Por Julián Inzaugarat
Foto: The Canberra Times

La disputa electoral en Estados Unidos generó interés a nivel mundial. Por un lado, por el interminable conteo de votos que extendió más de la cuenta el anuncio de un ganador. Por otro, porque se elegía al presidente de la una de las economías más importantes del mundo, que en definitiva afecta las relaciones internacionales de todos los países.

Lo que en las últimas semanas parecía un resultado ampliamente favorable para Biden, no lo fue. El candidato demócrata tuvo que esperar varios días para cantar victoria. Los demócratas han perdido lugares en la Cámara de Representantes y no hay avances en el posible control del Senado. La correlación de fuerzas en el Congreso dependerá de elecciones no resueltas aún en algunos Estados. La era Trump, que allanó el terreno al avance de las derechas neofascistas a nivel regional y mundial, abre paso a la era Biden.

La primacía de Estados Unidos en debate

La llegada de Biden a la Casa Blanca encierra una serie de desafíos. Los cuatro años de la administración de Trump arrojan como resultado la destrucción de las bases más elementales del decoro bilateral con varios países, el atropello orquestado a los derechos humanos de migrantes, la resistencia a la cooperación internacional, la violación en los asuntos internos de Venezuela y Bolivia, el constante ataque a Irán con la ruptura del acuerdo nuclear, la devastación medioambiental y el auge de China y México como chivo expiatorio internacional.

Ante esta desastrosa gestión internacional, puede que Biden no necesite mucho para mejorar el ánimo del mundo con los Estados Unidos.

Claudia De la Cruz, directora de Cultura The People’s Forum analizó la posible nueva postura exterior del gobierno de Biden: “Muchos aspectos de la política exterior y de seguridad probablemente continuarán en su trayectoria actual, aunque con un estilo diferente. Biden y Harris son una cara más amigable y diplomática dentro de La Casa Blanca pero continúan siendo los guardianes del capitalismo e imperialismo”.

La relación entre China y EE.UU como países hegemónicos podría tener un nuevo capítulo. Las disputas sobre el comercio, el Mar de China Meridional, Hong Kong, Taiwán y la tecnología han atravesado todo el mandato de Trump. Y a eso se sumó el discurso racista del ex presidente respecto a que China ha infectado al mundo con el coronavirus.

En ese sentido, De la Cruz explicó “Biden ha señalado que tiene la intención de adoptar una postura relativamente dura sobre China. En su último debate contra Trump lo reafirmó. Esto incluirá reclamos de territorialidad, desequilibrio de comercio y tarifas, robo de propiedad intelectual y conflictos en ciberseguridad”.

Existen grandes expectativas de que EE. UU. recupere su liderazgo en organismos internacionales, en espacios como la OCDE y la OTAN, para desde ahí disputar la hegemonía de China. En ese sentido, se espera que existan relaciones de menor confrontación directa con China, que no implican la anulación de la competencia.

Otro de los principales desafíos de Biden será revertir la política de Trump con respecto a Irán.  El republicano canceló el acuerdo nuclear de 2015 y lo sustituyó por el endurecimiento de las sanciones que han causado un profundo daño económico en Irán. El mandatario electo manifestó su intención de adherirse al acuerdo, que restringe la capacidad nuclear de Irán si Teherán accede a sus disposiciones.

Si de política exterior hablamos no podemos dejar de mencionar a Rusia. Lo que probablemente se de es un cambio de figurita en los adversarios de la Casa Blanca. Biden ha afirmado durante mucho tiempo que adoptaría una línea mucho más severa con Rusia que Trump. De hecho Biden, como vicepresidente de Obama, impulsó las sanciones contra Rusia por su anexión de la península de Crimea de Ucrania en 2014.

Es probable que las tensiones con Putin aumenten, aunque ambos presidentes comparten la predisposición a firmar un tratado de reducción de armas estratégicas. El Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START I por su sigla en inglés) de 2010 está a punto de expirar, por lo que Biden ha dicho que quiere negociar una prórroga del tratado sin condiciones previas.

La intención de EE. UU. es recuperar su liderazgo en organismos internacionales. Para ello se espera que Biden revierta muchas de las medidas aislacionistas y antiinmigrantes adoptadas durante el gobierno Trump. Dos políticas concretas que podrían darse en el corto plazo es la adhesión al Acuerdo de París sobre el clima para limitar el calentamiento global, y la restructuración de la pertenencia de los Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud.

“Debido al mal manejo de la crisis sanitaria, la negligencia de Trump y el número de casos y muertes en EEUU Biden restablecerá de seguro la relación con la Organización Mundial de la Salud y otras entidades de las Naciones Unidas. No hay garantía de que su administración asuma un plan que contenga el virus. También buscará restablecer relaciones con grupos regionales como la Organización de Estados Americanos y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático; y la OTAN” manifestó De la Cruz.

Biden y América Latina

Sin bien no se puede esperar un cambio de estrategia en la política que Estados Unidos viene desplegando en América Latina, la derrota de Trump significa un debilitamiento a las ideas ultraconservadoras y de derecha que representa el líder republicano.

La política exterior de EE. UU. para América Latina cambiará su caparazón pero no su espíritu. Con Biden a la cabeza, y una fuerte avanzada de los gobiernos progresistas,  EE.UU estaría dispuesta a negociar, pero nunca a ceder su primacía en el “patio trasero”. La derrota de Trump contribuye a mitigar la influencia que el trumpismo estadounidense ha tenido en América Latina y el Caribe, donde algunos liderazgos políticos conservadores han perdido a su principal referente simbólico.

El principal desafío de EE.UU será frenar el avance de China en la economía y sector financiero de la región. Ya sin un discurso de enfrentamiento, la carta que jugará la administración de Biden será la de la competencia.

Es cada vez mayor la presencia de China en el Caribe. Los préstamos de bajo interés del gobierno chino suman más de 6.000 millones de dólares en 15 años y que han financiado grandes proyectos de infraestructura en todo el Caribe. Entre 2002 y 2019, el comercio entre China y el Caribe se multiplicó por ocho.

La región cobra importancia estratégica a partir de ser considerada por China como centro de logística, banca y comercio. Esto a pesaar de que los mercados del Caribe son por lo general pequeños y la mayoría de los países carecen de las considerables reservas de minerales y otras materias primas que a menudo llaman la atención de China.

Para frenar el avance chino, desde el norte buscan reforzar los organismos y vías de financiamiento de asistencia para el desarrollo por la vía bilateral y multilateral.

Los dos países centrales con los que Estados Unidos disputa fuertemente durante las últimas décadas son Cuba y Venezuela. Con el país caribeño, Biden tratará de recuperar la política de Obama, eliminando las restricciones impuestas por Trump a las remesas y los viajes, así como la restauración del Programa de Reunificación Familiar Cubano (CFRP).

Con respecto a Venezuela, el compromiso será destituir a Nicolás Maduro a través de una “presión inteligente”.  Allí, De la Cruz expresó “Biden ejercerá una presión económica y diplomática sobre Venezuela. Biden no ha hablado sobre revertir las políticas Trumpistas hacia Cuba, aunque podría ser posible regresar a las políticas de Obama”. Con respecto a la República Bolivariana, la primera demostración de su política exterior se visibilizará con la elección legislativa que tendrá lugar el próximo 6 de diciembre.

Fuentes: CELAG, Informe postelectoral: Biden, expectativa y realidad