Hace más de dos años que nos gobierna la violencia. Una agresión que comienza desde los detalles más visibles como un presidente que grita o se enoja en cada conferencia o entrevista (que da a sus medios amigos, por supuesto). Un atentado a la paz social que se expresa cuando ese mismo presidente insulta sin frenos en sus redes sociales, amenaza públicamente a dirigentes de la oposición, o incluso comete delitos, como promocionar una moneda virtual que -finalmente- terminó en una estafa a nivel mundial.
Ni hablar de las reiteradas represiones que se dieron, casi con saña y placer, a los jubilados de cada miércoles.
Pero este gobierno no sólo desata violencia desde la palabra y desde el uso de la fuerza. Hay una violencia peor y es la violencia económica. En estos dos años y medio, el ajuste cayó, una y otra vez, en los sectores más humildes y débiles de la sociedad. Estamos hablando de un ajuste nunca antes visto en la historia en programas sociales, en pensiones para discapacitados, en jubilaciones, en la salud pública y en la educación pública. También en obras, despidos en el Estado, en ciencia y tecnología, en presupuesto para políticas ambientales, de género o Derechos Humanos.
Esto es violencia. Es un ajuste claramente direccionado hacia la clase trabajadora, hacia el pueblo. Mientras que los únicos sectores que ganaron con Milei fueron el agronegocio, los bancos y el sector financiero. Es decir, los ricos.
Ayer, miles y miles de personas salieron a las calles -por cuarta vez desde que asumió este gobierno- para reclamar fondos para la Universidad Pública, que se encuentra en un estado terminal. También fue un reclamo para la Corte Suprema de Justicia, porque el Congreso de la Nación ya aprobó la Ley de Financiamiento Universitario y el gobierno sencillamente no la cumple. ¿Democracia?
Ahora bien, ¿Cuál fue la respuesta del gobierno? Sí, otra vez: violencia.
No reprimió en las calles, pero antes de la movilización que reunió a más de un millón de personas en todo el país, Milei publicó un nuevo Decreto en donde figuraba otro ajuste fiscal por más de 2 billones de pesos. Una verdadera provocación. Claro, se trata de un ajuste fiscal hacia la educación, la ciencia, la cultura, la salud, etc, etc. Un ajuste contra nosotros, como ya hemos visto…

La violencia también se dio en catalogar a la marcha de “política”, para deslegitimar el reclamo (como si alguna marcha no fuese política, además).
Y la violencia también se da cuando la gente -que no llega a fin de mes pese a que el INDEC le dice que no hay inflación y que todo está pum para arriba- ve a personajes nefastos como el jefe de Gabinete Manuel Adorni, que se enriqueció pornográficamente de la noche a la mañana y todavía debe dar explicaciones en la justicia.
De hecho, ayer los docentes calculaban que para ganar lo que Adorni gastó en departamentos, casas de lujos y viajes con su magro sueldo universitario, deberían trabajar más de 334 años. Un chiste. Pero un chiste violento.
Entonces, para terminar: Es hora de empezar a catalogar a este gobierno de anti-democrático. De violento. De corrupto. Y hay que empezar a salir mucho más a la calle.
Ya sabemos de nuestra historia marcada por golpes militares y reconocemos que la democracia nos costó demasiada sangre. Pero eso no significa que tengamos que soportar una democracia visiblemente pobre, agresiva contra el pueblo y sin capacidad para crear futuro. Tenemos que reconocer que así la democracia no garantiza derechos y básicamente no cumple su función real.
Milei tenía razón en una sola cosa: en este país existe una “casta”. Pero no es sólo política. También es judicial y empresarial.
Hoy esa casta, ese poder atornillado en sus privilegios, está gobernando a su favor y por lo tanto, en contra de la gente. Así de sencillo. No le demos más vuelta.
No podemos negarlo: la movilización y la lucha se vuelven vitales. Siempre lo fueron para nuestro país y para nuestra historia, pero hoy es casi un deber patriótico.















