En la agenda cotidiana de la gente hay cuatro o cinco temas que se repiten como preocupación. El resto son más bien accidentes de la historia, que a veces se terminan colando como debates que rápidamente dejan de ser parte de la realidad popular.
Uno de ellos es la estabilidad económica del país, que a simple vista se traduce en la estabilidad laboral y también en cierto equilibrio de la inflación.
Otro es la seguridad en las calles. Un fenómeno que no es solamente preocupación de las clases medias, sino también de las clases más pobres.
Un tercer tema que significa mucho en la vida cotidiana de la gente trabajadora es la necesidad de un servicio del transporte público sin sobresaltos y una buena calidad de atención en otros sectores públicos, como la Salud y la Educación.
Por último, -a veces- la corrupción es un tema que cala hondo en la indignación del pueblo y que logra una sentencia definitiva para muchos gobiernos. Una percepción de la corrupción que se enfoca únicamente en la esfera pública y no tanto en la privada. Algo que por ahí tiene sentido si nos ponemos a pensar que a los políticos los elegimos, pero a los empresarios garcas, no.
Ahora bien, todo esto para decir que posiblemente el debate sobre la Reforma Laboral que está impulsando el gobierno de Javier Milei, puede terminar siendo uno de esos accidentes de la historia. Es decir, un tema que podría entrar en la agenda de la preocupación de las mayorías, sin que el gobierno lo haya previsto.
¿Por qué? Bueno, porque en un gran resumen el proyecto de “Modernización Laboral”, podemos advertir que plantea:
*Eliminar las indemnizaciones por despido como las conocíamos hasta ahora
*Limitar el derecho a huelga de los sindicatos
*Flexibilizar aún más el trabajo y habilitar a jornadas laborales de hasta 12 horas
*Limitar el derecho al descanso en el verano

La reforma que plantea el gobierno libertario tiene otros puntos polémicos -como la modificación de convenios laborales- pero estos podrían ser los más sensibles. Y los que terminen filtrándose en la sensibilidad e indignación del pueblo laburante.
¿Podría convertirse la reforma laboral, entonces, en una especie de boomerang que empiece a torcer un poco el destino y traiga un poquito más de rebeldía en el país?
Debería ser al menos -y casi por obligación- un deber de resistencia para la CGT y la mayoría de los sindicatos.
Ojo.. el proyecto tiene muchas chances de ser aprobado en el Congreso. Pero a veces, este tipo de reformas necesitan terminar de ser aplicadas para conocer si efectivamente se dan con armonía.
O con el rechazo de los y las trabajadoras.















