¿Podemos empezar a discutir lo importante?  lo que busca Milei detrás de sus gritos y brotes

La era de la post verdad y el post-derecho que impulsa el gobierno nacional a partir de la negación constante de la realidad, así como de la obsesión por socavar la idea de “Justicia Social”.   Más allá del brote y la motosierra: por qué tanta apuesta de la apuesta de la extremaderecha en Milei. 

Que el presidente niegue lo innegable, lo que puede ser observado por todos,  no es estupidez. Es un plan.  Que se empecine con declarar, una y otra vez,  que la Justicia Social “es un robo”, no es sólo crueldad: es un libreto. 

Es difícil rechazar la idea de que el país “está bien”. No sólo a partir de los datos (que los hay y confirman esta realidad negativa), sino la percepción que cualquier laburante puede tener en su día a día. Sin embargo, para el oficialismo, la “Argentina está en marcha”,   “lo peor ya pasó” y sin dudas Milei representa “el mejor gobierno de la historia”.  Es decir, ya no importa la verdad. No es sólo exageración y marketing político, es una nueva forma de gobernar, basada en la confusión y la creación de una realidad alternativa. 

Milei no ha conseguido apoyo político de Donald Trump porque tiene el pelo largo, insulta en televisión y posa con una motosierra. Ya sabemos que Estados Unidos no se vuelca por cualquiera y en caso de hacerlo, siempre lo hace con intereses. Altos intereses.  El perfil “anarcocapitalista” es una apuesta tremenda para el proyecto que encarna Trump a nivel mundial: un sistema neoliberal que avance hacia la disolución de los Estados como los conocíamos, reduciéndolos a elementos de represión. 

El anarcocapitalismo al cual aspira Trump, en todo caso, tiene poco y nada de “anarquía”, en términos del arrojo de la clase trabajadora sobre las estructuras de poder,  y mucho de capitalismo. Pero esta vez, la apuesta es un capitalismo conducido por las corporaciones de la tecnología: Google, Microsoft, Meta, “X”, Amazon, etc. La foto de sus CEOS presenciando su asunción en enero del año pasado, lo dice todo. 

Ahora bien, volvamos a la Argentina: el discurso de Javier Milei durante la apertura de sesiones ordinarias del Congreso volvió a intentar machacar con este libreto escrito desde Washington.  No es sólo que Milei tenga un equilibrio emocional y mental en duda, sino que su constante confrontación -a los gritos- desde el recinto, desvía el eje y evita que los medios de comunicación hablen de lo importante. 

En todo caso, para defender su gestión, Milei se agarró de datos oficiales cada vez más teñidos de corrupción  -como la medición de la inflación y la pobreza del Indec-,  así como también de cifras y números, que más que aclarar, confunden.  De nuevo: la estrategia es desviar, mentir, sobreactuar y sobreabundar de palabras y datos que no dejan ninguna claridad. 

Se trata de la era de la “Post-verdad”, en su máxima expresión. Algo que para la especialista en política tecnológica Asma Mhalla, no se queda sólo ahí. El objetivo de la extrema derecha mundial  -encarnada en Trump y otras referencias, como el propio Milei-  también apunta a una era “post-derecho”, en donde la concepción de un Estado presente para regular la economía, regir en favor de los más vulnerables y la construcción de la Justicia Social (más que nada en la Argentina), sea abolida para siempre. 

Por eso Milei volvió “a las bases” en su discurso del pasado 1 de marzo y se centró más que nada en la denominada “batalla cultural”,  término que por cierto es acuñado al teórico marxista italiano, Antonio Gramsci. El gobierno libertario quiere socavar las ideas que rigieron a la sociedad argentina desde el 45 a la fecha:  un Estado presente que garantice la Salud y la Educación de forma gratuita, así como un sistema previsional estatal.  Por eso el ajuste no es sólo por una cuestión económica y para que las “cuentas cierren”. Es ideológico y tiene una intención política-cultural. 

Si este modelo de “post-derecho”  tiene éxito en la Argentina, será un faro para que el experimento se lance en todo el mundo. No es casual: se está aplicando en un país con una larga tradición pública-estatal, en donde los pilares que inauguró el peronismo sobre Soberanía política, Justicia Social e independencia económica rigieron por décadas. 

Por eso el préstamo de 20 mil millones de dólares desde la propia billetera del gobierno yanqui, es decir, el Tesoro de los Estados Unidos. Por eso el Fondo Monetario Internacional (FMI) le prestó otra cifra similar, a pesar de una deuda impagable que contrajo nuestro país a partir del gobierno de Mauricio Macri. 

Es cierto que pueden indignar las palabras lanzadas por Milei en el Congreso, teniendo en cuenta que -se supone- es el presidente de todos los argentinos. Pero no nos podemos quedar sólo en la indignación. Detrás de su accionar, hay un plan. 

La pregunta que podríamos hacer para salir de un estado de inmovilización es: ¿Cuál es el plan de quienes todavía representan las ideas de un Estado presente y de la Justicia Social? 

¿Debemos discutir solamente nombres o avanzar hacia una conformación de un modelo de país completamente distinto a este? 

La era de la post verdad y el post-derecho, ya empezó. Hay que dejar de esperar a “ver si aclara” y salir a galopar.