Lo que Fidel Castro significa para nosotros

Fidel Castro y su legado para los pueblos del Tercer Mundo en una reflexión que mira a sus contribuciones históricas.

La primera vez que vi a Fidel Castro en persona fue durante la reunión del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) en Nueva Delhi en 1983. Castro había venido a ceder la presidencia del MNOAL de Cuba, que acogió la reunión de 1979, a la India. Fue recibido en el aeropuerto de Delhi por la primera ministra india Indira Gandhi, a la que llamó hermana.

En la reunión, Castro fue la estrella. No sólo mantuvo unidos a los 101 países que se reunieron bajo un liderazgo totalmente nuevo. El indio Nehru, el egipcio Nasser, el indonesio Sukarno y el yugoslavo Tito -los fundadores del MNOAL en 1961- ya no estaban presentes; los nuevos nombres eran Gandhi y Castro con nuevos líderes revolucionarios como el granadino Maurice Bishop y el nicaragüense Daniel Ortega. Incluso cuando muchos miembros del MNOAL se alejaron del Proyecto del Tercer Mundo, sus líderes recurrieron a Castro para que dijera lo que habían empezado a ocultar en el fondo de sus corazones.

El nuevo contexto era nefasto: México se declaró en bancarrota en 1982 debido a la creciente crisis de la deuda del Tercer Mundo, con veintiún países presentes en la sala afligidos por las dificultades de pago (dos años después, Brasil abrió un proceso penal contra el ex ministro Delfim Neto por mala administración del dinero público). La deuda total ascendía a cerca de un billón de dólares, y la mayor parte se debía a bancos privados. La mayoría de los países presentes en la sala se enfrentaban a graves problemas de impago. El Fondo Monetario Internacional (FMI) les había pedido que entraran en un Programa de Ajuste Estructural, lo que significaba subordinar su propia estrategia de desarrollo nacional a los intereses de los bancos ricos y los tenedores de bonos ricos. La catástrofe era evidente.

Fidel Castro utilizó la reunión del MNOAL de 1983 y una reunión sobre la deuda celebrada en La Habana en 1985 para instar a los miembros del Tercer Mundo a realizar una huelga de la deuda. Los Estados del MNOAL no aceptaron una huelga de la deuda, pero la comisión económica del MNOAL -presidida por Nicaragua- elaboró una declaración contundente sobre la asfixia financiera. Era necesario un nuevo sistema monetario internacional para «poner fin al dominio de ciertas monedas de reserva, garantizar a los países en desarrollo un papel en la toma de decisiones, asegurando al mismo tiempo la disciplina monetaria y financiera en los países desarrollados y un trato preferencial para los países en desarrollo». El objetivo que estaba sobre la mesa era reavivar el debate sobre el Nuevo Orden Económico Internacional, aprobado por la Asamblea General de la ONU en 1974, y que ahora es un punto de discusión que emana de Cuba.

Recuerdo los 1,90 mts. de Fidel Castro navegando por los pasillos, hablando con los delegados, instándoles a centrar la atención en la asfixia financiera de nuestros sueños. Castro no sólo hizo el trabajo político clave -garantizar que el palestino Yasser Arafat permaneciera en la reunión tras un enfrentamiento con la secretaría del MNOAL- sino que recordó al Tercer Mundo su misión, a saber, defender los derechos de la mayor parte de la humanidad contra el casino del capitalismo y las armas del imperialismo. Cuando Castro hablaba, sonreía, y su sonrisa iluminaba la sala incluso cuando decía al mundo las verdades clave de nuestro tiempo. En 1983, el dilema clave de la humanidad era la crisis de la deuda. Castro centró nuestra atención en el gran exceso de deuda, que se utilizaba entonces y se utiliza ahora para privar de los recursos necesarios a los proyectos de liberación nacional.

Fidel Castro e Indira Gandhi en 1983.

En la reunión de La Habana en 1985, Castro movilizó todas las herramientas de su enorme gama retórica para hacer un punto clave: la deuda no puede ser atendida, y no puede ser pagada. «Me culpan por decir que la deuda no se puede pagar. Deberían culpar a Pitágoras, Euclides, Arquímedes, Pascal (o Lobachevski), o cualquier matemático antiguo, actual o moderno que prefieran. Las matemáticas y las teorías de los matemáticos son las que demuestran que la deuda no se puede pagar». Sigue siendo impagada e impagable. Durante la actual pandemia, 64 países gastaron más en el servicio de la deuda que en el pago de la sanidad.

En cada momento de su vida, Fidel Castro atendió la crisis del momento y centró la atención en ella: el intento del imperialismo de impedir la descolonización, el belicismo de los estados imperialistas, el crecimiento de los casinos financieros, la terrible catástrofe climática, la guerra informativa imperialista contra las ideas de la humanidad… Cada uno de estos grandes dilemas necesitaba atención, pero debido a la guerra informativa de las instituciones imperialistas, no se abordaron adecuadamente. El papel de Castro era lograr que los que estábamos en lugares como la India fuéramos el altavoz de la humanidad, para plantear el tipo de cuestiones que necesitábamos decir.

La segunda vez que vi a Fidel Castro en una reunión internacional fue en 2001, durante el Congreso Mundial contra el Racismo en Durban (Sudáfrica). El pueblo sudafricano había derrocado el régimen del apartheid en 1994, con las cicatrices de esa terrible historia sin cicatrizar. Castro condenó sin tapujos el racismo y otras intolerancias, pero vinculó -en su estilo característico- la lacra del racismo a la actual crisis de la deuda. «Están las enormes e impagables deudas, los dispares términos de intercambio, los ruinosos precios de los productos básicos, la explosión demográfica, la globalización neoliberal y los cambios climáticos que producen largas sequías alternadas con lluvias e inundaciones cada vez más intensas. Se puede demostrar matemáticamente que esta situación es insostenible», dijo. Por ello y por la expoliación de la época colonial, Castro abogó por las reparaciones como un «deber moral con las víctimas del racismo», es decir, con las víctimas del colonialismo, la esclavitud y el genocidio.

Fidel CastroTodavía puedo oír su voz, una voz de gran claridad moral que el mundo escuchó desde su discurso en la sala de audiencias de 1953 («La historia me absolverá«) hasta su columna de 2016 en Granma («El incierto destino de la especie humana»).

Lo que definió la gran contribución internacional de Castro no es sólo su liderazgo de la Revolución Cubana, que fue considerable, sino su papel como el gran maestro para el Tercer Mundo de la terrible violencia del imperialismo y el capitalismo, que se manifestó en el hambre y la desolación ambiental, la guerra y las garras del beneficio. La voz de Castro era aguda, pero no era sólo su voz.

Era la voz del Tercer Mundo, una voz que comprobaba constantemente si no se alejaba del pulso de la esperanza. Cuando Fidel se dirigió a la inmensa multitud en La Habana en 1959, se dirigió a su camarada más cercano, Camilo Cienfuegos, y le preguntó: «¿Voy bien, Camilo?»; Camilo, que murió trágicamente en un accidente aéreo unos meses después, respondió: «Vas bien, Fidel». Vas bien, Fidel, tus palabras y tu legado son una sabiduría inspirada para nosotros.


 

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