La oposición argentina no pudo despegarse tanto del bolsonarismo

La derecha argentina se pronunció de forma disímil luego del intento desestabilizador en el país vecino. Si bien todos condenaron “la violencia”, la mayoría obvió lo que era evidente: la responsabilidad política de Bolsonaro en las desestabilizaciones.

La derecha argentina no pudo despegarse del todo de Jair Bolsonaro.

El proceso desestabilizador que está en marcha en Brasil tras los sucesos del pasado domingo 6 de enero, conmovió a todo el continente y puso en alerta a las dirigencias más importantes de América Latina e incluso de Norteamérica. El suceso, lejos de haber sido una obra espontánea, tuvo varios elementos que delatan que hubo una coordinación en la que aparece el expresidente Jair Bolsonaro. Y con él, sus aliados regionales e internacionales. 

En Argentina, el presidente Alberto Fernández en su carácter de presidente protempore del Mercosur y Celac, puso en alerta a todos sus pares y expresó su “apoyo inalterable” al presidente electo. Lo mismo hizo la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, que recordó lo que fue la toma del Capitolio en Estados Unidos, poco después que Donald Trump dejara la presidencia a principios de 2021. Por su parte los principales referentes de la oposición tuvieron reacciones disímiles frente al intento de golpe de Estado. 

El que más rápido reaccionó fue Horacio Rodríguez Larreta, que twitteó a las pocas horas de lo sucedido, expresando “preocupación por el asalto a las instituciones de la democracia en Brasil” y su solidaridad con Lula. Aunque evitó hablar de Golpe de Estado, condenó las “acciones violentas”. 

 

Distintas fueron las reacciones de “los halcones” encabezados por Patricia Bullrich y Mauricio Macri. La presidenta del PRO no condenó nada de lo sucedido en Brasil, sino que directamente acusó a Alberto Fernández por su pedido de juicio político a la Corte Suprema. “DEMÓCRATAS CON OTROS PAÍSES Y AUTORITARIOS AQUÍ”, comenzó el hilo de twitter. Además emparentó a los grupos vandálicos de Brasil con la represión desatada en 2017 durante la discusión por la reforma previsional frente al Congreso de la Nación.

 

Por las mismas horas, el expresidente Mauricio Macri se expresó en un sentido similar: “No debemos olvidar que el kirchnerismo que hoy se muestra conmocionado por los sucesos en Brasil es el mismo que en 2017 organizó, promovió y protagonizó el asalto violento al Congreso de la Nación Argentina”. 

La acción de no repudio explícito de los referentes del partido amarillo frente a los sucesos golpistas en el pais vecino, no son casuales. El intento de emparentar las movilizaciones con “las del kirchnerismo” y con la reciente denuncia a los miembros de la Corte Suprema, responde a la lógica de vincular lo antidemocrático con los adversarios políticos.

¿Y los radicales? En principio manifestaron su apoyo a Lula como presidente electo democráticamente y no titubearon en calificar de “intento golpista” a la intentona en Brasil.

Libertarios, también divididos

No quedaron ajenos a esta división los autodenominados libertarios, representados principalmente en Javier Milei y José Luis Espert. El primero compartió un comunicado del Foro de Madrid, del cual es firmante, en donde cuestionaron “la violencia en Brasil”, al tiempo que acusaron a las izquierdas del mundo (referenciadas en Gustavo Petro, Gabriel Boric, Pedro Sanchez y referentes que calificaron los hechos como Golpe de Estado) de ejercer una “doble vara”. “Si quieren defender la democracia en Brasil, entonces deben, en primer lugar, condenar con firmeza las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela”, dice el comunicado.

 

Distinta fue la expresión de José Luis Espert, quien condenó enérgicamente las desestabilizaciones a su manera (pidió “Carcel o bala” para los manifestantes bolsonaristas) e incluso calificó a Donald Trump y a Jair Bolsonaro de “antidemocráticos”.

Jair Bolsonaro supo encontrar en Mauricio Macri y Patricia Bullrich aliados regionales de afinidad ideológica. La derecha argentina hoy se encuentra en una encrucijada que se repite en varios lugares del mundo: extremar o moderar. 

La tendencia en el mundo está siendo “ir a fondo” y a cualquier precio con las reformas de corte neoliberal con métodos reaccionarios y violentos. Aunque el tiempo está demostrando que no son del todo efectivos a la hora de ganar elecciones (los casos de Trump y Bolsonaro son casos testigos de ello) sí han conseguido moldear estructuras políticas y sociales que quedan en cada país. 

Uno de los apoyos más contundentes que recibió Lula Da Silva luego de este intento de Golpe fue el del presidente norteamericano Joe Biden, que habrá visto en Brasil un espejo de lo sucedido durante su asunción en 2021, tal y como analizaba CFK.