América contra Cuba”. Esto también es un indicador de la situación política, en la medida en que aliados de EE. UU. –como los presidentes de Ecuador, Guillermo Lasso; de Paraguay, Mario Abdo Benítez y de Uruguay, Luis Lacalle Pou— no tuvieron la cuerda suficiente para oponerse a la inclusión del tema en los documentos finales. Además de ser violatorias del derecho internacional, las medidas coercitivas unilaterales tienen un profundo impacto en la población de los países “sancionados”, como lo analiza para el caso particular el libro Viviremos. Venezuela contra la guerra híbrida.

Los presidentes derechistas ensayaron dos tipos de estrategias. Mientras Jair Bolsonaro ya había proclamado la salida de Brasil de la CELAC y el presidente de Colombia, Iván Duque, se ausentó a último momento, otros gobiernos del mismo signo político —como Abdo y Lacalle Pou— concurrieron al encuentro con la idea de señalar a los adversarios de EE. UU. Estas críticas fueron respondidas por Díaz Canel y por Maduro, quienes los desafiaron a que pongan la fecha y el lugar para debatir sobre democracia.

Otros temas importantes que se discutieron, pero en este caso con consenso, fueron la necesidad de asumir acciones concretas para afrontar el cambio climático, así como plantear una posición común frente a los acreedores externos. También se acordó el rechazo a las políticas coloniales en el continente, entre las cuales se destacó el respaldo unánime a “los legítimos derechos de la Argentina en la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”. Este tema se incluyó en una declaración especial específica.

La crisis de salud estuvo presente en todos los discursos. En la reunión se aprobó por unanimidad el plan de autosuficiencia sanitaria para América Latina y el Caribe presentado por la CEPAL. “Hemos identificado acciones inmediatas a realizar en tres ámbitos: coordinación entre entidades reguladoras nacionales, mecanismos regionales de compra para tener acceso universal a las vacunas y la implementación de una plataforma regional de ensayos clínicos” [para la producción de los fármacos], expresó Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de este organismo dependiente de la ONU.

Otra de las noticias relevantes fue la participación de Xi Jinping en el cierre de la Cumbre. El mandatario chino envió un video en el que ubicó la construcción de la CELAC “en medio de los esfuerzos de los países de América Latina y el Caribe (ALC) por la independencia”. El mandatario chino consideró que la CELAC “ha jugado un importante papel en la salvaguardia de la paz y de la estabilidad” en el continente. También destacó que desde julio de 2014 existe un ámbito de articulación entre su país y la región a partir del Foro China-CELAC. Este Foro “se ha convertido en la plataforma principal para aglutinar las fuerzas amistosas de los diversos sectores de China y ALC”.

El espacio hace parte de los “Diálogos extrarregionales de la CELAC”, entre los cuales se incluyen también ámbitos de diálogo y cooperación con Rusia, con Corea del Sur, con India y con Turquía. Por su importancia y el grado de avance, la articulación entre China y CELAC se trata de un tema principal para el gobierno de EE. UU., que intenta —sin mucho éxito, incluso entre gobiernos más cercanos— limitar los acuerdos entre el gigante asiático y los países americanos.

Escenarios

De cara al futuro inmediato, quedan planteadas varias preguntas. La primera y principal es qué lugar ocupará la CELAC y cuál será el futuro de la OEA, dos caras de la misma moneda. En la previa, el propio gobierno de México criticó duramente a la OEA y planteó la necesidad de superar este organismo. La misma posición llevó Venezuela, que explicitó la contradicción fundamental entre el proyecto de Bolívar y la doctrina Monroe, que expresan uno y otro espacio. En la reunión, sin embargo, el tema se pateó para adelante.

La segunda pregunta, relacionada con la anterior, es sobre el nivel de actividad que tendrá la CELAC en esta nueva etapa. Sobre este tema cabe destacar la propuesta del presidente de Venezuela de dotar al organismo de una secretaría general. Actualmente la conducción está determinada por la impronta que quiera darle el país que ocupa la presidencia protempore. Una secretaría general le daría no solo una actividad permanente sino que además facilitaría la planificación a un plazo un poco más largo que el actual, cuando cada año cambia la presidencia y esto es aprovechado por las tendencias que quieren paralizar al organismo.

La tercera y última pregunta, al menos por ahora, es quién sucederá a México en la conducción. De acuerdo al representante de Argentina, este país “cuenta con un amplio apoyo” para ocupar la titularidad en 2022 y también para que un país del Caribe lo suceda en 2023. Sin embargo, este consenso no se verificó en la reunión. El gobierno argentino llegó golpeado por los resultados de las primarias y la posterior crisis política. Alberto Fernández decidió no viajar y además cambió al canciller en vísperas de la reunión, por lo que la representación recayó en un funcionario de segunda línea. Además, el gobierno argentino fue criticado abiertamente por el de Nicaragua por su actitud de injerencia en los asuntos internos de este país.

Por el momento, todas las posiciones de la CELAC se toman en base al consenso. Esa es su apuesta desde su origen y al mismo tiempo, condiciona los tiempos de su propio desarrollo. Los debates siguen abiertos. Serán las luchas sociales y su expresión en el calendario electoral las que aporten o no al desempate en esta partida por el sentido de la integración.

Por Fernando Vicente Prieto


 

Fernando Vicente Prieto es integrantes del Observatorio de coyuntura en América Latina y el Caribe (OBSAL), que impulsa el Instituto Tricontinental de Investigación Social.